Ayudemos a los refugiados
 
-- Las víctimas de la guerra son sobre todo gente de pueblo.

A pesar de la oposición de la comunidad internacional, Estados Unidos y Gran Bretaña lanzaron la guerra en la llanura de Mesopotamia, bien conocida por su milenaria civilización.

El destino del pueblo iraquí preocupa hoy a las personas en cualquier rincón del planeta. De cara a una guerra que se hace cada día más encarnizada, muchos temen un desastre humanitario. Según fuentes oficiales iraníes, ya hay miles de refugiados iraquíes en la frontera entre Irán e Irak, y se espera que el número alcance los 250.000.

La Comisión de la ONU para Refugiados pronosticó que la guerra contra Irak produciría al menos un millón de refugiados, cerca de la mitad de la cifra calculada por la Casa Blanca. La guerra conduce inevitablemente al desastre, y sus víctimas se encuentran entre la gente común. La guerra no sólo mata y lesiona a civiles inocentes, sino que también es causa de una enorme cantidad de refugiados. Huyendo del desastre de la guerra, la gente abandona sus hogares y escapa a tierras extranjeras, sufriendo a menudo de hambre y frío, o se apiña de modo lamentable en campos para refugiados. Solamente en sueños pueden volver a sus hogares.

Dado que Irak comparte fronteras con varios países, la cuestión de los refugiados iraquíes se complica aún más. La Guerra del Golfo de 1991 sirve de lección a los países vecinos en el sentido de que la oleada de refugiados probablemente constituirá una gran presión económica y social para ellos, e incluso afectará su estabilidad y desarrollo. Algunos vecinos de Irak han intentado evitar el impacto de la oleada de refugiados. Según fuentes de algunos medios informativos, Jordania ha cerrado su frontera con Irak para limitar la afluencia de refugiados. Irán, enemigo de Bagdad por largo tiempo, está naturalmente poco dispuesto a aceptar refugiados. Turquía, vecina del norte, que recibió a 500.000 refugiados iraquíes durante la guerra de 1991 con gran coste económico, está ayudando sólo de una manera muy sutil a los desplazados. Turquía siente asimismo aprensión por la eventual salida masiva de kurdos iraquíes hacia su territorio, por lo que se muestra naturalmente más renuente a abrir sus puertas. Pero sea como fuere, las preocupaciones humanitarias han impulsado a estos países a ayudar cada uno a su modo a los refugiados iraquíes.

Haciéndose eco de las preocupaciones mundiales por la tragedia que se avecina, el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, se lamentó que no se haya podido evitar la tercera guerra que sufre el pueblo iraquí en 25 años, a pesar de los ingentes esfuerzos de la ONU. Indicó reiteradamente que la ONU no escatimaría esfuerzos para brindar ayuda humanitaria al pueblo iraquí. El Alto Comisario de la ONU para Refugiados, Ruud Lubbers, indicó que el organismo mundial está listo para aceptar a 400.000 desplazados. Llamó asimismo a los vecinos de Irak a recibirlos. De acuerdo con la ONU, sus agencias de socorro pondrán en vigor su mayor programa de ayuda financiera unilateral de la historia, e intentan conseguir mil millones de dólares para el pueblo iraquí. El ministro noruego Kjell Magre Bondevik también indicó que Noruega está considerando proporcionar 21 millones de euros en ayuda humanitaria a los refugiados de Irak. Finlandia, por su parte, anunció que su gobierno ha decidido otorgar 1,6 millones de euros en ayuda humanitaria a las víctimas de la guerra.

El Gobierno chino también se ha sensibilizado con la crisis de refugiados. El recién electo Presidente Hu Jintao se solidarizó con los problemas del pueblo iraquí y dio a conocer la decisión de China de proporcionar ayuda humanitaria. El también flamante ministro de Relaciones Exteriores, Li Zhaoxing, indicó que China ha comenzado los envíos de ayuda humanitaria a los refugiados iraquíes, mediante la entrega a Jordania de tiendas de campaña.

La guerra es un atentado a la aspiración del ser humano de vivir en paz. Hoy, cuando la humanidad entra en el siglo XXI, se mantienen vigentes el desastre y trauma que acompañan a las guerras, a pesar de que las mismas debieron quedar sólo como amargas lecciones de un pasado bélico. Se impone por ello evitar que los conflictos internacionales, siempre que exista al menos un destello de esperanza para la solución política, lleguen a convertirse en guerras.