La disputada reconstrucción de Irak
 

-- Dedicado de lleno a sus afanes por apuntalar un gobierno pro Washington en Irak, EE.UU. podría quedar empantanado en un maremagno de conflictos regionales e internacionales.

por ZHOU BIAN

Cuando las batallas por Irak ni siquiera rebasaban las mesas de los estrategas, su reconstrucción de posguerra ya constituía centro de atención de la comunidad internacional. Ahora que la guerra entra en su etapa final, las potencias mundiales ponen el énfasis en discutir temas relativos a la reconstrucción del país de Asia Menor.

De hecho, el Gobierno de EE.UU. ya dispone de un plan de tres etapas: Primero, establecer el dominio militar estadounidense en cuanto concluyan las hostilidades; segundo, organizar una autoridad interina integrada por iraquíes de dentro y fuera de Irak y, finalmente, establecer una administración de coalición iraquí permanente que sea favorable a los designios de la Casa Blanca, además de financiar la recuperación económica de Irak ante todo con los ingresos procedentes del petróleo local. Estos planes se dirigen a consolidar la victoria castrense estadounidense y a establecer una "democracia árabe verdadera" que se erija en símbolo de éxito auspiciado por EE.UU. Con tal amigo en la región, EE.UU. podría continuar su despliegue estratégico en el Oriente Medio, transformando la estructura regional a sus anchas. Sin embargo, los expertos dicen que EE.UU. podría estar yendo demasiado lejos en sus ambiciones de establecer un gobierno pro-estadounidense en Bagdad, y que no debe descartar la posibilidad de quedar envuelto en conflictos regionales que alimentarían aún más el sentimiento anti-EE.UU.

Papel de la ONU en la reconstrucción

Hay numerosas señales que apuntan al establecimiento del control castrense de Washington en Irak y a su dominio en lo que respecta a la reconstrucción del país ocupado tras la caída del gobierno de Sadam Husein, a lo que se han opuesto sus aliados europeos, incluyendo a Gran Bretaña. El 8 de abril, en la tercera cumbre sobre la guerra, George W. Bush y Tony Blair apoyaron el "papel vital" de la ONU, en un intento por apaciguar las amplias suspicacias generadas por los motivos de EE.UU. Sin embargo, con respecto al "papel vital", Bush sólo mencionó el trabajo humanitario, "sugiriendo" las personas que podrían llenar puestos en la autoridad interina y ayudar al "progreso" de Irak, en lugar de explicar a las claras cuánto poder podrá desplegar la ONU, omisión que probablemente haya alarmado a sus aliados europeos y al mundo árabe.

Según la Carta de la ONU y el derecho internacional, la entidad mundial debe desempeñar un papel principal en la reconstrucción de Irak, lo cual conduce a la paz regional y la estabilidad mundial, al decir de Yin Chengde, director ejecutivo de la revista Estudios Internacionales. Sin embargo, como vencedor de la guerra, EE.UU. tiene todas las probabilidades de quedarse dominando la reconstrucción iraquí posbélica. Pero todavía tiene opciones, asevera Yin. Washington podría buscar la autorización de la ONU para gobernar militarmente en Irak e internacionalizar el personal militar de la administración, u organizar una administración militar con todo el personal seleccionado en EE.UU. Una administración con apoyo de la ONU sería más aceptable al pueblo iraquí, pero dado que EE.UU. no consiguió la autorización de la ONU para desatar el conflicto, lo más probable es que la administración castrense de Irak quede totalmente calzada por EE.UU., añade Yin.

No se puede pasar por alto tampoco la posibilidad de que los iraquíes, que en su mayoría han sufrido una década de guerras y sanciones económicas promovidas e impuestas por EE.UU., den rienda suelta a su ira, se rebelen bajo la dominación militar liderada por EE.UU. y se lancen a protagonizar ataques terroristas contra el personal del gobierno y las fuerzas aliadas de ocupación, conduciendo a conflictos sangrientos. Si EE.UU. responde con la fuerza a tales ataques, el sentimiento antiestadounidense se reforzará en el mundo árabe, dando por resultado una escalada de acciones terroristas. Tal situación empañaría el objetivo estratégico de Washington al lanzar la guerra. Por lo que no se debe olvidar además que EE.UU. libra la guerra contra Irak para disminuir el sentimiento antiestaounidense en el Oriente Medio, haciendo de Irak un emporio regional de prosperidad, afirma Chu Shulong, director del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad Tsinghua. Tal objetivo no es difícil desde la perspectiva de EE.UU., considera Chu, convencido de que Irak es rico en recursos, tradición democrática histórica y población educada. Sin embargo, Washington podría estar subestimando la percepción iraquí hacia la invasión militar de su país.

Recompensas de los kurdos

Los kurdos constituyen más del 20% de la población iraquí, que tiene sólidos lazos con los kurdos en Turquía, Irán y Siria. La lucha de esta minoría por la separación y la independencia ha sido por mucho tiempo preocupación profunda de la comunidad internacional.

Excluidos de la base del poder político iraquí y perseguidos por décadas, los kurdos iraquíes alimentan viejos odios contra la autoridad de Sadam Husein y son por ende un aliado natural de EE.UU. en la guerra de Irak. ¿Pero, podrá el atacante recompensar debidamente a los kurdos tras la guerra, permitiéndoles alcanzar la independencia?

Encarado a una comunidad internacional, incluyendo el mundo árabe, que aboga por la integridad del territorio de Irak, EE.UU. no puede darse el lujo de permitir la independencia total de los kurdos, acota Yin Chengde. Sí les concedería, empero, un alto grado de autonomía y colocaría a líderes kurdos en puestos importantes del futuro gobierno de coalición, agrega.

Si los kurdos alcanzan un alto grado de autonomía y detentan notable influencia en el futuro gobierno de coalición, los kurdos responderían probablemente envidiando a sus iguales iraquíes, dice Yin. Con todo, la lucha kurda por una mayor cuota de poder político equivaldría a arrojar vinagre en las llagas del separatismo kurdo que sufren los gobiernos de Turquía e Irán, donde se asientan grandes bolsones de esta etnia. Una vez que se inflamen los conflicto, sólo queda esperar que corra la sangre a borbotones por los choques entre los kurdos étnicos y los turcos e iraníes, situación que depararía a EE.UU. el papel inevitable de provocador.

Lista negra internacional

Recientemente, EE.UU. se opuso a que aquellos países opuestos a la guerra participen en la reconstrucción de Irak. Francia es la primera en la lista negra. EE.UU. ha comenzado ya a dividir los despojos del país atacado, concediendo a tres compañías norteamericanas contratos para la reconstrucción. El Centro Arabe de Investigaciones sobre Petróleo estimó que la reconstrucción de la industria del petróleo de Irak requiere de una entrada superior a los $21.000 millones. Expertos en energía de EE.UU. anticiparon que se necesitarán al menos $5.000 millones para hacer que la producción petrolera se recupere al nivel de 1989, además de $20.000 millones para reconectar la electricidad, una infraestructura vital necesaria para dicha producción. Ésta es una buena noticia para las compañías norteamericanas. La Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional ha enviado en secreto "pedidos detallados de licitación" a por lo menos cinco firmas de infraestructura ingeniera de EE.UU. Todas han sometido ofertas o se están preparando para hacerlo.

Si EE.UU. insiste en poner en lista negra a los países opuestos a la conflagración, especialmente a Francia y Alemania, se pueden profundizar el actual cisma entre Europa occidental y EE.UU., afectando así en buena medida las relaciones aliadas. Por otra parte, al compartir las jugosas oportunidades de negocios, pueden aflorar asimismo contradicciones entre EE.UU. y Gran Bretaña, lo que pondría a prueba la amistad entre ambas.

Actualmente, las diferencias entre EE.UU. y algunos países de Europa occidental han afectado su comercio bilateral. Se informa que los productos estadounidenses están siendo boicoteados en algunos países europeos. Sin embargo, EE.UU. podría optar por hacer uso de las oportunidades de negocios que se perfilan en la reconstrucción iraquí como señuelo que calme las angustias de sus actuales oponentes, que aceptarían el control de Washington sobre Irak, poniendo así final a los actuales conflictos, en opinión de Yin Chende. Es probable que los estadounidenses otorguen algunas oportunidades a Francia y Alemania, pero éstas serían limitadas y menos provechosas que las dispensadas a los partidarios de la guerra, pronostica Yin. Así las cosas, los diferendos sobre la reconstrucción de Irak entre EE.UU. y los países de Europa occidental continuarían, e incluso se agravarían, agrega.

¿Superproducción de petróleo iraquí?

Se espera que la reconstrucción cueste cientos de miles de millones de dólares estadounidenses, lo cual no parece quitar el sueño a los estrategas de la Casa Blanca, pues creen que las amplias reservas petroleras de Irak serán fuente segura de financiamiento. Los ingresos por venta del crudo servirían para pagar los alimentos y otras importaciones necesarias, así como para reconstruir el país, pagar sus deudas gigantescas y enfrentar las reparaciones de la guerra. Con este proceder, crecería la producción petrolífera de Irak, lo cual traería aparejada la caída de los precios mundiales del petróleo, amenazando los intereses de los países exportadores, incluyendo a Arabia Saudita, uno de los aliados más favorecidos de Washington en el Oriente Medio.

¿Cabe esperar entonces que EE.UU. eleve el nivel normal de producción petrolífera para cubrir las reparaciones y la reconstrucción de posguerra? Ésta es una preocupación profunda entre otros países exportadores de petróleo. Los precios del crudo bajarían probablemente hasta cierto punto, pero muy lejos de amenazar los intereses de otros exportadores de dicho rubro, estima Yin. Además de los ingresos del petróleo, Irak también recibiría cantidades enormes de ayuda de la comunidad internacional y de EE.UU. para cubrir los costes de la reconstrucción. Por otra parte, en un Irak regido por personeros estadounidenses, indica el experto, habría que renegociar las deudas bilaterales.

Los conflictos entre las economías desarrolladas y las economías en desarrollo que confían en sus exportaciones son una constante, recuerda Chu Shulong, por lo que cabe esperar en la época posbélica los acostumbrados enfrentamientos que fructifican a la sombra de la lucha de precios del petróleo.