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Para promover la integración económica regional,
Japón debe transferir el capital y la tecnología a
la parte continental de China, mientras que ésta debe considerar
otorgamiento de más privilegio a los inversionistas japoneses.
Por Wang Jian
(El autor trabaja en la Sociedad de Macroeconomía de
China)
En
la década de los 90, el volumen comercial internacional de
Japón, la República de Corea, la parte continental
de China, Hong Kong y Taiwan aumentó en cerca de un billón
de dólares, de los cuales casi el 50% correspondieron al
comercio regional. Las exportaciones dentro de la región
aumentaron en 2,4 veces, las exportaciones a los países del
sudeste de Asia crecieron en 2,2 veces, y las exportaciones a Estados
Unidos se incrementaron en 1,7 veces. Durante el mismo período
de tiempo, las exportaciones de la parte continental de China a
Estados Unidos aumentaron en 11 veces; las exportaciones de Hong
Kong a EE.UU., en 2,1 veces; y las exportaciones de Japón,
la República de Corea y Taiwan a Estados Unidos se incrementaron
en menos de 1,4 veces, lo que representó una reducción
notable en comparación con la década de los 80.
Lo cierto es que China se convirtió en el centro regional
de transferencia de gran envergadura de tecnologías y canales
comerciales. Es decir, Japón, Hong Kong, la República
de Corea y Taiwan trasladaron su sector manufacturero a China y
al mismo tiempo transfirieron su superávit comercial con
Estados Unidos a China, dejando al denominado imperio del centro
con una gran cantidad de superávit comercial con respecto
a EE.UU.
Se vislumbra un progreso en la tendencia a la integración
económica regional alrededor de China, siguiendo las pautas
del desarrollo de la Unión Europea (UE). La fuerte demanda
de los países de la UE por la reunificación de las
economías y las monedas es el resultado de su comercio regional
cerrado. El comercio regional de Asia oriental aumentó a
una tasa más alta que la de los países de la UE en
los años 90, por eso los de esta zona también demandan
enérgicamente la integración económica. La
diferencia es que la UE tiene muchos países poderosos, y
siempre es difícil que éstos lleguen a un consenso.
En este sentido, la integración económica de Asia
oriental sería menos difícil y más rápida.
Una vez que se inicie la integración económica en
Asia oriental, podría considerarse su integración
con los países del sudeste de Asia.
Se dice que el mayor obstáculo para la integración
económica en Asia oriental es la gran brecha política
entre China y Japón. Sin embargo, los grupos de intereses
internacionales nunca se crean por razones políticas. La
economía nipona está actualmente sobrecargada de préstamos
bancarios improductivos, que se presentaron después del estallido
de las burbujas económicas en los años 90. Diez años
de decadencia económica en Japón han sido consecuencia
de su sistema bancario, y no de los problemas de su industria manufacturera.
Durante mucho tiempo, el Gobierno japonés ha intentado promover
exportaciones desinflando los yenes, con miras a eliminar los préstamos
fallidos de sus bancos, pero no ha logrado resolver el problema
de manera efectiva.
La
elevación de la tasa de cambio del yen podía atraer
el capital internacional a su bolsa de valores y aumentar el precio
de los activos en yenes, y de esta manera se eliminarían
las malas deudas de su sistema bancario. El Gobierno japonés
sabe esto, pero también sabe que no llegará el capital
estadounidense, pues los problemas de las bolsas japonesas son realmente
el resultado de la inflación que estranguló al yen
bajo presión de EE.UU. en 1985. Ni tampoco llegan otros capitales
europeos, porque se absorben en su propia integración económica.
Actualmente, solamente el banco central de Japón compra las
acciones de las compañías y los bancos domésticos,
lo cual tampoco constituye solución radical.
Los bancos estatales chinos también han estado preocupados
por sus préstamos improductivos, pero han acudido a una "solución
de incremento" para liberarse del problema. Según estadísticas,
la proporción de los malos acreedores en los bancos estatales
llegó al 40%, pero la misma ha disminuido a una tasa anual
de 4 a 5 puntos porcentuales en los últimos años,
y ahora es de menos del 25%. Tal logro se debe a los dos factores
siguientes: El desarrollo económico de China mantuvo un crecimiento
rápido, y los bancos chinos aumentaron en gran medida sus
préstamos a las empresas de propiedad no estatal. Al disminuir
la cantidad de préstamos impagables con la participación
de las empresas no estatales, y dado que los nuevos préstamos
tienen buen comportamiento, los bancos domésticos han sacudido
gradualmente sus deudas malas. Esta puede ser una solución
a la que Japón puede recurrir para encontrar una salida a
su crisis bancaria.
La integración económica de Asia oriental debe comenzar
con la unificación de la moneda, es decir, establecer el
"Yuan de Asia oriental", e instalar un sistema de compartimento
de capital de gran envergadura en la región. Para alcanzar
esta meta, Japón debe promover la transferencia del capital
y la tecnología a la parte continental de China, mientras
que ésta debe considerar la posibilidad de dar mayor prioridad
a los inversionistas japoneses para que coticen en el mercado de
capital unificado de la región, lo cual podría ayudar
a Japón a liberarse de su crisis financiera.
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