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-- La guerra contra Irak ha desatado un debate global sobre
el orden mundial y trae aparejada una interrogante: ¿quedarán
los asuntos mundiales en el siglo XXI sujetos a las decisiones de
EE.UU., o dependerán de la negociación política
en el marco de la ONU?
Por Zhou Bian
La guerra de Irak se emprendió al precio de desconocer la
autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU, para alarma de la
comunidad internacional, que mantiene una discusión global
al respecto. ¿Acaso constituye este hecho una señal
de cambio en el orden mundial imperante? Algunos creen que dicho
orden ha sido quebrantado de hecho, y que EE.UU. establecerá
un nuevo orden unilateral que le permita atacar a voluntad a quienes
se pronuncien contra su hegemonía. Los expertos chinos han
comenzado a discutir este tema.
Wang Jian (Sociedad China de Macroeconomía):
EE.UU. y Gran Bretaña lanzaron la guerra contra Irak abandonando
a la ONU, lo que constituye un retroceso de la política internacional.
Desde la fundación de la ONU, al final de la Segunda Guerra
Mundial, todos los países, sin importar si eran grandes o
pequeños, fuertes o débiles, podían protegerse
con la negociación política dentro del marco de la
ONU. Antes de la fundación de la entidad mundial, los países
pequeños y débiles tenían que buscar alianzas
con potencias importantes para protegerse. Sin embargo, la guerra
contra Irak sin la autorización de la ONU puso a un lado
el mecanismo internacional de negociación vigente por espacio
de 60 años, lo que podría iniciar otra era de alianzas
militares.
La
estructura bipolar del mundo se derrumbó con la desaparición
de la Unión Soviética, lo que dejó a EE.UU.
como única superpotencia. El establecimiento de la Unión
Europea (UE) y el nacimiento del euro son en apariencia medidas
de los países europeos económicamente fuertes para
desafiar la hegemonía monetaria de EE.UU.
Aunque los años 90 fueron testigos del acelerado desarrollo
económico de EE.UU., la burbuja de la ' nueva economía
' estalló en abril de 2000. Desde entonces, el capital internacional
ha fluido hacia la UE, amenazando la seguridad del sistema monetario
mundial dominado por el dólar estadounidense. En mi opinión,
la guerra contra Irak se dirige a minar la seguridad económica
y monetaria europea. La nueva guerra del Golfo ha estado calzada
por intereses económicos, a diferencia de las guerras contra
Corea y Vietnam. El conflicto entre EE.UU. y la UE por defender
sus respectivos intereses monetarios es la causa subyacente de esta
guerra. Es alrededor de esta guerra que EE.UU. y Gran Bretaña
han forjado una nueva alianza, mientras que Alemania, Francia y
Rusia se juntan para oponerse a la acción militar que amenazará
sus intereses económicos comunes. El conflicto de intereses
económicos entre los dos grupos, que no podrían solucionarse
con el mecanismo de negociación de la ONU, continuará
afectando el actual orden mundial.
Ye Zicheng (profesor del Instituto de Relaciones Internacionales
de la Universidad de Pekín):
Más que el establecimiento de un orden unilateral, la guerra
contra Irak anticipa realmente la formación de doble orden
internacional que bien podría poner de cabeza a la comunidad
internacional. Es decir, podrían aparecer dos órdenes
mundiales mutuamente contradictorios. Uno sería el orden
internacional actual, la otra es el orden que están trazando
las fuerzas radicales de EE.UU., que tomaron los ataques terroristas
del 11 de septiembre como excusa para lanzar las guerras contra
Afganistán e Irak, con vistas a imponer gradualmente su ambición
hegemónica. EE.UU. se ha convertido por partes iguales en
la salvaguardia y la subversión del actual orden mundial,
como paradoja de una superpotencia ambiciosa que apunta a establecer
una Paz Americana.
El
actual orden mundial se sustenta sobre tres pilares. Uno es el derecho
internacional y los principios que rigen las relaciones internacionales,
incluyendo la igualdad entre los países soberanos, la integridad
territorial y la independencia política, la no-interferencia
en los asuntos internos, y la solución pacífica de
los conflictos, en lugar de recurrir a la fuerza, o amenazar con
el uso de la fuerza, a fin de evitar invasiones y salvaguardar la
seguridad colectiva. El segundo pilar es el orden político
y económico internacional, a saber, la solución de
conflictos políticos y económicos mediante la ONU
y la Organización Mundial del Comercio (OMC). El tercero
es el mecanismo internacional de negociación, que incluye
los derechos al veto de los cinco miembros permanentes del Consejo
de Seguridad de la ONU.
Lo cierto es que EE.UU. desempeñó un papel de peso
en el establecimiento del actual orden. La ONU fue establecida por
demanda de los propios EE.UU. La OMC se desarrolló a partir
del Acuerdo General de Aranceles y Comercio, en el cual EE.UU. llevaba
la voz cantante. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco
Mundial también son dominados por EE.UU. Aunque el Consejo
de Seguridad de la ONU es multipolar, Washington sigue siendo el
miembro más influyente. De hecho, resulta el mayor beneficiario
de estas organizaciones y mecanismos internacionales, y no tiene
razón alguna para no salvaguardarlos. El orden político
y económico actual es injusto a los países en vías
de desarrollo, los cuales han reaccionado pugnando por el establecimiento
de un nuevo orden político y económico.
Sin embargo, la arrogancia estadounidense está conduciendo
a su propia enajenación, y le ha hecho parir dos monstruos:
el unilateralismo y la hegemonía. La guerra en Irak no es
el primer caso en el cual se impone el unilateralismo de la Casa
Blanca. La guerra de Kosovo fue un precedente que violó el
principio de no-interferencia en los asuntos internos de los otros
países. La abolición del acuerdo de misiles antibalísticos
y el protocolo de Kyoto contra el calentamiento global minaron el
mecanismo internacional de negociaciones. Los ataques terroristas
del 11 de septiembre, una acción injustificable contra EE.UU.
y que estimuló la sed de venganza de los halcones norteamericanos.
Le pusieron en bandeja de plata a estas fuerzas la excusa para atacar
a cualquier país implicado en el terrorismo internacional.
Si aumenta la dosis de unilateralismo de EE.UU., de manera proporcional
se erosionarán los pilares del orden internacional actual,
que incluso podrían derrumbarse, dando paso así a
un cambio radical de la política internacional. Sin embargo,
no debemos ser tan pesimistas sobre la situación actual.
En la guerra contra Irak, EE.UU. no sólo ha tropezado con
el conflicto en el seno de la ONU y con Francia, Alemania y Rusia,
sino que además encara una paradoja: ¿se puede salvaguardar
el orden actual destruyéndolo?
Shen Jiru (investigador del Instituto de Estudios Económicos
y Políticos Mundiales de la Academia de Ciencias Sociales
de China):
Al no poder impedir la guerra contra Irak, la ONU ha visto disminuida
su autoridad. Sin embargo, EE.UU. procuró dicho permiso por
cinco meses antes de lanzar la guerra. Esto demuestra que Washington
todavía da alguna importancia a la ONU, que podría
desempeñar un papel en contener las acciones hegemónicas
de EE.UU., en lugar de ser simple instrumento de ese país
para gobernar el mundo.
En la historia de la ONU han sido frecuentes los debates al rojo
vivo. La ex Unión Soviética y su sucesor, Rusia, han
votado "no" con respecto a decisiones de la ONU en más
de 120 ocasiones, y EE.UU. han emitido igual voto más de
70 veces. La lucha entre EE.UU. y la URSS por la hegemonía
casi paralizó a la ONU durante la era de la guerra fría,
pero ninguna de las dos superpotencias podía darse el lujo
de abandonar la ONU, porque ésta es la organización
gubernamental global más autoritaria y representativa, la
que salvaguarda la paz mundial.
Aunque enfrentada a muchas dificultades, la ONU hizo grandes esfuerzos
para resolver difíciles problemas de la humanidad, incluyendo
el desarme, los refugiados, la colonización y la pobreza.
Después de la guerra fría, la situación internacional
se relajó un tanto y la comunidad internacional esperaba
que la ONU pudiera hacer una mayor contribución a la paz
y al desarrollo del mundo. Sin embargo, EE.UU. dio lugar a una fractura
dentro del organismo con el tema de Irak, despertando oposición
a través del mundo. Actualmente, muchos países, incluyendo
a los que apoyan la guerra, exigen que EE.UU. permitan que la entidad
mundial desempeñe el papel principal en la reconstrucción
de Irak. Esto prueba que la autoridad de la ONU no ha sido quebrantada
por el unilateralismo estadounidense.
El tema de Irak ha propiciado una gran grieta entre EE.UU., por
un lado, y Francia, Alemania y Rusia en el otro. ¿Se trata
acaso del principio de dos partes enfrentadas?
Después de la guerra fría, a EE.UU. se le dificultó
mantener sus alianzas militares tradicionales, por lo cual comenzó
a adoptar algunos nuevos medios para promover su estrategia global.
En la guerra de Kosovo, Washington se valió de la UE y la
OTAN, y en la guerra afgana, tuvo que organizar una nueva y dudosa
alianza contra el terrorismo para realizar su objetivo. En la guerra
de Irak, la Casa Blanca se apresuró a conformar la denominada
"coalición de los dispuestos" mientras que Francia,
Alemania y Rusia forjaron una alianza pacifista. Esto demuestra
la diversidad de intereses entre las potencias principales.
Dado el amplio espectro de los intereses de las potencias principales,
las diferencias en algunos temas no deberán afectar su cooperación
en otras cuestiones. Gran Bretaña y Francia, con posturas
opuestas con respecto a la guerra de Irak, han expresado su buena
voluntad de cooperar en la reconstrucción de Irak. La complicada
naturaleza de los problemas que hoy enfrenta el mundo requiere de
la cooperación y el diálogo entre las potencias principales.
Aunque existen agudas diferencias sobre el tema de Irak, y la modificación
constante que ocurre en las principales potencias puede generar
incertidumbre en las relaciones internacionales, no se avizora confrontación
marcada entre las dos posiciones imperantes.
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