El incierto futuro de la “Hoja de Ruta” para el Medio Oriente
 
Israel ha aceptado parte del plan denominado “hoja de ruta,” promocionado por EE.UU., pero los temores de Bush a que cualquier presión sobre Israel afecte negativamente su reelección, podrían dar al traste con otra oportunidad de ganar la paz para el Medio Oriente.

por Li Guofu

(El autor es un investigador asociado en el Instituto de Estudios Internacionales de China)

El 30 de abril, la ONU publicó formalmente la por mucho tiempo esperada “hoja de ruta”, o plan de paz para finalizar el conflicto israelo-palestino. El mismo día, el embajador de EE.UU. en Israel y el enviado especial de la ONU para el Medio Oriente sometieron de forma respectiva el plan al Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, y al Primer Ministro palestino, Mahmoud Abbas. Dicha iniciativa política prevé una secuencia de tres fases para alcanzar una "solución definitiva e integral" al diferendo israelo-palestino en el año 2005.

A tales efectos, Israel y los palestinos deben acordar un cese del fuego en la primera fase. La Autoridad Palestina reformará sus sistemas político y económico y adoptará medidas efectivas para detener las acciones terroristas. Israel se retirará de los territorios autónomos palestinos que mantiene ocupados desde septiembre de 2000, congelará por completo la edificación de asentamientos judíos, y retirará y detendrá la expansión de los construidos en Gaza y Cisjordania. La segunda fase estipula la construcción de un período de confianza desde junio de este año hasta finales de 2003, durante el cual pondrá en marcha una conferencia internacional como preámbulo de un proceso que conduzca al establecimiento de un Estado palestino con fronteras provisionales. Durante la tercera fase, de 2004 a 2005, se efectuará una segunda conferencia internacional que se encargará de dar forma definitiva a la solución de estatus permanente para el estado palestino, incluidas sus fronteras, el estatus de Jerusalén, el tema de los refugiados y los asentamientos, así como la paz entre Israel y otros estados árabes.

La hoja de ruta es una propuesta del cuarteto integrado por EE.UU., la Unión Europea (UE), Rusia y la ONU, en un esfuerzo por poner fin al conflicto israelo-palestino y reanudar las negociaciones de paz. El proyecto fue resultado de las discusiones realizadas a finales del año pasado, pero que fueron más tarde archivadas a petición de Sharon. El 14 de marzo, una semana antes del inicio de la Guerra contra Irak, el presidente George W. Bush, en un intento por mitigar la insatisfacción del mundo árabe con respecto a la política de EE.UU. hacia el Medio Oriente, prometió adoptar medidas más concretas para promover el proceso de paz en el Levante una vez que se derrocara a Sadam Husein. A la vez, Bush aclaró que la fructificación de la propuesta estaría vinculada al nombramiento de un primer ministro palestino.

Tras la designación de Abbas como primer ministro palestino el 30 de abril, volvió a la palestra la tan mencionada hoja de ruta, como parte de una nueva ronda de esfuerzos internacionales para alcanzar la paz en el Medio Oriente. El plan de paz constituye una oportunidad para que Israel y los palestinos concluyan 30 meses de violencia.

La hoja de ruta hereda la esencia del espíritu de los Acuerdos de Oslo, que preconizaban la solución definitiva e integral al conflicto israelo-palestino, sobre las bases del principio de “tierra por paz” y mediante negociaciones políticas vinculadas a la resolución No.242 de la ONU. La misma se pronuncia por un arreglo progresivo de todos los problemas relativos al conflicto, asumiendo primero los más sencillos para pasar entonces a los más peliagudos. De cierta forma, se trata de una extensión del proceso de paz de Oslo, concluido el 13 de septiembre de 2000. La diferencia principal entre la hoja de ruta y los acuerdos de Oslo estriba en la fecha anunciada para la constitución del estado palestino. El protocolo de Oslo especifica que dicho estado nacerá tras dar solución a todas las cuestiones espinosas, incluido el estatus permanente de Jerusalén. La hoja de ruta, empero, propone que las dos partes alcancen un acuerdo sobre el Estado antes de tomar dos años para resolver las cuestiones restantes mediante diálogo. Considerando la hoja de ruta como extensión del proceso de paz de Oslo, la comunidad internacional ha saludado la existencia de la misma y ha exhortado a las partes a cumplirla de inmediato.

Pero las buenas intenciones del plan no parecen suficientes para conseguir su aplicación inmediata. Se considera que cada parte hará todo lo posible por crear un clima favorable a sus reivindicaciones.

Dentro de Israel, los partidos de izquierda suelen apoyar la hoja de ruta, mientras que la derecha la considera un desastre.

Sharon ha puesto reparos al plan en 15 puntos, entre ellos tres fundamentales. Primero, en relación con la retirada por parte de Israel de los asentamientos judíos establecidos de manera ilegal en marzo de 2001, a la par que los palestinos aplican su reforma y adoptan medidas contra el terrorismo, Sharon sostiene que lo segundo debe ser precondición del primero, por lo que propuso una revisión de dicho punto. La UE estuvo en desacuerdo con Sharon, manteniendo que resulta vital para la paz regional que ambas partes adopten las medidas simultáneamente. Para garantizarse el respaldo de EE.UU., Sharon ha enviado sus representantes a Washington para cabildear ante la Casa Blanca. El segundo mayor reparo del primer ministro israelí a la hoja de ruta se refiere a la puesta en vigor del cronograma de la hoja de ruta. Sharon mantiene que la duración de cada fase no debe estar preconcebida, sino que debe depender del progreso de las negociaciones. El tercer pero de peso es la cuestión de los refugiados. Sharon rechazó incluir el tema en el orden del día principal de negociaciones.

Si bien Sharon hará algunas concesiones para reanudar las negociaciones y llegar a un acuerdo provisional con la nueva administración palestina, no cabe esperar concesiones suyas sobre el tema de seguridad y la eliminación de los terroristas palestinos. Súmese a ello que la posición de Sharon en relación con Jerusalén, los refugiados y las fronteras dista mucho de cumplir con las exigencias mínimas de la parte palestina, lo cual implica un descomunal obstáculo para emprender las negociaciones. La predominancia de la derecha en la administración de Sharon se traduce en oposición automática a cualquier cambio en las tradicionales posturas de Israel. A la vez que se alista para discutir, el gobierno israelí intensifica sus golpes contra las organizaciones Hamas y Yijad Islámica, con especial énfasis en los líderes de ambas entidades, lo que constituye una sombra sobre la hoja de ruta.

El plan, empero, sigue pareciendo una oportunidad excepcional para que concluyan los sufrimientos de los palestinos. Desde que comenzó la segunda Intifada y, en especial desde los ataques terroristas del 11 de septiembre, los palestinos han mantenido la lucha armada contra Israel, con el consecuente deterioro de sus lazos con EE.UU. y en detrimento de su propia posición. Sabiendo que peligran los logros de negociaciones de los pasados siete años, los palestinos han comenzado a reconsiderar sus tácticas. La hoja debuta cumple en lo fundamental con las exigencias palestinas y se considera que coadyuvará al mejoramiento de relaciones con EE.UU. que pondría a un lado eventualmente su actual pasividad en las negociaciones con Israel. De ahí que Abbas aceptara de inmediato el plan y se pronunciara por un acatamiento total del mismo sin revisarlo antes. Con todo, Hamas se opone al plan, argumentando que la hoja de ruta protege la seguridad de Israel a expensas del pueblo palestino.

Abbas asumió su puesto en momentos duros para sus compatriotas. Delante de él se abre un sendero preñado de dificultades, incluida la reorganización de las fuerzas de seguridad, la confiscación de armas de fuego ilegales y la limitación de las actividades extremistas. Además, debe convencer a los palestinos de que la renuncia a la violencia y la no-cooperación pueden mejorar su situación y responden a sus intereses. Aún así, lo difícil sigue siendo poner el plan en práctica. Las dos principales organizaciones extremistas palestinas, Hamas y la Yijad Islámica, han descartado de plano el llamado a abandonar la lucha armada, mientras que, de acuerdo con una reciente encuesta, la mitad de los palestinos apoya la violencia contra Israel. Si Abbas se ve precisado a usar la fuerza contra las dos entidades armadas, podría encarar alzamientos y una fuerte apoyada por la mayoría de los palestinos.

EE.UU. está bien al tanto que el conflicto israelo-palestino es una de las principales causas del sentimiento en su contra en el mundo árabe. La administración de Bush desea promover una solución justa al problema mencionado para aplacar los ánimos árabes tras su victoria militar contra Irak. Ello explica que Washington rechazara las exigencias de Sharon de revisar la hoja de ruta, y ha urgido a los palestinos a deponer el terrorismo. Sin embargo, hay muchas dudas de que Bush consiga convencer a Sharon de aceptar sin cambios el plan de paz. Hay fuerzas influyentes, dentro y fuera de la administración estadounidense, que impiden al presidente presionar a Sharon. Por ejemplo, el vicepresidente Dick Cheney y el Secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld han expresado su apoyo a las posturas de Sharon, en tanto 87% de los senadores estadounidenses, entre más de dos tercios de representantes han escrito en conjunto a Bush, pidiéndole que no presione a Israel hasta tanto se detenga la violencia palestina y Abbas asuma la Autoridad Palestina. Incluso los principales asesores de Bush le han prevenido que si presiona a Sharon se verá reducida su popularidad entre los judíos y cristianos evangélicos en las elecciones de 2004.

Mientras Israel continúa ocupando territorios palestinos y se apresta a llevar la voz cantante en futuras negociaciones. Su actitud hacia la hoja de ruta decidirá en buena medida el éxito o fracaso del plan. Hasta ahora, Israel solo ha aceptado parte del plan. En medio de las reservas israelíes y la tibia actitud de EE.UU. el Medio Oriente podría perder de nuevo una oportunidad de ganar la paz.