Acercamiento ruso-estadounidense en medio de diferencias
 

--Las futuras relaciones ruso-estadounidenses se mantendrán fluctuando alrededor de un eje de intereses estratégicos coincidentes.

por Feng Yujun

(El autor trabaja en el Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China)

A mediados de mayo, poco antes de la llegada del Secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, a Moscú, la Duma Estatal de Rusia (cámara baja del parlamento) ratificó el Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (TRAEO), por 294 votos contra 134. Dicha ratificación, realizada a instancias del Presidente ruso Vladimir Putin, se consideró una especie de regalo a Powell, además de un preámbulo para la cumbre que tuvo lugar a finales de mayo y principios de junio entre Putin y su homólogo de EE.UU., George Bush, en la ciudad rusa de San Petersburgo. Con todo, en Rusia se mantienen las críticas contra Washington por sus acciones militares unilaterales en Irak, lo que hizo expresar a un dirigente comunista ruso su insatisfacción por las deliberaciones legislativas cuando, dijo, todavía no se ha secado la sangre en las calles de Bagdad. Al reunirse con Powell, Putin afirmó: “Hemos hablado y debatido muchos sobre Irak, pero hemos sido capaces de preservar las bases de nuestras relaciones con EE.UU.”

Tras la guerra contra Irak se ha habido frecuentes intercambios entre altos funcionarios rusos y estadounidenses. Luego que la asesora de Seguridad Nacional de EE.UU., Condoleeza Rice, y Powell visitaran a Rusia, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Ivanov, realizó finalmente un viaje a EE.UU. en mayo. No menos importantes fueron las cumbres bilaterales durante los festejos por el 300 aniversario de San Petersburgo y la reunión del G-8 a principios de junio. Hay señales diversas que apuntan hacia un deshielo en las relaciones bilaterales después de las diferencias expresadas por las partes respecto a la guerra contra Irak, como forma de mantener la asociación constructiva creada tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. Ello no implica, empero, que no sobrevivan diferencias entre las partes.

Las acciones de Rusia contra el conflicto en Irak demostraron a EE.UU. el peso específico de aquella en la arena internacional y en el enfrentamiento al terrorismo y los conflictos regionales, de ahí que convenga a Washington fomentar sus vínculos con Moscú, además de que restaurar dichos lazos sirve a EE.UU. en su política de enmendar relaciones a través del Atlántico.

La Casa Blanca espera valerse de Rusia para equilibrar las políticas integradas de defensa y relaciones exteriores de Europa. Súmese a ello que Rice y Powell, entre otras fuerzas internas de EE.UU., han influido sobre Bush para entenderse con el Kremlin.

En cuanto a Rusia, ésta tiene en alta prioridad las relaciones con EE.UU. Entre otras razones porque sin el apoyo estadounidense, Rusia no dará abasto para lidiar con sus propios problemas de seguridad, por no hablar de los temas globales, además del peso que tiene EE.UU. como socio económico de Rusia, que vive pendiente de las secuelas que para ella tienen las tendencias monetarias y económicas norteamericanas. No es de extrañar entonces que incluso durante al guerra, Putin mantuviera una posición antibélica, pero nunca anti-estadounidense, y a la vez que denunciaba la ilegalidad de los ataques, enviara señales conciliatorias, enfatizando que los dos países compartían el objetivo de desarmar a Irak, sólo que por distintos medios. Por último, al reparar sus lazos con EE.UU., Rusia estaría en una posición de participar en la reconstrucción de Irak, obteniendo beneficios económicos.

La ratificación del TRAEO estipula que ambos países reducirán la cifra de sus ojivas nucleares desplegadas entre 1.700 y 2.000 para 2012, con respecto a las actuales 6.000 en EE.UU. y 5.500 en Rusia. Tras ser ratificado en ambos países, el protocolo servirá para que las negociaciones bilaterales en este sentido conduzcan al establecimiento de un mecanismo práctico de puesta en vigor, a la par que se desarrollan la cooperación en el área de defensa balística, el antiterrorismo y el control de armamentos.

A ello debe sumarse un incremento en la colaboración espacial y energética. El 7 de abril, se produjeron pláticas bilaterales en Washington, donde los rusos se interesaron por inversiones estadounidenses en su Proyecto de Oleoducto de Múrmansk, con vistas a exportar el crudo a EE.UU en un futuro. En la esfera espacial, EE.UU. procura fomentar la cooperación con Rusia, cuya posición en la especialidad se afianzó tras el reciente accidente del transbordador norteamericano Columbia, que estalló en su regreso a la tierra.

A pesar de ciertos puntos promisorios en las relaciones bilaterales, sin embargo, no es ocioso recordar la carencia de una base estratégica sólida en las mismas, como demostró la guerra contra Irak, a pesar de los acercamientos bilaterales logrados tras el 11-S.

Se augura una continuación de las disputas entre las partes por el control de armamentos y el desarme. Al decir del Presidente Putin, la guerra contra Irak no sólo estremeció el principio fundamental de la inviolabilidad de la soberanía estatal y redujo la capacidad de la ONU para resolver disputas internacionales, sino que también incrementó la posibilidad de que la fuerza se convierta en recurso sistemático para arreglar los diferendos. Bajo la hegemonía de EE.UU. Rusia será más débil y más propensa a convertirse en un estado tributario en lo político de aquél, advirtió Putin.

En el campo de control de armamentos, Rusia se había opuesto tradicionalmente y con insistencia a la salida de EE.UU. del Tratado de Misiles Antibalísticos, pero ahora planea cooperar con el primero en el campo de misiles balísticos. El porqué de tal decisión lo explica un alto funcionario militar ruso, quien reveló que la actual capacidad estratégica nuclear de su país posibilita la inhabilitación de cualquier sistema antibalístico que se establezca de ahora a 25 años, por lo cual los rusos duermen sin sobresaltos en este sentido. No por ello, empero, deja de preocupar a Moscú la militarización estadounidense del espacio.

Contra dicha iniciativa, Rusia propone una prohibición respaldada por la ONU, a la vez que se preocupa porque lo ocurrido en Irak, con el pretexto de neutralizar las armas de exterminio masivo o luchar contra el terrorismo, se repita contra la República Popular Democrática de Corea o Irán, acontecimiento que deterioraría aún más la situación internacional. En este tema también se mantendrán las diferencias bilaterales.

El dilema de Putin al tratar con EE.UU. será cómo acomodar el sentimiento anti-estadounidense, inflamado por la guerra contra Irak entre la población y sectores políticos rusos, con la necesidad del país de mantener buenas relaciones con Washington, lo que le compulsa a no cometer deslices con EE.UU. y a la vez no ceder en temas de principios. Estas presiones deberán detener en cierta medida el desarrollo de las relaciones bilaterales, las cuales, todo indica, continuarán fluctuando alrededor de un eje de intereses estratégicos coincidentes.