Oportunidad detrás de la crisis
 

En el 50.° aniversario de la firma del Acuerdo de Armisticio de Corea (el 27 de julio), la situación en la península se torna cada vez más preocupante.

Por SHI YONGMING

(El autor es investigador asociado del Instituto de Estudios Internacionales de China)

Desde abril de este año, la tensión entre Estados Unidos y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) ha escalado continuamente. Por un lado, EE.UU. rechazó las propuestas de la RPDC para un diálogo bilateral en Beijing en abril, insistiendo en negociaciones multilaterales, e imponiendo presiones sobre la RPDC a través de los aliados de Washington. La RPDC, por su parte, ha ido más lejos en el camino de construir su fuerza nuclear y responder a las posibles operaciones militares dirigidas por EE.UU. Al mismo tiempo, los dos países se dedican de manera activa a los preparativos militares. Aunque la guerra no es inminente, el olor a pólvora ya está presente de algún modo en escena. Se puede decir que ambas partes han llegado al grado máximo de fortalecimiento de sus posiciones de resistencia para aplicar la presión a la otra parte. Si no se moderan, la escalada podría provocar una guerra.

En la actualidad, ya no es descabellado pronosticar otra guerra en la península. Y la guerra, ya se sabe, no es cosa de juego. Los dos países tienen que elegir entre sus objetivos y el precio que ambos tendrán que pagar para alcanzarlos. La guerra no es una opción sabia para ninguno. Una guerra puede causar la pérdida de sus objetivos políticos, por tanto la solución pacífica del problema nuclear mediante negociaciones es la única alternativa para ambos lados.

Como superpotencia incontestable en el mundo, Estados Unidos parece llevar la iniciativa en este tema. Pero tampoco puede imponer siempre su voluntad. Los intereses estadounidenses en el nordeste de Asia consisten en mantener su dominación allí. Aunque el plan de la RPDC de desarrollar armas nucleares constituye una amenaza directa para la dominación, las relaciones actuales entre norte y sur de la península coreana obstaculizarán las acciones militares precipitadas de Estados Unidos.

En cuanto a la fuerza militar, Estados Unidos podría lanzar un ataque quirúrgico contra las instalaciones nucleares de la RPDC, dependiendo de sus propias fuerzas naval y aérea, y sin la ayuda de sus bases militares en Japón y la República de Corea (RC). Pero nadie puede asegurar que la RPDC no será capaz de responder.

En el campo de la política, Estados Unidos no está seguro del daño que a sus intereses políticos podría infligir una crisis geopolítica generada por una guerra.

En dependencia de las cada vez más crecientes y sutiles relaciones entre EE.UU. y Surcorea, las operaciones militares unilaterales de Estados Unidos pueden convertirse en enemigo de la península entera y perder su influencia política en la región. Si EE.UU. lanza acciones militares sólo con el objetivo de remover la actual dirección de la RPDC, el costo en vidas y material no será aceptable, para no mencionar lo remoto de la posibilidad de que pueda alcanzar su meta.

En realidad, dentro de EE.UU., aún existen fuerzas que se oponen a la solución militar del problema nuclear de la RPDC. Un número importante de estadounidenses se opone a la definición del “eje del mal” del Presidente George W. Bush, y proponen resolver la crisis con las negociaciones y a cierto precio económico. El congresista Curt Weldon, quien dirigió la delegación de 12 legisladores estadounidenses que visitaron la RPDC en mayo pasado, es representante de quienes que sostienen tales opiniones. A principios de julio, Weldon presentó una propuesta de dos etapas para terminar con las tensiones en la península coreana. La Casa Blanca no ha anunciado una respuesta oficial a la propuesta de Weldon. Pero cuando trate el asunto, no podrá menospreciar la influencia política que la misma puede ejercer sobre la campaña electoral del Presidente Bush.

Así las cosas, los factores externos e internos compulsan a Estados Unidos a descartar la opción de guerra. Actualmente, la preocupación principal de Estados Unidos es cómo responder a la demanda de la RPDC de ofrecer garantías de seguridad. Estados Unidos considera que es imposible guardar los dos límites al mismo tiempo – no permitir que la RPDC desarrolle las armas nucleares y quede sin garantía de seguridad. Si intenta adherirse a ambos, la administración de Bush caerá en un dilema moral.

La RPDC, por su parte, siempre ha afirmado que su objetivo es la garantía de seguridad. Si para EE.UU. el meollo del asunto se aboca a las pruebas nucleares, cualquier paso de la RPDC que vaya más allá del límite provocará acciones militares estadounidenses. En este sentido, las pruebas nucleares no traerán seguridad a la RPDC. Ésta considera que si posee armas nucleares, Washington no se atreverá a emprender guerras. Pero también debe estar preparada para las consecuentes sanciones económicas y la presión política y militar a largo plazo, y deberá enfrentar probablemente a una situación económica aún peor que la actual.

Imposibilitada hasta ahora de sumarse a la tendencia del desarrollo económico regional de Asia oriental tras el término de la guerra fría, la RPDC perderá probablemente otra oportunidad histórica de desarrollar la integración económica en esta región. Esto coincidirá con lo que sugirieron algunos cerebros estadounidenses sobre la estrategia de “dejar que la RPDC se consuma en sus propias dificultades”. Por ello, se puede considerar que las acciones de la RPDC son una reacción ante los posibles ataques militares estadounidenses después de la guerra en Irak y un intento de presionar a Estados Unidos para negociar.

De hecho, la RPDC no descarta la solución mediante negociaciones, y ha expresado en muchas ocasiones que abandonará su plan nuclear. Ahora lo que la RPDC debe considerar es cómo aprovechar la oportunidad, en lugar de quedar estancada en la historia. Bajo las circunstancias internacionales actuales, las negociaciones multilaterales no son definitivamente desfavorables para la RPDC. La solución de la crisis depende de cómo actúe la RPDC.

Hay informaciones de que en agosto se llevarán a cabo las "negociaciones de tipo menú dirigido", combinadas con negociaciones bilaterales EE.UU.-RPDC y las negociaciones multilaterales a las que asistirán los países de la región. La forma de estas negociaciones refleja en cierto grado la necesidad real de la región.

Una de las disputas entre Estados Unidos y la RPDC es si sostendrán negociaciones bilaterales o multilaterales. La RPDC enfatiza que el problema nuclear es un problema político entre EE.UU. y la RPDC, mientras que Estados Unidos insiste en que es un problema regional de seguridad. Ambos tienen sus propias razones. Desde el punto de vista de la causa y la evolución del problema nuclear, se trata de una cuestión política bilateral, pero si se considera el impacto que las armas nucleares traerán a los países vecinos, es realmente un problema regional.

Aunque la crisis se puede resolver si Estados Unidos y la RPDC llevan a cabo negociaciones bilaterales y alcanzan un acuerdo, el fracaso del convenio marco firmado en 1994 entre los dos países demuestra que tal tipo de acuerdo bilateral es muy frágil.

Con respecto a la estructura política en el Nordeste de Asia, para garantizar la estabilidad y paz duraderas en la región, es necesario un mecanismo de cooperación de seguridad multilateral y eficaz. Si el problema nuclear coreano no se puede resolver mediante métodos seguros, será difícil consolidar la estabilidad de la región. Al mismo tiempo, debido a la gran brecha entre las fuerzas de Estados Unidos y la RPDC, será muy difícil que ésta alcance sus metas de seguridad con garantía en un acuerdo bilateral. Por tanto, el país debe saber que necesita un arreglo regional. Las propuestas de Weldon incluyen contenidos de una coalición de garantía regional la cual, según expertos, sientan bien a la RPDC. Para ella, las negociaciones bilaterales combinadas con las multilaterales constituyen una buena oportunidad para resolver de una vez sus problemas.