Por Wang Yusheng
(El autor fue alto funcionario chino en la APEC.)
“Algunas personas han hablado con admiración, incluso
con nostalgia, sobre la multipolaridad mundial, como si fuera algo
bueno”, expresó Condoleezza Rice, Consejera de Seguridad
Nacional estadounidense, mofándose del concepto en su discurso
pronunciado en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos
de Londres, a fines de junio. La decisión de la Dra. Rice
de vender su teoría unipolar al instituto en Londres constituyó
una intención significativa de sumar a los aliados europeos
a las ambiciones imperiales estadounidenses.
Rice indicó que la admiración por la multipolaridad
es más preocupante que el argumento de sustenta la división
de Europa y EE.UU. por diferentes concepciones del mundo. “Hemos
probado el establecimiento de un mundo multipolar con anterioridad
”, anotó “pero ello condujo a la I Guerra Mundial”.
Enfatizó que el mundo multipolar es una teoría que
promueve la rivalidad, “como un mal necesario que sostuvo
la ausencia de guerra pero no logró promover la paz”.
Con posterioridad exhortó a quienes la escuchaban, especialmente
a los países europeos, a abandonar la búsqueda de
más “polaridades” y cerrar filas alrededor de
la polaridad de libertad, paz y justicia.
Lo que sí resulta evidente es que EE.UU. ha puesto su propia
unipolaridad mundial en acción, dispuesto a impedir que cualquier
país o grupo de países desafíe su autoridad
absoluta. En el presente, la Dra. Rice, importante funcionaria en
la Administración Bush, ha aclarado algunos puntos sobre
esta teoría.
Su discurso llamó ampliamente la atención mundial,
con más oposición que aprobación. Un veterano
diplomático de un país asiático con sede diplomática
en Beijing consideró que la teoría que Rice divulga
será incapaz de resistir la prueba de la historia y la realidad.
La multipolaridad, o multipolarización mundial, es una
realidad, y no una fantasía propalada por una persona o un
país. En su sentido amplio, la multipolaridad ha existido
por largo tiempo en la historia, manifestándose de diversas
maneras. Generalmente cuando uno, o varios países, están
en decadencia, emergen otros para llenar el vacío, dando
lugar a un centro de poder distinto. Normalmente, los últimos
desafían a los primeros con la apertura de su propia esfera
de influencia, e incluso pugnando por el control hegemónico.
Ello conduce muchas veces a la guerra.
La multipolaridad existió en la China antigua durante el
Período de Primera y Otoño (770-476 a.n.) y el Período
de los Estados Combatientes (221 a. n.). Este fenómeno también
existió en Europa después de la decadencia del Imperio
romano. Durante la I y la II Guerras Mundiales, la multipolaridad
fue más evidente en el mundo. En este sentido, la argumentación
de Rice de que la multipolaridad conduce a la guerra es correcta
en cierto sentido.
Sin embargo los tiempos cambian. Hoy en día, la multipolarización
es reflejo y resultado del ascenso de los países en vías
de desarrollo, lo que difiere de los primeros decenios del siglo
XX, cuando la multipolaridad fue reflejo y resultado del desarrollo
desequilibrado del capitalismo en el mundo. Para los países
desarrollados, especialmente las superpotencias, el ascenso de los
países en desarrollo constituye un desafío. Sin embargo,
estos países en vías de desarrollo no hacen más
que exigir igualdad, relación de socios y el respeto a su
independencia y soberanía estatal, así como la paz
mundial. Su intención no es oponerse a las superpotencias,
ni luchar por la hegemonía global. Muchos países en
vías de desarrollado, incluyendo los de Sudeste de Asia,
la India, Egipto y Brasil, están ascendiendo en la arena
internacional, y podrían formar cierto tipo de “polaridad”
o centro de poder.
Ellos podrían oponerse a las acciones unilaterales o hegemónicas.
Pero esta práctica no tiene por qué conducir a la
guerra. Al contrario, puede constituir un factor efectivo para detener
las acciones bélicas. Aunque estas fuerzas no pueden parar
las acciones militares en el presente, representan la aspiración
del ser humano. Desarrollándose constantemente, estas fuerzas
jugarán, tarde o temprano, un papel decisivo en el campo
político internacional. Es una pena que la Dra. Rice y sus
colegas, intoxicados todavía por el sueño imperial,
sean incapaces de percibirlo.
La exhortación de la Dra. Rice para que las potencias cooperen
en busca de libertad, paz y justicia no pasa de ser otra expresión
del unilateralismo con participación multilateral. Esta es
inaceptable no sólo para los países en vías
de desarrollo, lo es asimismo los países desarrollados. Como
dijera George F. Kennan, un renombrado y veterano diplomático,
el mundo no podría ser dominado por un sólo centro
político, no importa cuán fuerte sea. Dijo asimismo
que ni el dólar ni la bayoneta pueden garantizar el éxito.
Cuando tenía 95 años, Kennan advirtió a la
Administración Clinton que redujera las ambiciones estadounidenses
de alcanzar el liderazgo mundial. Ahora, la Dra. Rice y sus colegas
parecen ignorar esta advertencia y están conduciendo el país
hacia una nueva era imperial.
Si EE.UU. desea realmente apoyar la cooperación entre las
potencias, el Consejo de Seguridad de la ONU es el mejor lugar para
dicho empeño. La cooperación no puede ser una sinfonía
dirigida por EE.UU., o una organización fiduciaria internacional
dominada por las grandes potencias, sino una entidad que se acoja
a la Carta de la ONU, favorezca la paz y el desarrollo mundiales.
Sin embargo, ¿puede la única superpotencia encaminarse
en esta dirección? Hay muchas razones para la duda. |