Crimen de guerra sigue perjudicando
 

Por Zhou Bian

 

Una víctima de la fuga de gas tóxico del 4 de agosto. Liang Dong

"No hubiera debido ser tan traviesa y jugar con tierra. De forma que mi mamá no habría estado tan triste", sollozó Gao Ming, una niña de nueve años y la víctima más joven de la fuga de substancias químicas tóxicas en un sitio de construcción de Qiqihar, ciudad en la provincia nororiental de Heilongjiang, China. Se le salieron ampollas en los pies después de la tragedia ocurrida junto a un montón de tierra.

Mientras tanto, otro niño de cuatro años lloraba en el jardín infantil por su la muerte de su padre, Li Guizhen, también víctima del derrame. Colector de basura proveniente de la provincia de Henan en el centro de China, el hombre había tratado de cortar los barriles que contenían gas tóxico.

Los cinco barriles, de metal herrumbroso, fueron desenterrados en la mañana del 4 de agosto en el sitio de construcción de una comunidad residencial, el Jardín Beijiang de Qiqihar. Un cavador rompió uno de los barriles, y un líquido grasoso se salpicó en el suelo y en la cabina del camión. Sin darse cuenta del peligro, los trabajadores trasladaron la tierra cavada a otros lugares, extendiendo la contaminación.

Afortunadamente, el gobierno municipal tomó medidas de emergencia para controlar la contaminación y ayudar a las víctimas en el tratamiento médico. En 17 de agosto, 43 víctimas, incluyendo cinco niños, fueron internadas en un hospital militar de la ciudad, que es uno de los mejores nosocomios del país en la atención de pacientes contaminados del gas tóxico. Hasta ahora, todos los lugares afectados han sido limpiados. La provincia y los departamentos de asuntos civiles locales han asignado sumas especiales para el tratamiento médico de las víctimas, dice un funcionario del gobierno municipal.

Substancias químicas abandonadas

Esta no es la primera vez que las armas químicas abandonadas por Japón han causado bajas en China. Según estadísticas de la Agencia de Noticias de Xinhua, unos 2.000 ciudadanos chinos han sido dañados por estas armas abandonadas por las tropas japonesas al término de la Segunda Guerra Mundial, y la mayoría de ellos han quedado paralizados.

Bombas japonesas abandonadas, encontradas en Qiqihar. Cui Feng

Una de estas víctimas es Li Chen. El 20 de octubre de 1974, cuando Lin entonces empleado de la Administración de Navegación de la provincia de Heilongjiang, y sus compañeros estaban bombeando cienos del río Songhuajiang, la bomba fue obstruida. Descubrieron que estaba atascada en una tubería de succión. Sin darse cuenta del riesgo en acecho, pusieron la bomba en la cubierta del barco. Más tarde, a Li le aparecieron ampollas en el cuerpo, e incluso úlceras del tamaño de huevo en la cabeza y otras que parecían ramos de uvas en las manos. Cuando las ampollas se le rompían, goteaban un líquido amarillo. En el accidente 37 obreros fueron intoxicados y Li fue uno de los más graves. Incapaz de mantener a su familia y destrozado por el dolor insoportable, Li hasta intentó suicidarse.

“Los datos disponibles muestran que hay unas 200.000 granadas de gas tóxico y bombas enterradas por debajo de la ciudad de Qiqihar”, afirmó Cao Zhibo, experto local en la historia de la guerra química de Japón.

Qiqihar era la tercera línea de defensa de las tropas niponesas en el nordeste de China para resistir al ejército soviético a finales de la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses allí almacenaron una gran cantidad de munición, incluyendo granadas tóxicas. Con el fin de ocultar sus crímenes en vista de que el Protocolo de Ginebra de 1925 prohibía el uso de asfixiantes, tóxicos u otros gases y todos los líquidos análogos, los niponeses sepultaron una gran cantidad de granadas de gas y arrojaron otras en el río Nenjiang después de la derrota.

Ge Guangbiao, director de la oficina de cooperación Chino-Japón para la destrucción de las armas químicas abandonadas por las tropas japoneses, que es una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, reveló que tales armas habían sido descubiertas en 30 lugares dispersos en más de 10 provincias, principalmente en el nordeste del país. Según Ge, los japoneses dejaron 2 millones de armas químicas en China. Estos químicos constituyen una amenaza directa al pueblo chino.

En 1999, China y Japón firmaron un memorando sobre la destrucción de estas armas abandonadas. En este documento, el Gobierno japonés promete localizarlas para su destrucción y proporcionar equipos y apoyo técnico y financiero necesarios. Según la Convención de la ONU sobre la Prohibición de Armas Químicas y el memorando bilateral, Japón tiene la obligación de destruir totalmente las armas químicas dejadas antes de abril de 2007.

Sin embargo, Ge dijo que el proceso de la destrucción de esas armas ha sido lento y es difícil para Japón terminar el trabajo a tiempo. Aparte de la inactividad de la parte japonesa, existen pocos datos que pueden ayudar a los dos países a localizar estos químicos enterrados hace más de medio siglo. Los cambios de las superficies del suelo vuelven la investigación más difícil. Lo que es más, tomará mucho tiempo producir las instalaciones que puedan destruir estas armas, añadió Gao.

Actitud de Japón

El 12 de agosto, Japón admitió que el gas tóxico es parte de las armas químicas dejadas por sus tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Dos días después, el Embajador japonés acreditado en China, Anami Korechige, expresó en Beijing que su país compadecía profundamente con las víctimas chinas.

El 15 de agosto, los expertos japoneses en la materia llegaron a Qiqihar para tratar los cinco barriles de gas de mostaza, y el día siguiente un grupo médico japonés de siete miembros arribó también a ayudar a los doctores chinos en el tratamiento de las víctimas. En respuesta a la demanda del Gobierno chino por la compensación, el Gobierno japonés dijo que cooperaría con China y arreglaría el asunto en forma honesta.

Sin embargo, el reciente fallo de un tribunal japonés contra los demandantes chinos hace sospechar que tal vez Japón evadirá su responsabilidad con las víctimas de la fuga de gas del 4 de agosto. En mayo, el Tribunal del Distrito de Tokio rechazó las demandas de disculpa y compensación presentadas por cinco demandantes chinos de la provincia de Heilongjiang. Estas personas son también víctimas de las armas químicas japonesas desechadas. Es la primera sentencia legal que ha dictado un tribunal japonés en cuanto a las lecciones causadas por las armas químicas que dejaron detrás de sí los militares japoneses a término de la Segunda Guerra Mundial, y esto podría ser tomado como un precedente para casos similares en el futuro.

Xiao Xianfu, director del Centro Chino de Investigación de la Ley de Japón, ha sido presidente de tres seminarios sobre reclamaciones de daños causados por la guerra. Dijo a Beijing Informa que según el derecho internacional, si el Gobierno japonés rechaza asumir la responsabilidad del escape de gas del 4 de agosto en Qiqihar, el Gobierno chino puede apelar ante las Naciones Unidas u otra organización internacional, y que, además, las víctimas están justificadas para reclamar compensación con sujetos del derecho internacional.