Explosión en Bagdad: ¿Un punto de viraje?

La explosión de un camión bomba contra la agencia de la ONU en Bagdad fue un ataque terrorista meticulosamente preparado con objetivos políticos obvios: protestar y oponerse a la Resolución 1500 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobada el 14 de agosto, vengarse de la invasión de Estados Unidos y destruir la reconstrucción dirigida por éste y advertir a la comunidad internacional que no se involucre más en el asunto

Por ZHU FENG

(El autor es profesor de la Escuela de Estudios Internacionales, Universidad de Beijing)

Soldado de EE.UU. vigilan la asolada oficina de la ONU LI JIZHI

El ataque contra la oficina principal de la ONU en Bagdad, capital de Iraq, ocurrido el 19 de agosto, estremeció al mundo. En la explosión, Sergio Vieira de Mello, enviado especial máximo de la ONU, y otros 20 empleados de esta organización perdieron la vida y otras 100 personas fueron lesionadas.

Uniéndose a la condena mundial por el ataque terrorista, el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, llamó a “entregar a los perpetradores de esta atrocidad" a la justicia.

"Nada puede excusar este acto de violencia no provocada y asesina contra los hombres y las mujeres que fueron a Iraq para un propósito único: ayudar al pueblo iraquí a recuperar la independencia y la soberanía, y a reconstruir el país lo antes posible bajo la dirección de los líderes escogidos por él mismo", dijo el jefe de la ONU en una declaración.

El Consejo de Seguridad de la ONU, de 15 miembros, afirmó también que la voladura no podría disuadir a esta organización mundial de su trabajo de reconstrucción de Iraq.

Por otro lado, aunque la administración Bush ha sido criticada por la explosión, dado que las fuerzas de coalición de Estados Unidos y Gran Bretaña deberían ser responsables de la seguridad del personal de la ONU, el incidente ha hecho un gran favor a esa administración.

Es así porque durante varios meses, el asunto de la reconstrucción de Iraq ha motivado una acalorada polémica sobre el unilateralismo americano en lo que respecta a las Naciones Unidas. Al mismo tiempo, los americanos han comenzado a cuestionar si la Casa Blanca hizo juego más de la cuenta con la inteligencia en la preguerra sobre las armas de destrucción masiva de Iraq. El apoyo del público a la política iraquí de la administración Bush ha caído drásticamente debido a las bajas en ascenso de las tropas americanas y a los tumultos en Iraq.

Sergio Vieira de Mello habla en una rueda de prensa en Bagdad el 13 de julio XINHUA

Pero las cosas cambiaron el 19 de agosto. La sangre de de Mello y sus colegas pararon la disputa desarrollada en torno a la meta de Estados Unidos de buscar ser el líder en la reconstrucción de Iraq, la cual muchos creen que va en interés de Estados Unidos. Ahora ya no se considera que el envío de tropas o ayuda financiera a Iraq es para defender los intereses de Estados Unidos, sino para combatir, junto con este país, contra los terroristas allí.

Con todo, para Estados Unidos sigue siendo necesario reflexionar en las razones más profundas que están por detrás del incidente del 19 de agosto, así como el impacto de su política con Iraq en la situación internacional actual.

Después que las fuerzas de coalición de EE.UU. y Gran Bretaña derrocaran el régimen de Saddam Hussein, la "caja de Pandora" se abrió en Iraq. Los leales a Saddam, los extremistas y las fuerzas antiamericanas se han convertido en una nueva fuente de turbulencia. En aras de sus propios intereses y necesidades, ellos ansiaban mostrar su presencia y cambiar el status quo de Iraq recurriendo al terrorismo. Antes del ataque terrorista del 19 de agosto, un coche bomba estalló cerca de la Embajada de Jordania en Bagdad a principios de agosto, matando a 17 personas. Del 13 al 15 de agosto explotaron tuberías de suministro de agua en Iraq y oleoductos que van a Turquía.

En absoluto las fuerzas de coalición de EE.UU. y Gran Bretaña pueden evadirse de la culpa por estos ataques. Además de librar de manera unilateral la guerra en Iraq desoyendo la oposición de la comunidad internacional, Washington ha cometido una serie de errores al excluir a la ONU de la reconstrucción de Iraq.

A mediados de julio, Estados Unidos reajustó su estrategia buscando ayuda de la ONU. No obstante, al parecer ya era demasiado tarde. De Mello ha muerto, y las familias de otras 20 víctimas están llorando. En cierto sentido, ellos son realmente las ovejas sacrificadas por el Pentágono. Si Washington no cambia su política hegemónica, semejante tragedia se repetirá algún día.

Annan reza por las víctimas de la explosión ocurrida el 19 de agosto PENG ZHANGQING

Desde luego, la administración Bush mirará el ataque del 19 de agosto como un buen motivo para persuadir a la ONU a compartir su carga en la reconstrucción de Iraq. Pues para Estados Unidos, esta reconstrucción se asemeja, en este instante, a un enorme tragaperras sin fondo. La Casa Blanca ha comprendido que no importa cuán grande sea su fuerza militar o apoyo financiero, es muy difícil restaurar el orden y la estabilidad en Iraq en corto tiempo.

Los gastos para las operaciones de Estados Unidos en Iraq ascienden a casi mil millones de dólares por semana. Se estima que la restauración total del suministro de agua y electricidad en Iraq costará 3.000 millones de dólares, y que se necesitarán otros 10.000 millones para reconstruir las infraestructuras. Pero esto es inaceptable para el público americano. Según reveló una encuesta de la revista Newsweek el 23 de agosto, el 66 por ciento de los americanos decía que el precio de la guerra de Iraq es demasiado elevado. Descontentos con la política iraquí de la Casa Blanca, el 49 por ciento de los votantes americanos se oponía a la reelección de George W. Bush en 2004.

A partir del 20 de agosto, los funcionarios de la Casa Blanca y el propio Presidente Bush han instado en muchas ocasiones a la ONU a que organice y despache tropas de mantenimiento de la paz internacionales a Iraq, y han apelado a la comunidad internacional para que ofrezca más apoyo a Iraq en recursos materiales y humanos.

Alzando de nuevo la bandera del antiterrorismo, Bush enfatizó que Iraq se ha transformado en un campo de batalla de la guerra antiterrorista global, con la esperanza de apaciguar el descontento de la comunidad internacional con la reconstrucción dirigida por EE.UU. en Iraq.

El 22 de agosto, Annan respondió a la petición de Estados Unidos al presentar una nueva política de la ONU para la reconstrucción de Iraq, aludiendo a que la ONU consideraría organizar una fuerza multinacional bajo el mando de Estados Unidos. Pero señaló que si se adopta una nueva resolución, ésta debería estar conforme con la voluntad común de los miembros del Consejo de Seguridad y con los principios de compartir no solamente la "carga" sino también el poder de hacer decisiones y los deberes. Las fuerzas de coalición de EE.UU. y Gran Bretaña no deberían actuar en Iraq sin límites, dijo el jefe de la ONU, añadiendo que estos dos países deben elaborar un cronograma para su presencia en Iraq.

La administración Bush, por supuesto, anhela continuar dirigiendo la reconstrucción de Iraq. Pero para ella parece imposible ganar el apoyo de la ONU sin hacer concesión substancial alguna.

Existe otra voz en el seno de Estados Unidos. Algunos sugieren tirar la carga de la reconstrucción de Iraq a la ONU por completo tras el ataque terrorista del 19 de agosto. Esta idea es irrealista. La actual situación en Iraq es resultado de la jugada unilateral de EE.UU. de lanzar una guerra en ese país y de excluir el "papel núcleo" de la ONU en su reconstrucción. Estados Unidos no tiene razón para alejarse de este estado de cosas. Entretanto, la ONU no está dispuesta a asumir la responsabilidad por completo.

Lo que es más, la administración Bush rehuye hacer oferta, pero no se trata de un simple asunto del decoro. La Casa Blanca piensa que ha tenido algunos logros en los pasados cuatro meses, y no renunciará a su esfuerzo a medio camino.

Así que en la próxima etapa de reconstrucción, es muy probable que Estados Unidos entregue un mayor poder de hacer decisiones a la ONU y dar más oportunidades de negocios a otros países, sobre la base de que no se altere el marco de la reconstrucción dirigida por EE.UU. También podrá estar de acuerdo con organizar un comité internacional para decidir conjuntamente la asignación y uso del petróleo producido en Iraq, dejar a las fuerzas de coalición aceptar la supervisión del Consejo de Seguridad de la ONU y asumir un nuevo compromiso con la ONU.

Puesto que las Resoluciones 1483 y 1500 han determinado la estructura de poder para la reconstrucción de Iraq, será muy difícil abolirlas. Pero para EE.UU. es viable entregar parte de su poder. De otro modo, ¿por qué la ONU ha tenido el deseo de echarle una mano?