|
El sudeste asiático, plagado de terrorismo, necesita fortalecer
la cooperación para poner fin al ciclo de ataques terroristas
regionales.
por ZHAI KUN
(El autor trabaja en el Instituto de Estudios
Internacionales Contemporáneos)
 |
Residentes de Yakarta entierran a una víctima
en la explosión del Marriott XINHUA
|
Indonesia se ha convertido en el destino, cuartel general y escondite
favorito de los terroristas, según la presidenta indonesia,
Megawati Sukarnoputri, con respecto a la situación de seguridad
de su país, al hablar en la Asamblea Popular Consultiva el
2 de agosto. Tres días más tarde, tuvo lugar una explosión
en el Hotel J.W. Marriott en Yakarta, que suele recibir a huéspedes
extranjeros distinguidos. La explosión causó 13 muertes
y 149 lesionados.
Desde las explosiones de Bali, en octubre del año pasado,
hasta el incidente del Marriott, Indonesia y algunos de sus vecinos
del sudeste asiático han sido escenario de la mayor actividad
terrorista del mundo. Conscientes de la grave amenaza que sobre
ellos se cierne, los países de la región han procurado
intensificar la lucha contra ese flagelo. El 21 de agosto, el ministro
indonesio de Asuntos Exteriores, Hassan Wirayuda, y su colega australiano
Alexander Downer, acordaron auspiciar conjuntamente una cumbre regional
antiterrorista a inicios del año próximo, y establecer
un foro regional para erradicar el terrorismo del sudeste asiático.
Aterrorizados por el terrorismo
Indonesia es el país más afectado en este sentido.
Con 200 millones de musulmanes en su suelo, ostenta la quinta parte
de la población adscrita a dicha religión en el planeta.
Poco después de los atentados del 11 de septiembre, el ministro
de Defensa indonesio declaró que no había organización
terrorista en su país. Las explosiones de Bali, que dejaron
202 muertos, despertaron al gobierno indonesio y le permitieron
tomar medidas antiterroristas. Sin embargo, cuando el sospechoso
principal de las explosiones todavía estaba en proceso de
juicio, tuvieron lugar otros cinco atentados con explosivos en Yakarta,
en los primeros siete meses de este año, incluyendo ataques
contra el edificio de la asamblea, el cuartel general de la policía,
el aeropuerto internacional y un centro comercial. Estas actividades
terroristas han constituido una seria amenaza para la vida política
y económica de Indonesia.
 |
Maniobra antiterrorista en Filipinas XINHUA/AFP
|
Pero el problema no es específico de Indonesia. Después
de los atentados del 11-S, las actividades terroristas han aumentado
y se han extendido por el sudeste de Asia. El presidente estadounidense,
George W. Bush, denominó a la región segundo frente
en la campaña antiterrorista. El terrorismo se ha extendido
de Indonesia, Filipinas, Singapur y Malasia a Tailandia, Myanmar
y Camboya, aportando un elemento de alta inestabilidad para la seguridad
regional
Las diversas organizaciones terroristas presentes en el área
tienen vínculos y se apoyan mutuamente. Jemaah Islamiyah,
rama asiática de Al Qaeda y mayor red local terrorista, emergió
después del incidente de Bali. La organización se
estableció en los años 90 con el fin de instalar un
estado islámico en el sudeste de Asia. Sus sucursales se
encuentran en Filipinas, Singapur, Malasia e Indonesia.
Los islámicos extremistas del sudeste de Asia están
estrechamente conectados con los extremistas religiosos del Medio
Oriente y el sur de Asia, que han encontrado una nueva guarida en
Malasia, Tailandia, Filipinas e Indonesia. Debido a sus prolongadas
líneas costeras y numerosas islas, es difícil que
las naciones del sudeste asiático supervisen sus fronteras
sin un mecanismo eficaz de cooperación regional.
Capacitados por los terroristas del Medio Oriente y Afganistán,
sus iguales del sudeste asiático han acumulado experiencia
en la diseminación del terrorismo en sus propios lares, para
lo cual escogen blancos significativos. Por ejemplo, el grupo insurgente
de Abu Sayyaf, ha amenazado en varias ocasiones con hacer estallar
las instalaciones de energía eléctrica de Filipinas.
También se producen secuestros y atentados con bombas en
las instalaciones occidentales, especialmente las norteamericanas
y sus activos. Además, los canales internacionales, tales
como el Mar de China Septentrional y el estrecho de Malacca, son
también vulnerables a los ataques terroristas.
La arremetida de las redes del terrorismo en el sudeste de Asia
se ha incrementado desde el ataque al Marriott, donde se sospecha
que se produjo una atentado suicida con bomba. Según la policía
indonesia, Jemaah ha organizado "un escuadrón suicida".
Indonesia ha arrestado al líder espiritual del Jemaah, Abu
Bakar Bashir. Tailandia capturó en agosto al verdadero líder
de la red y al principal hombre de Al Qaeda en Asia, Hambali, y
Filipinas ha ordenado la detención de Fathur Rohman al-Ghozi,
experto en explosivos de Jemaah. Un tribunal indonesio condenó
el 7 de agosto al principal culpable de la explosión de Bali,
Amorozi bin Nurhasyim, conocido como el "fabricante de bombas
sonriente", a la pena de muerte. Los terroristas siempre están
listos a tomar represalias de manera imprevisible. Los analistas
pronosticaron que Jemmah y Al Qaeda pueden emprender en conjunto
una nueva ronda de represalias aún más violentas.
Aunque se ha arrestado a algunos líderes superiores, dijeron
los observadores, no tardarán mucho en encontrar substitutos
para encabezar organizaciones como Jemaah. Algunos creen que ya
hay cuatro hombres calificados para asumir el puesto de Hambali.
¿Hay alguna salida?
Según el informe del Departamento de Estado de EE.UU. sobre
el terrorismo global en 2002, los terroristas internacionales realizaron
199 atentados a través del mundo en el año, para una
reducción del 44 por ciento sobre 2001. Esto demuestra que
las medidas preventivas han dado resultados. Actualmente, los países
del sudeste asiático han consolidado la legislación
antiterrorista, han intensificado sus medidas preventivas, y han
establecido fuerzas especiales antiterroristas. Singapur y Malasia
han sido ejemplos en este campo, destruyendo las organizaciones
de Jemaah en sus países.
Frente al creciente peligro, los países en la región
consideran que el fortalecimiento de la cooperación es la
mejor manera para paralizar las redes terroristas. Los líderes
de los países del sudeste asiático enfatizaron su
determinación de diseñar una estrategia común
en la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático
(ANSEA) en noviembre de 2001 y en la cumbre informal de APEC, en
octubre de 2002. Durante la primera reunión, también
firmaron la declaración de acciones conjuntas contra el terrorismo
de la ANSEA. Algunos de sus miembros han cooperado en el intercambio
de informaciones y el combate contra el terrorismo marítimo.
El gobierno estadounidense cree que la conexión de Al Qaeda
con las organizaciones terroristas en la región del sudeste
asiático le permite ejercer una mayor influencia. El deseo
común de luchar contra el terrorismo ha incitado a Estados
Unidos y a la mayoría de los miembros de la ANSEA a intensificar
la cooperación. Pero los analistas advirtieron que la presencia
de EE.UU. es una espada de doble filo para los países del
sudeste asiático, pues por un lado puede incitar a los terroristas
en la región, y por el otro, sin la ayuda financiera de Estados
Unidos y otros países occidentales, que pueden además
aportar el financiamiento, la tecnología, la inteligencia
y la capacitación, las naciones del sudeste de Asia tropezarían
con enormes dificultades para combatir el terrorismo.
La parte negativa, empero, no resulta óbice para que los
países de la región cooperen con Estados Unidos, que
está impaciente por sumar más fuerzas a su campaña.
En agosto de 2002, ambas partes firmaron la declaración conjunta
de cooperación en la lucha antiterrorista internacional,
lo cual indica que la ANSEA invitó oficialmente a EE.UU.
a intensificar el ataque contra organizaciones terroristas regionales.
Con la ayuda de Estados Unidos, Filipinas casi ha destruido al
grupo de Abu Sayyaf. Washington también ha acordado establecer
un centro antiterrorista regional en Kuala Lumpur, fomentar el adiestramiento
de la policía indonesia y aumentar la ayuda financiera para
las acciones antiterroristas del país.
Australia, geográficamente próxima a Indonesia, es
el aliado más cercano de EE.UU. de la región. Debido
a sus propios intereses de seguridad y el deseo de desempeñar
un papel político más importante en la región,
el país ha cooperado con Indonesia, Filipinas y Malasia en
el campo antiterrorista. El hecho de que haya propuesto, junto con
Indonesia, una cumbre antiterrorista regional, demuestra que desea
ser una fuerza activa en la salvaguarda de la seguridad del sur
del Pacífico.
Como mayor vecino del sudeste de Asia, China comparte los intereses
de seguridad con la ANSEA. Con la ampliación de la apertura
y la aceleración de la construcción de la zona de
libre comercio entre el país y la ANSEA, más ciudadanos
chinos irán a los países miembros de la ANSEA. El
terrorismo regional constituye una amenaza directa a la seguridad
personal de los chinos. Es imprescindible que China y la organización
consoliden la cooperación contra el terrorismo. El año
pasado, ambas partes firmaron una declaración para consolidar
la cooperación en los campos de seguridad no tradicionales
- una buena manera de comenzar acciones antiterroristas conjuntas.
Además, han alcanzado un consenso sobre el origen del terrorismo,
que es la pobreza. Ambas partes convienen en que la campaña
antiterrorista debe ser en realidad una guerra contra la pobreza,
aunque algunos políticos occidentales sostienen que el terrorismo
no está conectado con la misma. Tal consenso contribuirá
a los esfuerzos mancomunados de los países de la ANSEA y
China por ayudar a las áreas económicamente menos
desarrolladas en la región a librarse de la pobreza, con
el fin de eliminar la fuente del terrorismo. Este es un proceso
largo pero inevitable.
|