Buques de guerra navegan en misión de paz
 

Conscientes de sus intereses y responsabilidades comunes, China y Japón están promoviendo visitas mutuas y simbólicas de sus respectivas armadas.

Por Luo Yuan

(El autor es investigador de la Academia de Ciencias Militares de China)

A principios de septiembre, Ishiba Shigeru, director general de la Agencia de Defensa de Japón, emprendió una visita de cuatro días a China, con la esperanza de descongelar la cooperación entre ambas naciones en la esfera castrense.

Esta fue la primera visita a China de un jefe de defensa japonés en cinco años. Durante los cuatro días en China, el ministro de Defensa Nacional de China, Cao Gangchuan, y Shigeru discutieron sobre plan de visitas mutuas de buques de guerra y la cooperación entre el Instituto de Investigación de la Agencia de Defensa de Japón y la Universidad de Defensa Nacional de China.

La decisión de realizar visitas con embarcaciones de las armadas respectivas se tomó en realidad hace tres años, durante la visita del ex primer ministro chino Zhu Rongji a Japón. Con motivo del trigésimo aniversario de la normalización de las relaciones bilaterales entre China y Japón, ambas partes acordaron entonces fomentar dichos intercambios a mediados de 2002; en la ocasión, el entonces director general de la Agencia de Defensa de Japón, Gen Nakatani, también planeó visitar China el pasado mes de abril. Pero una visita anterior de Junichiro Koizumi, primer ministro japonés, al santuario de Yasukuni, donde se rinde homenaje a 14 de los principales criminales de guerra nipones condenados de Segunda Guerra Mundial, enfureció a los chinos, por lo que se canceló el mencionado programa.

La rama de laurel viaja en acorazado

Los intercambios militares constituyen el tema más sensible e inescrutable de las relaciones bilaterales chino-japonesas. Suele ser el último en los programas de intercambios entre los dos vecinos, además de representar, cuando se logra, una señal de mejoramiento importante en los lazos interestatales. Por otra parte, las visitas de buques de guerra son una forma de intercambio militar de especial trascendencia.

La historia ha demostrado que las naves de guerra pueden ser por igual herramientas invasoras y enviadas de paz. Durante la dinastía Tang (618-907), un monje chino nombrado Jian Zhen (688-763) viajó por este medio a Japón para efectuar intercambios culturales. En el siglo XV, el almirante chino Zheng He condujo su flota a Asia suroriental y al Océano Índico, como muestra de amistad y buena voluntad. Pero hace medio siglo, los acorazados japoneses llegaron a China vomitando bombas y repletos de armas, dejando a su paso ríos de sangre.

Tomando en cuenta que las relaciones bilaterales entre China y Japón siguen plagadas de numerosos problemas históricos – entre ellas las visitas de altos funcionarios nipones al Santuario Yasukuni, las esclavas sexuales de tiempos de guerra y las armas químicas abandonadas en China por los invasores japoneses --, los intercambios militares y las visitas mutuas de buques de guerra resultan un avance notable para bien de ambos países y del mundo en general. Algunos dudan de hasta qué punto las partes han alcanzado realmente relaciones amistosas, y otros incluso creen que los dos países están condenados a ser eternos rivales.

Pero si estos escépticos vieran las multitudes que en puertos de ambas naciones se agolpan para dar la bienvenida a las susodichas naves, bien podrían decir adiós a sus suspicacias. Puede que este sea el efecto que los dos gobiernos están procurando. Si China y Japón pueden conducir intercambios en el campo militar, ¿qué les impediría normalizar sus relaciones en los demás campos?

Era de ventajas mutuas

Vivimos tiempos que exigen la cooperación entre todos los países. China y Japón son dos países influyentes en la región de Asia y el Pacífico, donde el segundo se ha erigido en una especie de locomotora económica mundial desde los años 70. En 2000, el PIB anual per cápita de Japón alcanzó los $35.567, lo que le sitúa en el primer escaño mundial en este sentido. Sus excedentes de reserva extranjera y de mercado de divisas también encabezan al planeta. Además, Japón posee tecnología manufacturera de primera clase, y sus recursos para la investigación científica son los mayores del mundo. En cuanto a China, está alcanzando las más altas cifras de desarrollo económico del orbe y ha ganado fama de uno de los más promisorios mercados para la inversión. Su producto económico conjunto ha saltado al sexto lugar mundial y su PIB anual sobrepasó el billón de dólares en 2002.

Ambas economías tienen potencial para complementarse y beneficiarse mutuamente. Antes de 2002, Japón fue el mayor socio comercial de China por 10 años consecutivos; y China también ha llegado a ser el segundo mayor socio comercial de Japón desde hace varios años. En 2001, China fue el más importante mercado de exportación para Japón. Además, por más de 20 años, Japón ha proporcionado la mayor cantidad de ayuda oficial para el desarrollo a China. A partir de 1979 a 2001, Japón ofreció cerca de 2,7 billones de yenes japoneses en préstamos de bajo interés, financiando 150 proyectos chinos de infraestructura, incluyendo la construcción de la segunda fase del sistema del ferrocarril subterráneo de Beijing, la ampliación del aeropuerto de la Capital de Beijing y la construcción de las plantas de tratamiento de aguas residuales en la capital china. El tipo de interés anual para estos préstamos oscila entre 0,79 y 3,5 puntos porcentuales, y los préstamos se pueden compensar durante 30 a 40 años. Al mismo tiempo, el desarrollo económico estable de China ha dado a Japón muchas oportunidades de negocios, justo cuando el segundo atraviesa por una recesión económica que dura desde principios de los años 90.

Sin embargo, comparadas con el alza en los intercambios económicos, las consultas bilaterales sobre seguridad y temas militares resultan más vulnerables a las interferencias políticas y se han quedado a la zaga. Por ejemplo, las visitas mutuas de buques de guerra quedaron suspendidas por la visita de Koizumi al Santuario Yasukuni. Los estrategas en ambos países comprenden la importancia de los intercambios militares, al igual que la necesidad de incrementar la cooperación en seguridad regional. De lo contrario, la desconfianza política mutua afectará el intercambio económico, minando los intereses nacionales de ambos países.

Responsabilidades regionales compartidas

Después de la Guerra Fría, las relaciones estratégicas entre China, Japón y Estados Unidos han marcado el tono en temas de seguridad en la región de Asia y el Pacífico. Pero las relaciones nipo-estadounidenses son más estrechas que las relaciones chino-japonesas, o chino-estadounidenses, debido a factores políticos históricos y actuales. Este desequilibrio no solamente socava los intereses estratégicos de China, sino también la paz y estabilidad en la región. Si esta situación continúa, los intereses estratégicos de Japón y Estados Unidos también sufrirán. El desarrollo sano de las relaciones estratégicas de este triángulo es una tarea ardua que los tres lados tienen que emprender para salvaguardar la paz y estabilidad regionales.

Hoy se vive una era de informatización y globalización económica. La misma demanda que los países adopten una actitud cooperativa y magnánima hacia los asuntos exteriores. Para evitar conflictos armados, China no debe solamente mejorar su capacidad defensiva nacional, sino también utilizar la cooperación internacional para salvaguardar su seguridad. Desde este punto de vista, las visitas mutuas chino-japonesas de buques de guerra son el primer paso para cumplir con los requisitos que impone esta nueva era.

Si China y Japón logran consolidar una paz a largo plazo, dicho resultado beneficiará no solamente a las dos naciones; también a la región de Asia y el Pacífico. Como bien señalara una vez el ex Secretario de Defensa de Estados Unidos Robert McNamara, la base para el desarrollo europeo es alcanzar una reconciliación verdadera entre Alemania y Francia. Asimismo, la reconciliación entre China y Japón será la mejor garantía de paz y prosperidad en Asia. Sin una cooperación chino-japonesa sincera, la integración económica de Asia oriental seguirá siendo apenas un sueño.