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¿Se acordó alguien de que el 17
de octubre fue el día de las Naciones Unidas por la Erradicación
de la Pobreza? En China, al menos un hombre lo hizo. Su nombre es
Cao Lin.
Cao, empero, se quedó en una pieza al ver ese mismo día,
en los sitios web chinos, que el espacio estaba ocupado por la lista
de los individuos más ricos de China, según compilación
de Rupert Hoogewerf, un británico que ya había hecho
otro tanto respecto a este país para la Revista Forbes, tras
lo cual abrió su propia agencia de seguimiento de las fortunas
individuales.
Cao no pudo hacer la vista gorda ante tamaño absurdo, por
lo que escribió a la edición digital del Diario
del Pueblo, versión mucho más animada que la
edición impresa de dicho rotativo. ¿En qué
cabeza cabe, interrogó, que tantos medios informativos y
personas estén dispuestos a quedar cautivos de la lógica
que impone la abundancia material?
¿Cómo puede toda la sociedad olvidarse por completo
del problema de la pobreza - en un momento en que debemos tenerla
más presente que nunca? “No se trata de una casualidad,”
escribió Cao. En su opinión, lo ocurrido refleja los
cambios en los valores de la sociedad, como si la abundancia mereciera
naturalmente más atención que la pobreza; como si
la punta de la pirámide estuviera destinada a opacar con
su magnificencia todo lo que hay en la base, dijo.
No hay que desconocer que la opción del libre mercado también
entraña equivocaciones. Visto en perspectiva, insistió,
los pobres y el problema de la pobreza merecen mayor atención
que los ricos.
Cao citó estadísticas oficiales de que hay 55 millones
de personas que viven por debajo de la línea de pobreza en
China. Pero en opinión de sociólogos, puede haber
de 150 a 210 millones de personas en tal situación. La mera
existencia de un número tan enorme de pobres constituye una
amenaza importante a nuestra sociedad, y son ciertamente la mayor
traba al crecimiento económico del país, escribió
Cao.
La pobreza es la causa directa de muchos problemas que enfrenta
nuestra sociedad ahora, como por ejemplo la carencia del desarrollo
rural, la debilidad de la demanda de consumo y la creciente disparidad
en los ingresos, observó.
En cuanto a las víctimas individuales de la pobreza, cualquier
incremento, por leve que sea, en las necesidades, o los intentos
de procurar la existencia más allá de la lucha diaria
e interminable, tiende a conducirlas al delito, el cual, sometido
a un nivel de análisis más profundo, demuestra ser
resultado de la desesperación y la pérdida de la autoestima,
agregó el estudioso.
En contraste con la atención que la sociedad depara a los
ricos, la que se otorgue a los pobres, por pequeña que pueda
ser, puede establecer una notable diferencia, propuso Cao.
El autor suscribió en particular el pensamiento de Edmund
Burk, el científico político británico, de
que en una sociedad madura el lujo puede no ser excesivo, y que
el bienestar general debe ser extenso, a la vez que se amplía
el conocimiento científico y se disminuye en cuanto sea posible
la ignorancia.
De acuerdo a la lógica de Burk, agregó Cao, en condiciones
sociales ideales, los ricos no deben ser conspicuamente ricos, mientras
que el número de pobres debe quedar reducido a un mínimo.
La adoración a los ricos, según lo reflejado por las
encuestas sobre posesiones materiales, representa una ideología
que funciona opuesta al esfuerzo chino por reducir la brecha de
ingresos que hoy lastima a la sociedad.
“¿Por qué no hacer una lista con los pobres?”
se preguntó el autor. A este tenor, propuso que en el Día
de la ONU por la Erradicación de la Pobreza el año
próximo, salga a la luz pública una lista de las personas
más pobres de China, para recordar a la sociedad los problemas
que todavía anidan en ella. Una lista así, enfatizó,
podría ser mucho más significativa que la de los más
ricos.
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