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Aunque aún falta más de un año para las elecciones
presidenciales de 2004 en Estados Unidos, la batalla por la butaca
de la Oficina Oval de la Casa Blanca está bien asentada en
la contienda electoral primaria.
Por ZHANG LIPING
(El autor es investigador asistente del Instituto de Estudios
sobre Estados Unidos, de la Academia de Ciencias Sociales de China).
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¿Quién le planta cara a Bush?
REUTERS/XINHUA
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Para el Partido Republicano de Estados Unidos, la situación
es simple: George W. Bush será su candidato en atención
a su alta tasa de apoyo popular. El único rival digno de
equiparársele a Bush en los venideros comicios vendrá
de las filas demócratas, sumidas hoy en una enfebrecida competencia
por la candidatura. Entre los posibles aspirantes destacan Joe Lieberman,
senador por Connecticut y asociado en la pugna electoral de 2000
con Al Gore; Dick Gephardt, ex líder de la minoría
demócrata en la cámara de representantes; John Kerry,
senador por Massachusetts; Dean Howard, ex gobernador de Vermont;
John Edwards, senador por Carolina del Norte; y el general retirado
Wesley Clark, ex comandante en jefe del comando europeo de Estados
Unidos. Si se hace una clasificación a grosso modo, podría
ubicarse a Dean y a Kerry dentro de la denominada intelectualidad
neo-izquierdista liberal. Gephardt es un viejo demócrata
de izquierda que hace guiños de reojo a los sindicatos. Lieberman
y Edwards son básicamente moderados, mientras que Lieberman,
que apoya la guerra en Irak y las reducciones de impuestos, se inclina
un tanto a la derecha, y Edwards, que se declara campeón
de los derechos obreros y los grupos vulnerables, tiene tintes de
izquierda.
Según los procedimientos electorales estadounidenses para
la presidencia, la obtención de una candidatura con vistas
a competir por la presidencia requiere de una victoria previa en
elecciones primarias dentro del partido respectivo. Aunque las primeras
elecciones primarias a nivel de estado comenzarán dentro
de cuatro meses, los aspirantes presidenciales demócratas
ya se han involucrado en sus propias campañas.
Siguiendo el ejemplo de John McCain, que compitió por la
candidatura republicana en las pasadas elecciones presidenciales,
Howard Dean está recabando fondos por Internet, en un esfuerzo
en la base que le ha reportado $7,6 millones en el segundo trimestre
de 2003. Sus consejeros pronosticaron que Dean recaudaría
más de $10 millones para su campaña en el tercer trimestre,
una cantidad récord igualada solamente entre los demócratas
por Bill Clinton, para su campaña de reelección en
1996. Tal circunstancia ha hecho de Dean un inesperado favorito.
Su Gira Insomne de Verano colocó al ex gobernador de Vermont
en la portada de muchas publicaciones y ha elevado su reconocimiento
entre los votantes.
Dean semeja una reencarnación del “genio político”
clintoniano. Su capacidad para recaudar fondos deja pequeño
hasta el mismo vicepresidente Dick Cheney. Se dice que en un almuerzo
de fin de semana para estos propósitos, Cheney obtuvo $300.000
en el ágape, cobrando a $2.000 el cubierto. En el mismo fin
de semana, por su parte, Dean obtuvo $500.000, alentando a sus partidarios
a superar la suma, para lo cual publicó en Internet una foto
suya en la que comía un emparedado de pavo. Autocalificado
personalidad marginal de los círculos políticos de
Washington, Dean sustenta posiciones diversas a las del presidente
Bush en muchos temas, que van de la guerra contra Irak a las reducciones
de impuestos. También se ha hecho famoso por firmar una ley
civil en su estado de Vermont, la cual permite que los homosexuales
gocen de derechos de unión similares al matrimonio. En una
encuesta reciente, la tasa de popularidad de Dean en New Hampshire,
uno de los primeros estados en celebrar elecciones primarias, era
del 38 por ciento, lo que constituye una notable ventaja sobre Kerry
(17 por ciento), Lieberman (6 por ciento), Edwards (4 por ciento)
y Clark (2 por ciento).
En el campo de batalla de las elecciones primarias demócratas,
Dean, Kerry y Gephardt marchan a la cabeza, seguidos de cerca por
Clark, Lieberman y Edwards, junto a otros. Todos tienen puntos fuertes
y débiles. Dean y Kerry son de la región del este,
por lo cual compartirán a muchos seguidores y posiblemente
el mismo rechazo por parte de los demócratas sureños.
Gephardt no tiene ninguna superioridad en cuanto a capacidad de
recaudación de fondos y personalidad, y su coalición
con los sindicatos tiene pocas probabilidades de asegurarle una
victoria. A Lieberman, la ideología le ha costado perder
seguidores. En cuanto a otros candidatos, ninguno tiene las capacidades
y reconocimiento que los hasta ahora mencionados pueden anotarse.
Resulta habitual que si un candidato gana en Iowa y New Hampshire,
donde suelen comenzar las elecciones primarias, tenga posibilidades
de beneficiarse de un efecto de bola de nieve y logre anotarse un
éxito tras otro en las primarias siguientes. Pero los perdedores
harán frente a desafíos más duros, y algunos
quedarán eliminados antes de la conclusión de las
elecciones primarias. Es muy posible que uno de los tres candidatos
principales actuales (Dean, Kerry y Gephardt) gane la candidatura.
Pero por supuesto, siempre hay que reservar un espacio para los
imprevistos, pues todavía no hay un vencedor definido en
el partido.
Dado que la mayoría de los estados llevarán a cabo
sus primarias antes de la fecha prevista, el presidente Bush no
tendrá que esperar mucho (se estima que los resultados quedarán
definidos en marzo de 2004) para saber quién competirá
con él para ser inquilino de la presidencia.
Hay muchas probabilidades de que Bush salga reelecto. El actual
presidente deberá limitarse a atacar los puntos débiles
del candidato demócrata, acudiendo a los consabidos trapos
sucios que salen a la luz en los debates internos del partido. En
segundo lugar, el estratega de la campaña de Bush, Karl Rove,
se ha mantenido activo durante todo el proceso de campaña
para la reelección. Tercero, y también un elemento
importante, un candidato demócrata liberal no entonará
precisamente las melodías de derecha que hoy priman en las
gargantas del público estadounidense, y si dicho aspirante
no logra “renovar sus ideas” a tiempo, tendrá
pocas oportunidades de ganar la campaña presidencial. Finalmente,
Bush ostenta una clara superioridad en recursos, estrategias y táctica,
y controla la situación como inquilino de la Oficina Oval.
En una encuesta que el diario Washington Post efectuó
el pasado 11 de agosto, se detectó que la tasa de popularidad
de Bush en los dos meses pasados se mantuvo en aproximadamente 59
por ciento. Sobre el tema de Irak, 56 por ciento de los encuestados
apoyaron a Bush, 61 por ciento estuvieron de acuerdo con la guerra
contra Irak y 70 por ciento aceptaron el envío de tropas
a ese país. Es decir, que siempre y cuando las muertes, o
los problemas para los norteamericanos en Irak, queden restringidos
en cierta medida, el tema de Irak no afectará la reelección
de Bush.
En cuanto a economía, aunque 68 por ciento de los votantes
creen que hay un estancamiento económico en el país,
la mayoría de ellos lo atribuye a los ataques del 11-S y
lo perciben como parte de un fenómeno cíclico. Además,
75 por ciento de ellos afirman que sus ingresos no han disminuido.
Pero en las agendas electorales que tanto preocupan a los electores,
el Partido Republicano tiene ventaja solamente en el tema del antiterrorismo.
Entre los encuestados, 54 por ciento creen que los republicanos
manejan mejor el asunto, mientras que solamente 25 por ciento están
en desacuerdo. En otros asuntos, tales como el control del déficit
fiscal, la seguridad social y los impuestos, el índice de
apoyo a los demócratas es más alto que el de los republicanos.
Si no hubiera ocurrido el 11-S, los votantes acudirían a
las consideraciones meramente económicas para elegir presidente.
Pero los ataques de 2001 cambiaron las reglas del juego. En las
elecciones parciales de 2002, los estadounidenses votaron por su
seguridad más que por la economía, un resultado inesperado
para los demócratas, convencidos de que el público
culparía a los republicanos por la depresión.
En las elecciones generales de 2004, el tema de la seguridad seguirá
siendo un asunto importante, lo que favorece a los republicanos.
Pero si la economía no mejora, o al menos no se percibe una
mejoría, (lo que depende de los resultados económicos
del primer y segundo trimestres de 2004) - y el índice de
desempleo continúa elevándose, a la par que el déficit
fiscal, los votantes podrían cambiar de idea y buscar una
cara nueva.
Posibles Rivales de Bush
Joe Lieberman: Encabeza las encuestas por
el alto nivel de reconocimiento obtenido en las elecciones
generales de 2000.
Dick Gephardt: Intenta superar sus resultados
decepcionantes en las elecciones parciales de 2002 para senadores,
representantes y gobernadores (como líder de la minoría,
no pudo ganar mayoría demócrata en la cámara),
concentrándose en su plan de servicios de salud. También
está tratando de ganar adeptos entre la clase obrera
para consolidar su base política y obtener el respaldo
de los sindicatos.
John Kerry: Por su fama como liberal y sus
largos años en el congreso, goza de alto prestigio
en el Partido Demócrata.
John Edwards: Es seguidor de Clinton. Aunque
sin mucha experiencia en el Congreso, se ha esforzado por
auto-promoverse y recaudar fondos.
Dean Howard: Apoya políticas opuestas
a las de Bush en temas como la guerra contra Irak y las reducciones
de impuestos.
Wesley Clark: Se considera que es un presidente
en potencia; tiene numerosos seguidores, es carismático
e instruido, y sin manchas políticas.
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