La patraña del déficit
 

por Sarah Tang

Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, EE. UU. sufre hoy una economía en lenta recuperación y una alta tasa de desempleo. Por consiguiente, se impone conseguir un chivo expiatorio al que culpar por los males del país. Parece oportuno el momento entonces para que el déficit comercial de EE.UU. con China ocupe los titulares noticiosos.

Hace veinte años sucedió algo similar, sólo que en aquel entonces el banquillo de los acusados estuvo ocupado por Japón.

Según la estadística confeccionada por la parte estadounidense, las mercancías importadas desde China se han convertido en el mayor componente del déficit comercial del país. Sus cifras muestran que de casi cero importaciones en los años 80, EE.UU. pasó a exportar apenas $22.000 millones en mercancías a China el año pasado, a la vez que importaban $125.000 millones, lo que supuso un déficit de $103.000 millones.

Una mirada más escrutadora a las cifras, empero, revela otra historia.

La brecha comercial entre las dos naciones ha sido un viejo problema que se ha visto exacerbado por la diversidad de sistemas de cálculo aplicados a los flujos comerciales, según altos funcionarios chinos. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino Zhang Qiyue, argumentó el pasado octubre que el déficit no es "tan voluminoso como afirman algunos en EE.UU."

Las cifras chinas demuestran que el superávit comercial con EE.UU. llegaba el año pasado a solamente $42.000 millones. China exportó cerca de $69.000 millones en mercancías a EE.UU. e importó $27.000 millones.

El misterio radica en el método estadístico que para calcular el comercio internacional emplea EE.UU., el cual sobrestima el desequilibrio comercial con China, según funcionarios del Ministerio chino de Comercio.

Por ejemplo, EE.UU. considera las mercancías chinas enviadas a su territorio a través de Hong Kong u otro tercer país como importaciones desde China, pero excluye los bienes estadounidenses que llegan a China por vía de Hong Kong del total de exportaciones de EE.UU. a la parte continental de China.

Por otra parte, EE.UU. sólo toma en cuenta el comercio de mercancías, mientras excluye las cifras del comercio de servicios, lo que contribuye a incrementar aún más el déficit comercial con China.

El viceministro chino de Comercio Yu Guangzhou expresó al Secretario de Comercio estadounidense, Don Evans, durante la visita de este último a China, el pasado octubre, que las importaciones de EE.UU. desde China solamente equivalen al 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de EE.UU. y no deben tener ningún impacto significativo en el índice de desempleo estadounidense.

Es también digno de observar que China mantiene déficits comerciales con muchos países y regiones. Entre esos lugares con superávits comerciales con respecto a China en 2002 estuvieron la República de Corea ($13.100 millones) y Alemania ($5.060 millones).

Tal desequilibrio sugiere que China no está poniendo en práctica una política comercial dirigida a subvencionar las exportaciones o a evitar las importaciones, pues en tal caso mantendría excesos en el intercambio con todos, según Bruce Bartlett, asociado principal del Centro Nacional estadounidense para Análisis de Políticas.

Barlett citó el reciente estudio de un Banco de la Reserva Federal de Cleveland, según el cual China tiene el mayor superávit entre todos los países en su comercio bilateral con EE.UU., no porque su mercado sea cerrado, sino más bien por su condición de base global importante y emergente para la producción de bienes manufacturados con industrias de mano de obra intensiva.

El estudio apunta además que la mayoría de las importaciones de EE.UU. desde China no han desplazado la manufactura doméstica, pues han venido a ocupar las importaciones desde otros países asiáticos. Por ejemplo, observa el pliego, las importaciones de calzado de China llegaban previamente de Taiwán y la República de Corea, y muchos de los juguetes y los juegos que importa EE.UU. desde China se traían de Hong Kong en el pasado.

Hay también un creciente número de voces que afirman que China ha manipulado su moneda para ganar ventajas comerciales. Se dice que el debilitado yuan chino ha socavado las exportaciones de EE.UU., contribuyendo a ampliar la brecha comercial y a aumentar las pérdidas de empleo en el sector manufacturero de EE.UU. Algunos expertos occidentales creen que el Gobierno chino está manteniendo el yuan hasta un 40 por ciento por debajo de su valor en el mercado libre.

Los expertos precisan que el problema con este razonamiento, particularmente a la luz del tratamiento otorgado al tema en fecha reciente en EE.UU., es que el yuan está vinculado al valor dólar y así ha sido durante algunos años. El mismo sube y baja a la par del valor del dólar.

En la opinión de la mayoría de los economistas, tales como Stephen Roach, de Morgan Stanley, China no está compitiendo sobre la base de una moneda subvalorada, sino principalmente en términos de costes de trabajo, de la tecnología, del control de la calidad, de la infraestructura y de un compromiso constante con la reforma.

La evidencia adicional demuestra que EE.UU. ha cosechado ventajas económicas enormes en su comercio con China. China ha sido testigo de un crecimiento más rápido de las importaciones desde EE.UU. que cualquier otro mercado extranjero, al cuadruplicarse dicho apartado desde 1990, dando lugar a la aparición de casi 400.000 puestos de trabajo en EE.UU.

Éste no es precisamente el comportamiento de una nación exportadora que acude a prácticas desleales para proteger su propio mercado. Las importaciones de China están creciendo a un ritmo más acelerado que sus exportaciones, y el grueso de las exportaciones que se incluyen en esas cifras comerciales son mercancías producidas en China por firmas norteamericanas.

La estadística oficial china muestra que las empresas de capital extranjero, muchas de ellas vinculadas a industrias procesadoras, se han convertido en la fuerza principal detrás del crecimiento de las exportaciones de China. Durante el período de 1993 a 2002, las exportaciones de estas firmas crecieron en un 23,6 por ciento anual como promedio, comparado con el promedio nacional de 15,1 por ciento. Durante los primeros nueve meses de este año, las compañías de capital extranjero contribuyeron con 54,1 por ciento de las exportaciones totales de China.

Y el Gobierno chino está ayudando a disminuir el exceso comercial entre las dos naciones. Los más recientes cintillos periodísticos internacionales divulgaron que China firmó una serie de contratos a mediados de noviembre con compañías de EE.UU., por valor de $6.000 millones, para la compra de aviones, motores de aviones, coches y piezas de automóvil, para ayudar a incrementar las importaciones desde EE.UU.

En la ceremonia de firma, la viceministra china de Comercio Ma Xiuhong calificó de positiva la cooperación entre China y EE.UU. en los últimos años. Pero al mismo tiempo, la titular exhortó al Gobierno de EE.UU. a flexibilizar las restricciones sobre exportaciones de productos de alta tecnología a China, para facilitar la ampliación de exportaciones de compañías estadounidenses y reducir la presión que entraña el desequilibrio comercial bilateral.

China tiene una enorme demanda de productos de alta tecnología. Pero los expertos dicen que algunos países desarrollados crean obstáculos a las compañías domésticas que exportan a China, con la excusa de preocupaciones de seguridad nacional.