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China y EE.UU. deben favorecer la cooperación, dejando a un lado
las diferencias, cuando manejen disputas -- una actitud más
madura, sana y práctica que ambas partes parecen adoptar
para salvaguardar sus intereses estratégicos
por ZAN JIFANG
Todo indica que China y EE.UU. se preponen mantener un espíritu
de cooperación, a pesar de las agudas diferencias que los
han enfrentado en fecha reciente, dado que el segundo presiona para
que la primera revalúe su moneda y haga algo para superar
el actual déficit comercial bilateral que afecta a EE.UU.
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El Presidente chino, Hu Jintao, se reúne
con su contraparte estadounidense, George W. Bush, en Bangkok,
el 19 de octubre. Fan Rujun
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Para suavizar tensiones comerciales con EE.UU., China tomó
la primera medida hace poco, al firmar cuantiosos compromisos comerciales
con compañías de EE.UU., como la Boeing, la General
Electric y las principales firmas automotrices de ese país,
por valor de $6.000 millones, un paso sustancial para demostrar
la sinceridad de Beijing.
Con anterioridad, los dos países se habían consultado
y coordinado de manera conjunta numerosos temas de trascendencia,
como son la lucha contra el terrorismo, el problema nuclear en la
península coreana, la guerra en Irak y el proceso de paz
del Medio Oriente. Ambas partes han ampliado la cooperación
en este sentido y han decidido llevar a cabo discusiones regulares
al respecto.
En el campo político, los jefes de Estado y altos funcionarios
de ambos países se han reunido con frecuencia desde que tomara
el poder la nueva dirección de China. En menos de medio año,
el Presidente chino, Hu Jintao, y su homólogo estadounidense,
George W. Bush , han sostenidos numerosas conversaciones telefónicas
y se reunieron por primera vez tras la llegada a la presidencia
de Hu en Evian, Francia, en junio de 2003. Los dos líderes
alcanzaron amplio consenso en muchos temas bilaterales e internacionales,
durante la 11ma reunión de la Cooperación Económica
de Asia y el Pacifico, celebrada en Tailandia en octubre pasado.
El Primer Ministro chino Wen Jiabao también visitará
EE.UU. este año, en un viaje que según la prensa internacional
consolidará aún más la comprensión mutua
y profundizará la cooperación mutuamente beneficiosa
entre los dos países.
Las partes también han alcanzado nuevos progresos en el
intercambio bilateral y la cooperación entre sus dos ejércitos
en años recientes, gracias a los esfuerzos y el apoyo de
los líderes de ambos países, dijo el ministro chino
de Defensa Cao Gangchuan, que concluyó una visita de dos
días a EE.UU. el 29 de octubre.
Desde los años 90, la voluntad, o su carencia, para sostener
intercambios militares normales y activos ha sido señal que
permite juzgar el estado de las relaciones bilaterales. Cao ha sido
el primer ministro chino de Defensa que ha visitado el Pentágono
desde 1996, lo que constituye una nueva página en la historia
del intercambio bilateral en la esfera castrense. Por otra parte,
los buques de guerra de ambos países han intercambiado visitas
mutuas recientemente, lo que demuestra asimismo que los lazos militares
chino-estadounidenses han alcanzado su nivel más alto desde
los años 90.
La cooperación en el comercio y la inversión es de
gran significado para las relaciones bilaterales, además
de ser la piedra angular para la estabilidad de los lazos bilaterales.
Después de la Guerra Fría, a pesar de las contradicciones
y altibajos que caracterizaron la política de Washington
hacia China, los lazos entre los dos países no se han suspendido
ni revertido. Una razón importante para ello es que los intercambios
económicos y comerciales se convirtieron gradualmente en
un aspecto importante de las relaciones bilaterales, llegando a
ser una fuerza impulsora importante para las relaciones políticas.
La base de las relaciones bilaterales se ha cimentado en la actualidad,
en comparación con los períodos de la Guerra Fría
y posguerra fría. Las relaciones bilaterales actuales se
basan en la convergencia de los intereses estratégicos de
ambos países.
La meta priorizada de China es aumentar su poderío nacional
integral y construir un país de bienestar. De ahí
que mejorar el desarrollo económico sea la primera prioridad
de China. Por consiguiente, China necesita evitar cualquier ataque
económico que provenga del exterior.
Según los argumentos al uso en la Casa Blanca, la tarea
principal del país es suprimir la amenaza del terrorismo
internacional. Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre,
EE.UU. cambió el énfasis de su estrategia para encarar
al terrorismo, lo que implicó una aparente vuelta de hoja
a su política exterior. Como resultado, varió la perspectiva
de su política hacia China.
La campaña global de EE.UU. contra el terrorismo, las guerras
contra Afganistán e Irak y la crisis nuclear en la península
coreana han forzado a las fuerzas rabiosamente anticomunistas de
la administración de Bush a reconsiderar su política
hacia China. EE.UU. ha encontrado reveses inesperados en la reconstrucción
de Irak y el proceso de la paz en el Medio Oriente. En ambas situaciones,
necesita de la cooperación de China.
Poco se ha avanzado en la solución del diferendo nuclear
en la península coreana, que alcanzó su punto más
candente el pasado mes de octubre, a pesar de las negociaciones
multipartitas. La administración de Bush procura resolver
el problema aislando y amenazando a la República Popular
Democrática de Corea (RPDC). Para salir del punto muerto
actual con la RPDC, evitar la escalada de la crisis nuclear y resolver
el problema por medios diplomáticos, EE.UU. depende en buena
medida de China.
Tampoco se deben pasar por alto las diferencias que todavía
distancian a China y EE.UU. Asuntos como Taiwán y los derechos
humanos actúan como lastres para el desarrollo de las relaciones
bilaterales, y no desaparecerán de inmediato.
Más importante aún, debido a intereses estratégicos
globales, EE.UU. todavía ve a China como un rival potencial,
lo que implica una presencia constante de elementos de contención
en la política exterior de EE.UU. hacia China.
Son muchos los que, por otra parte, vislumbran bajo la epidermis
de la lucha antiterrorista de EE.UU. un sustrato de expansionismo
que responde a los intereses estratégicos geopolíticos
de Washington, cuya presencia militar se hace cada vez más
evidente en los alrededores de la geografía china. Ello sin
duda supone una presión militar adicional contra China.
Además, en la historia de las relaciones chino-estadounidenses,
los lazos bilaterales han sido afectados en gran medida por los
asuntos domésticos de EE.UU., especialmente en las vísperas
de las elecciones presidenciales. Los analistas chinos advierten
que las relaciones bilaterales pueden atravesar por altibajos según
se aproxime la campaña de 2004.
En cuanto a Taiwán, tema bilateral dominante en las relaciones,
la administración de Bush no ha abandonado totalmente la
estrategia de Guerra Fría de contener a China valiéndose
de este problema.
La Casa Blanca tampoco ha abandonado las ventas de armas a Taiwán.
En fecha reciente incrementó dichos envíos y la cooperación
militar con la isla. El año próximo es un año
de elecciones en Taiwán, y para generar más apoyo
entre el electorado, las autoridades insulares podrían azuzar
la retórica separatista para crear nuevas tensiones en el
Estrecho de Taiwán. Ello supone una nueva prueba para las
relaciones bilaterales.
Sin embargo, y para citar al ex Secretario de Estado estadounidense
Henry Kissinger, al hablar en un seminario reciente patrocinado
por el Instituto de Estudios Estratégicos Internacionales
-- una de las entidades investigadoras más prestigiosas de
China – hay un paralelismo entre los intereses fundamentales
de EE.UU. y de China, y las relaciones bilaterales atraviesan por
"su período más constructivo" de los últimos
30 años. El desarrollo sin dificultades de los lazos bilaterales
sirve a los intereses básicos de los pueblos de ambos países,
y también contribuirá a mantener la paz, la estabilidad
y el desarrollo del mundo. Así las cosas, será imposible
que cualquiera de las partes renuncie a la cooperación mutua.
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