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A juicio de los economistas, las naciones asiáticas deben incrementar
la cooperación financiera regional para consolidar su inmunidad
ante la amenaza del virus de una eventual crisis financiera.
ZAN JIFANG
Las economías asiáticas precisan incrementar su capacidad
de resistencia y reducir el riesgo de otra crisis financiera regional,
en momentos en que aún se vislumbran riesgos importantes
para ellas, según el consenso alcanzado por los economistas
del Banco de Desarrollo Asiático (BDA) y de países
asiáticos, reunidos los días 2 y 3 de noviembre, en
la conferencia anual de Asia del foro de Boao, llevada a cabo en
la meridional provincia insular china de Hainan.
En su
discurso titulado “En busca de espacios para la cooperación
financiera asiática”, el vicepresidente del BDA, Joseph
B. Eichenberger, dijo en un panel del foro que se ha alcanzado amplio
consenso sobre los requisitos previos básicos que permitirán
profundizar la integración y construir un mecanismo creíble
que conduzca a evitar y dar solución a las crisis.
Primero, señaló, resulta esencial que fluya la información
precisa, de alta calidad y oportuna con relación a los acontecimientos
y flujos de capital macroeconómicos de todo tipo. “Dicha
información necesita divulgarse con amplitud y sin cortapisas
entre gobiernos, instituciones financieras internacionales, el sector
corporativo privado y los más amplios sectores del público”,
dijo.
En segundo lugar, Eichenberger mencionó la necesidad de
establecer un mecanismo sólido para la vigilancia eficaz,
incluyendo la capacidad de detectar problemas en el momento mismo
en que se produzcan, así como llevar a cabo consultas de
alto nivel.
En tercer lugar, señaló, debe haber una capacidad
permanente de movilizar recursos, partiendo de criterios y objetivos
convenidos, en una escala que permita alcanzar resultados.
Eichenberger destacó la importancia de profundizar y consolidar
los sectores financieros domésticos de toda Asia, así
como de reducir la cifra de préstamos fallidos y eliminar
lo activos de los saldos bancarios públicos. A su modo de
ver, entre los desafíos que encara la región destaca
el de alcanzar mayor consenso sobre la relación deseada entre
los arreglos regionales y los que existen ya a nivel global.
Yoshihiro
Iwasaki, jefe de la Unidad de Supervisión Económica
Regional de del (USER) BDA convino con Eichenberger y afirmó
que tales pasos monetarios y financieros necesitan diseñarse
correctamente, para asegurar que los mismos complementen otros esfuerzos
globales que promuevan la estabilidad financiera. Resumiendo las
recomendaciones de un libro que deberá de aparecer en breve
a cuenta del USER, Iwasaki afirmó que “el contagio
regional que provocó la crisis de 1997 proporcionó
el ímpetu para la integración de Asia, tomando también
de ejemplo el exitoso caso de Europa”.
De acuerdo con Yoshihiro, antes de la crisis de 1997, las iniciativas
de Asia oriental encaminadas a la integración regional se
concentraban en gran parte en el comercio. Después de la
crisis, a la par que se continúan los esfuerzos por la integración
comercial regional, se ha agregado una nueva dimensión –-la
cooperación monetaria y financiera-– como punto de
la agenda regional de cooperación. Varios aspectos de la
crisis contribuyeron a este resultado, dijo.
Primero y más importante, la expansión regional inesperada
de la crisis sugirió la necesidad de mantener una situación
de vigilancia en cada país ante cualquier señal de
problemas en sus vecinos, dada la posibilidad de que el problema
individual de un país pueda hacer metástasis a los
demás.
En segundo lugar, puesto que la crisis tuvo sus orígenes
en las debilidades comunes de los sectores financieros y corporativos
de varios países, es indispensable considerar los beneficios
comunes de la cooperación interregional en la reforma del
sector financiero.
Crece asimismo la conciencia en Asia sobre la pertinencia de un
diálogo de políticas de nivel regional, capaz de complementar
las decisiones tomadas a escala nacional y global, apuntó
Yoshihiro.
Se reconoció por otra parte, aseveró, que los países
necesitan cooperar en las esferas monetaria y financiera para proporcionar
un mecanismo que ayude a evitar y manejar las crisis.
En palabras de Yoshihiro, Asia oriental ha alcanzado progresos
alentadores en la promoción de la cooperación monetaria
y financiera regional, consolidando los intercambios de información
y el diálogo sobre políticas, el compartimiento de
reservas y el desarrollo regional del mercado de bonos.
La estabilidad intrarregional en las tasas de cambio, indicó,
es un objetivo deseable que la región procura en la época
de pos-crisis. A tal tenor se han adelantado varias propuestas que
sustentarán dicha estabilidad en el futuro, incluyendo la
puesta en práctica de una tasa común para las distintas
divisas y la adopción a largo plazo de una moneda regional
única. Pero la coordinación de los regímenes
de cambio requiere de una coordinación de políticas
macroeconómicas, tales como políticas monetarias y
fiscales. También la experiencia europea sugiere que la adopción
de una moneda común sea quizás el último paso
en el proceso de integración económica regional, por
lo que se precisará para ello de largo tiempo, incluso décadas.
Los países de Asia oriental, por lo tanto, tienen mucho que
hacer antes de adoptar una moneda común. Sin embargo, una
vez consolidados la supervisión regional y el proceso de
diálogo sobre políticas regionales, y cuando quede
establecida la reserva regional centralizada, los países
de Asia oriental podrían considerar pasos hacia una mayor
coordinación del cambio por medio de cierta forma de tasa
monetaria coordinada, acotó Yoshihiro.
El funcionario concluyó su discurso agregando que las lecciones
aprendidas de otras partes del mundo apuntan hacia la necesidad
de una fuerte voluntad política y de tiempo, como sostenes
para la cooperación monetaria y financiera regional. En ese
sentido citó el caso de la integración europea, que
comenzó a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, y que
experimentó un prolongado proceso de construcción,
el cual marchó parejo al desarrollo de la cooperación,
la coordinación, la armonización y la institucionalización.
Dado que Asia oriental tiene mayor diversidad política, cultural
y económica que Europa, la cooperación monetaria y
financiera, incluyendo el proceso institucionalización, podría
ser un desafió aún mayor.
Por su
parte, S. Ghon Rhee, director ejecutivo del Centro de Estudios sobre
Mercados Financieros de Asia y el Pacifico, de la Universidad de
Hawaii, dijo que el ejemplo de la UE demuestra que una moneda común
podría eliminar la crisis financiera. Si Asia dispone de
dicha divisa, algo así como un dólar asiático,
se reduciría el riesgo para el mercado de valores, a juicio
de Rhee. Éste añadió que falta aún un
buen trecho para que Asia integre completamente todos los recursos
y desarrolle una moneda común. Aunque la experiencia de Europa
es muy rica, se precisaron 50 años para que fructificara
la actual situación. Asia necesita proseguir el diálogo
y tomar nuevas medidas que le permitan dilucidar si debe o no adoptar
la experiencia de Europa de establecer un banco central primero,
luego una alianza asiática y, finalmente, un dólar
asiático, opinó.
Duck Woo Nam, ex primer ministro de la República de Corea
(RC), tocó el tema del desarrollo económico del financiamiento
en el nordeste de Asia.
A propósito,
recordó Duck que el área cubierta por Japón,
la RC y la parte este de China ha devenido uno de los tres centros
de la economía mundial, junto a Norteamérica y la
UE, mientras que el interior occidental de China, Mongolia, la República
Popular Democrática de Corea y la Siberia rusa se mantienen
como frontera en desarrollo. Pero estas áreas menos desarrolladas
son reconocidas por su riqueza mineral, por no mencionar el gas
natural, el agua, la industria pesquera, los bosques, la agricultura,
la tierra y la gente misma. Mención especial merece Siberia,
con cerca del 32 por ciento de los depósitos de gas natural
del mundo.
En la era de la globalización, expresó, el capital
privado de dentro y fuera de la región puede desempeñar
un papel vital para el desarrollo de estas áreas, por medio
del comercio, la inversión y la transferencia tecnológica.
Para que ello tenga lugar con éxito, sin embargo, los inversionistas
y los empresarios deben contar con cierta garantía de que
sus inversiones serán apoyadas por una plataforma adecuada
de infraestructura, a saber, carreteras, ferrocarriles, acueductos
y transporte aéreo; también puertos e instalaciones
portuarias, sistemas de telecomunicaciones, instalaciones confiables
de generación y distribución de electricidad, así
como instalaciones hidráulicas y de eliminación de
aguas residuales.
El problema inmediato, por lo tanto, dijo Duck, es cómo
financiar los proyectos regionales de infraestructura, que no suelen
estar abiertos al financiamiento privado y comercial. Es evidente
que en los países en vías de desarrollo existe una
gran necesidad de capital extranjero que calce sus dilapidadas arcas,
con el fin de financiar proyectos de infraestructura. Sin embargo,
los recursos financieros que el Banco Mundial y el BDA han dejado
disponibles en años recientes están muy por debajo
de las actuales necesidades. Así las cosas, se impone acortar
de algún modo la brecha financiera calculada. Es bastante
improbable que queden disponibles fondos adicionales para este propósito
a través de fuentes “tradicionales”, incluyendo
la inversión privada y los préstamos comerciales.
Así que es necesario instalar un mecanismo institucional
que propicie recursos adicionales a la región obteniéndolos
en el mercado internacional de valores. Por esta razón, argumentó,
el foro económico del nordeste de Asia ha estado deliberando
sobre la idea de establecer un Banco de Desarrollo para el Nordeste
de Asia (BDNA), idea discutida desde la reunión de Tianjin,
China, de 1991. La oferta ha estado recibiendo creciente atención
por parte de los países involucrados, tanto a nivel académico
como gubernamental.
Con respecto al precio de financiar y lanzar un nuevo banco subrregional,
el ex primer ministro de la RC dijo que los fondos no plantean una
gran preocupación a los países más poderosos
de la región, siempre y cuando se atengan a los pasos seguidos
en el área de capitalización con el BDA y otros bancos
regionales multilaterales.
Duck enfatizó que cuando se agregue el BDNA, el mismo no
tiene porqué duplicar innecesariamente las operaciones de
los actuales bancos de desarrollo. Es probable que el Banco Mundial
y el BDA no puedan resolver las necesidades específicas de
la región por sí mismos, simplemente porque China
y Rusia son demasiado grandes para ser incluidas adecuadamente dentro
del alcance de sus operaciones.
El BDNA no duplicaría las actividades de los bancos de desarrollo
multilaterales existentes. Más bien supliría las actividades
de transferencia de capital de estas instituciones internacionales.
Y al hacerlo, también proporcionaría una oportunidad
ideal para que los obligacionistas de ultramar diversifiquen sus
tenencias, cambiándolas por bonos asegurados del BDNA. En
el área operacional, el banco propuesto coordinaría
de cerca con las instituciones financieras internacionales existentes
la selección, asignación y financiamiento de los proyectos
nacionales y regionales de infraestructura. Pero la decisión
dependerá en última instancia de la sagacidad, visión
y voluntad política de los líderes de los países
concernientes, concluyó Duck.
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