Oro colombiano y máscaras mexicanas en Beijing
 

Testigos del desarrollo de sus respectivas sociedades, y en especial de la evolución cultural como ingrediente medular de las mismas, varias muestras de obras realizadas en oro de Colombia y máscaras de México se exponen actualmente en Beijing.

En el caso colombiano, la muestra integra una exposición de 40 embajadas de todo el mundo con representación en la República Popular China, en el capitalino Monumento del Milenio. Se trata de un resumen, a través de reproducciones cuyos originales se encuentran en el Museo del Oro de Bogotá, de la historia del trabajo de los orfebres del precioso metal en el país sudamericano. La labor artesanal aurífera en Colombia data del siglo VI a.n.e. y es reconocida como una de las más exquisitas del orbe.

Como bien señalan las notas de la exposición, las comunidades indígenas colombianas desarrollaron sofisticadas técnicas para la extracción, fundición y refinación del oro, una labor que duró incluso hasta bien entrada la época de la conquista española en América, dejando un legado inestimable en las múltiples figuras doradas que representan al ser humano, animales, figuras geométricas o incluso formas abstractas.

“Mientras que las sociedades prehispánicas fabricaban máscaras principalmente con fines funerarios y rituales, con la llegada de los europeos y la Conquista, los indígenas incorporaron a sus máscaras los nuevos dogmas religiosos del cristianismo, para continuar de algún modo su propia supervivencia.” Así se refieren los organizadores de la muestra mexicana a la doble función que tuvo la máscara en México tras la llegada de los españoles: expresión artística y forma de protección de lo autóctono tras el disfraz de la apropiación de lo ajeno. En fin, una forma más del esencial mestizaje americano.

Las más de 200 máscaras presentadas en la Galería de la Biblioteca de la Capital en Beijing suponen un recorrido por más de 500 años de historia mexicana, desde la máscara que representa al hombre águila precolombino a las calaveras contemporáneas, quizás la quintaesencia artística del singular culto mexicano a la muerte.

Las máscaras expuestas en la muestra, organizada en conjunto por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, por conducto de su embajada en Beijing, el Ministerio de Cultura y la Agencia Internacional de Exposiciones de China, pertenecen en su totalidad a las hermanas Adriana y Georgina Luna Parra, dos investigadoras mexicanas dedicadas por entero al estudio de esta forma de arte, quienes viajaron a China para la ocasión.