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La apertura de la propiedad pública es el más
reciente paso de la reforma china
Por WANG YONG
Pasados 25 años del inicio de su reforma económica
orientada al mercado, China se ha lanzado por fin y de manera masiva
a la piscina de la liberalización inversionista, abriendo
de par en par las puestas de su colosal sector público al
flujo de capital.
Pero
aunque liberalice la inversión, el Gobierno chino no privatizará
totalmente su sector estatal, como se apresuraron a hacer en su
momento los rusos y otros europeos orientales, a finales de los
80 y principios de los 90. Lo que Beijing se propone es descentralizar
todavía más los tradicionales elefantes blancos que
constituyen los monopolios estatales en muchos sectores, facilitando
así el acceso al mercado de los inversionistas privados chinos
y extranjeros.
El 19 de noviembre de este año, un alto funcionario del
gobierno anunció que China recibiría de buen grado
a los inversionistas privados y extranjeros que deseen participar
en la reestructuración de los activos de las empresas estatales
(EE). Lo que ha diferenciado este anuncio oficial de los anteriores
sobre el tema ha sido que el gobierno por primera vez ha dejado
en claro que las voluminosas compañías centrales propiedad
del gobierno, con activos por casi 7 billones de yuanes ($843.000
millones), y valor de titularidad total por 2,59 billones de yuanes
($312.000 millones), asumirán en lo adelante un papel protagónico
en el proceso de fusión y adquisición. Li Rongrong,
presidente de la Comisión de Supervisión y Administración
de Activos Estatales (CSAAE), dijo específicamente que el
gobierno “apoyaría a las grandes y medianas EE para
que se desarrollen por medio de fusiones y adquisiciones, coticen
en bolsa y emprendan negocios a riesgo compartido con los inversionistas
extranjeros”. En el pasado, China se mostró renuente
a permitir la inversión extranjera y privada en sus grandes
compañías estatales, y sólo otorgó autorizaciones
para acceder a negocios de poca monta.
Li declaró que la mayoría de las compañías
estatales se reconvertirán en empresas a riego compartido,
en las cuales el estado “no tiene que controlar el 51 por
ciento del capital.” Precisó, no obstante, que aunque
el estado detente un por ciento menor de lo invertido, ello no significaría
que éste no pueda ejercer una influencia significativa sobre
la economía. Para proteger los intereses de los inversionistas
extranjeros, al decir de Li, su comisión no fijará
un precio base a la hora de transferir activos del Estado. La CSAAE
fue establecida a principios de este año en calidad de guardián
exclusivo de los activos estatales de China.
Una encuesta del Sistema de Encuestas sobre el Empresariado Chino
arrojó que cerca del 40 por ciento de las 3.192 EE estudiadas
han estado involucradas en una intensa búsqueda de ventas
en 2003.
No es menos cierto que quedan obstáculos legales y financieros
que pueden frenar la compra de EE por parte de inversionistas foráneos.
Pero la experiencia previa demuestra que si el Gobierno Central
fija el tono de la reforma, dichos problemas serán meras
formalidades técnicas fáciles de manejar. El tema
central en el mensaje de Li constituye una nueva señal de
orientación en el itinerario de la reforma económica
de China.
Para
el premio Nobel en Economía Kenneth Arrow, profesor honorario
de esa materia en la Universidad estadounidense de Stanford, la
entrada gradual al mercado, más que la privatización
al por mayor, suele dejar mejores resultados como preludio de la
competencia para una economía en transición. La mencionada
encuesta encontró que más del 30 por ciento de los
inversionistas privados chinos han comenzado a adquirir, o planean
adquirir, todos o una parte de los activos de las EE.
Para algunos observadores, la reforma del sector estatal puede
navegar en aguas turbulentas. Wu Xiaoqiu, profesor de Economía
en la Universidad del Pueblo de China, considera que las fusiones
y adquisiciones entre las compañías cotizadas en China
son meros arreglos especulativos. Liu Jipeng, profesor de Finanzas
en la capitalina Universidad de Economía y Administración,
duda del papel que pueda jugar la CSAAE en el proceso de reforma,
aduciendo que la misma podría interferir demasiado en la
gerencia corporativa. Hay otras dudas, por ejemplo, sobre la capacidad
de China de mejorar su red de Seguridad Social, para asumir toda
la mano de obra despedida por causa de las fusiones y adquisiciones.
Si bien puede haber verdad en estas opiniones, es necesario ver
más allá del horizonte. Si se revisan las discusiones
históricas sobre la función y el destino de las EE,
se comprenderá cuanto de revolucionario hay en las observaciones
de Li.
China comenzó a reformar su sector estatal en 1978, cuando
el Partido Comunista de China (PCCh) convocó una trascendental
reunión, en la cual planteó la necesidad de la reestructuración
económica. Pero la reforma en un principio se concentró
principalmente en dar mayor autonomía a los responsables
de las EE para manejar las mismas. No alcanzó entonces la
transformación de los derechos de propiedad de los activos
estatales. No fue hasta mediados de los años ochenta, que
un grupo de economistas, encabezados por Li Yining, propuso intentar
aplicar la reforma de las EE aplicándoles el sistema de sociedad
anónima. Según un informe de la agencia oficial Xinhua,
el Banco Mundial se sumó al entusiasmo reformista chino e
hizo una propuesta similar en 1985. El sistema de sociedades anónimas
comenzó estandarizarse en 1993, cuando China promulgó
la Ley de Compañías. Pero de 1985 a 1993, muchos se
opusieron a que las EE se convirtieran en sociedades por acciones
o comanditarias, considerando que se trataba de una desviación
del camino socialista y un regreso al capitalismo.
En 1997, el gobierno refrendó formalmente el concepto de
que “el sistema de acciones es una forma de estructura de
capital que puede aplicarse tanto en el capitalismo como en el socialismo”.
Ese año, durante la tercera sesión plenaria del XVI
Comité Central del PCCh, el sistema de empresas de acciones
limitadas fue llevado a niveles nunca antes vistos, convirtiéndose
en la principal forma de propiedad pública.
Es difícil asimilar las observaciones de Li si uno se limita
sólo a los detalles técnicos de las fusiones y adquisiciones.
China merece un reconocimiento por propugnar una apertura gradual
de la economía a cada vez más inversión privada
local y extranjera.
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