| La suspensión del programa de enriquecimiento
de uranio de Irán supone una pausa en el sueño nuclear
de la república islámica, pero la difícil decisión
también trae aparejada sus recompensas
Por Hua Liming
(El autor fue embajador chino en Irán)
Justo cuando se avizoraba una nueva crisis, el mundo pudo al cabo
respirar aliviado. El 8 de noviembre, Mark Gwozdecky, portavoz de
la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA),
dijo a la prensa que ese día Irán se había
comprometido oficialmente y por escrito a suspender su programa
de enriquecimiento de uranio, y a aceptar una inspección
más estricta. Previamente, el 21 de octubre, la parte iraní
había prometido en Teherán a la troica europea, integrada
por los ministros de Asuntos Exteriores británico, francés
y alemán, que detendría el enriquecimiento de uranio
y firmaría temporalmente el protocolo adicional del Tratado
de No Proliferación Nuclear (TNP).
Para Teherán se trató de una decisión dura.
La suspensión del programa de enriquecimiento de uranio pospondrá
de modo inevitable la tan acariciada búsqueda del país
de tecnologías nucleares, en especial las tecnologías
de base. Por otra parte, el acceso al protocolo adicional del TNP
permitirá que la AIEA realice inspecciones en su territorio
en cualquier momento y lugar en el futuro, algo que muchos iraníes
consideran una humillación a su país. El gobierno
de presidente Mohamad Jatamí, hasta cierto punto, ha asumido
un gran riesgo político doméstico al tomar la decisión.
Irán, un integrante del "eje de la maldad,” de
acuerdo con la clasificación publicada por el presidente
estadounidense George W. Bush a principios de 2001, es un viejo
enemigo de EE.UU. e Israel, que se muestran decididos a evitar que
la república islámica traspase el umbral nuclear.
La comunidad internacional en su totalidad también se preocupa
de la posible posesión de armas nucleares en Irán.
Sueño nuclear
Sin embargo, Irán, un país con 5.000 años
de extraordinaria civilización, que ha sufrido las tácticas
y humillaciones de las potencias occidentales en la edad moderna,
ha deseado por largo tiempo contar con capacidad nuclear, con vistas
a acrecentar su estatus en la arena política internacional.
Ésta ha sido política de Estado de Irán desde
los años 50, cuando las armas nucleares y los misiles balísticos
se convirtieron en dos símbolos importantes de las grandes
potencias mundiales. La mayoría de los iraníes, sin
importar su credo político, comparten este sueño.
 |
| El 21 de octubre, el presidente iraní,
Mohammad Jatamí, (derecha) recibe a la troica europea
– Jack Straw, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña
(segundo por la derecha), el ministro de Asuntos Exteriores
de Francia, Dominique de Villepin, (a la izquierda) y el ministro
de Asuntos Exteriores de Alemania, Joschka Fischer. Xinhua |
Aunque accedió al TNP en los años 70 y declaró
en varias ocasiones que no investigaría ni poseería
armas nucleares, Irán nunca ha renunciado a su derecho a
desarrollar tecnologías nucleares. Un punto de vista popular
entre los iraníes es lo razonable de conseguir estas tecnologías
en momentos en que algunos de sus vecinos, incluyendo a Rusia, la
India, Paquistán e Israel, están armados con este
tipo de dispositivos, abierta o secretamente. Algunos grupos políticos
en Irán han llegado a exhortar al gobierno a retirarse del
TNP.
Por consiguiente, el programa nuclear es no solamente parte de
la política de Estado en Irán, sino también
una preocupación principal de las masas iraníes. Es
asimismo, y por igual, tema diplomático e interno para los
líderes iraníes, que pueden verse atrapados por cualquier
decisión incorrecta sobre el tema. Los analistas afirman
que la oposición doméstica ha sido la causa detrás
de los ambiguos pronunciamientos de Teherán sobre el asunto
en los últimos meses.
De hecho, el acuerdo alcanzado entre el gobierno de Jatamí
y Gran Bretaña, Francia y Alemania, es la mejor solución
para Teherán bajo las actuales circunstancias. Primero, evitó
que el asunto llegara a la ONU y se produjera la imposición
de sanciones subsecuentes. En segundo lugar, al establecer la cooperación
con Europa y la AIEA, Irán alivió con éxito
las presiones unilaterales de EE.UU. al respecto. Después
de lo pactado, los analistas estiman que ni siquiera Gran Bretaña
se mostrará proclive a sumarse a EE.UU. para ejercer mayor
presión sobre Teherán. Tercero, según los términos
del acuerdo, Irán ganó el apoyo de los tres países
europeos respecto a su derecho a la explotación de la energía
nuclear con propósitos pacíficos y el compromiso europeo
a proveer tecnologías y combustibles nucleares, con lo cual
se da luz verde a la cooperación extranjera con Irán
en los campos relacionados.
Más importante aún, el viaje sin precedentes a Teherán
de los "Tres Grandes Ministros de Asuntos Exteriores de Europa"
ha representado una mejora notable para el ambiente diplomático
de Irán, lo cual puede interpretarse como recompensa a sus
concesiones.
La sabia decisión de Teherán
A todas luces se trata de una decisión sabia. ¿Pero
cómo pueden los tres países europeos impulsar una
solución diplomática de tamaña trascendencia?
En agosto, durante el diferendo entre Teherán y la AIEA
por el programa nuclear de Irán, los ministros de Asuntos
Exteriores británico, francés y alemán enviaron
una carta conjunta a su contraparte iraní, a la cual exhortaron
a suspender el enriquecimiento de uranio y a firmar el protocolo
adicional del TNP. No está claro si la implicación
de los tres países europeos fue motivada por EE.UU. o no,
pero el acuerdo definitivo alcanzado entre las partes simbolizó
de modo predominante la creciente predisposición de Europa
a distanciarse de las imposiciones políticas de EE.UU. después
de las operaciones militares unilaterales de la única superpotencia
contra Irak. Europa mantiene intereses económicos tradicionales
en Irán. Los países del Golfo Pérsico suministran
en la actualidad 60 por ciento de las necesidades energéticas
de Europa, entre los cuales Irán representa una parte considerable.
Mientras tanto, las petroleras europeas, incluyendo a la británica
BP y la francesa Total, han hecho inversiones masivas en los campos
petrolíferos de Irán, que es también un mercado
importante para los productos europeos en el Medio Oriente. Hasta
los años 90, Alemania seguía siendo el mayor socio
comercial de Irán.
Aunque EE.UU. y Europa comparten la oposición hacia la posesión
por parte de Irán de armas de destrucción masiva,
y al fundamentalismo islámico en Irán, cada cual adopta
una táctica distinta al respecto. Después de la revolución
islámica de Irán en 1979, Washington rompió
lazos diplomáticos con Teherán, pero la mayoría
de los países europeos no le siguieron el juego. EE.UU. se
pronuncia por forzar un "cambio de régimen" en
Irán mediante presión, e incluso medios militares,
pero Europa prefiere propugnar un cambio en la actual política
de Irán por medios pacíficos. Comparada con los actuales
tropiezos de los EE.UU. en la reconstrucción de posguerra
en Irak, el exitoso acuerdo entre Europa e Irán demuestra
el fracaso del unilateralismo. En cuanto a Irán, éste
hizo buen uso de las diferencias entre EE.UU. y Europa para granjearse
el favor de la última y solucionar el atasco en las conversaciones
con la AIEA.
La suspicacia de EE.UU.
EE.UU. desconfía de las perspectivas del acuerdo entre Irán
y los tres países europeos. Después de expresar apoyo
al acuerdo con algunas reservas, un funcionario del Departamento
de Estado de EE.UU. expresó sin ambages sus dudas sobre si
el acuerdo podría ponerse la práctica, lo que también
dejó en claro el descontento de Washington, que ha visto
florecer la cooperación sobre el tema nuclear iraní
entre su aliado británico y los países europeos que
se opusieron a la guerra contra Irak.
 |
| 22 de septiembre, un misil de mediano alcance
hecho por Irán durante un desfile militar en Teherán.
Xinhua/Reuters |
Un editorial del New York Times del 21 de octubre dijo
que resulta un imperativo abordar el tema nuclear iraní,
porque los científicos locales han alcanzado las tecnologías
para producir bombas nucleares. El texto enfatizó que la
única manera en que Teherán convence a la comunidad
internacional es desmontando todas sus instalaciones de enriquecimiento
de uranio y comprometiéndose a no reconstruirlas. El editorial
también sugirió que no se permita el funcionamiento
de la central nuclear construida con ayuda de Rusia en la ciudad
portuaria meridional iraní de Bushehr, a menos que el Irán
convenga en encargar el procesamiento de todos los combustibles
necesarios para la planta a fábricas fuera de su territorio,
que las mismas queden sometidas a regulaciones internacionales,
y que los desperdicios de la planta se transporten a ultramar.
Todo apunta a que Washington podría desentenderse del acuerdo
entre Irán y los tres países europeos y continuar
intensificando esfuerzos para evitar que Irán traspase el
umbral nuclear.
El tema nuclear iraní es de hecho una competencia entre
Teherán y Washington. Los acontecimientos posteriores dependerán
principalmente de la actitud de EE.UU. En tanto Washington mantenga
su actual actitud, existirá la posibilidad de nuevos conflictos.
|