| Desde mediados de la década de los
90, China ha recurrido a las finanzas estatales para robustecer su
crecimiento económico, utilizando las mismas para desarrollar
la economía y lograr más productos, entre otros fines.
El resultado ha sido una economía que produce 4,5 millones
de vehículos y exporta $400.000 millones en mercancías.
En lo adelante, según lo decidido por la recién concluida
Conferencia Central sobre el Trabajo Económico (CCTE), las
prioridades de financiamiento del gobierno se concentrarán
en las áreas de mayor significación social, tales como
escuelas, hospitales y fondos de bienestar social. La meta es reforzar
el potencial duradero del país, de modo que el mismo se erija
en campeón del desarrollo económico mundial.
Por FENG JIANHUA
¿Cómo
se las ha arreglado China para mantener un acelerado ritmo de desarrollo
económico en medio de la reciente recesión global?
La mayoría de los expertos considera que el crecimiento de
la nación ha recibido un notable espaldarazo de la política
fiscal proactiva de China, a saber, la estimulación de la
demanda del mercado con la emisión masiva de bonos. Pero
a la vez que aumenta el volumen de bonos lo hace asimismo el déficit
fiscal, mientras se agravan los problemas de proyectos de construcción
superfluos o duplicados, y la inversión ineficaz en algunas
industrias. Los economistas no dejan de preguntarse hasta qué
punto llegará China en su impulso de la política proactiva.
Si se obvian desagradables sorpresas, como la epidemia del Síndrome
Respiratorio Agudo y Grave (SRAG) y las inundaciones del río
de Huaihe, se puede afirmar que este año China ha alcanzado
un desarrollo económico relativamente alto. Según
la Administración Estatal de Estadística (AEE), el
PIB de China en los primeros tres semestres del año 2003
alcanzó 7,9 billones de yuanes ($954.000 millones), para
un 8,5 por ciento más que lo obtenido en el mismo período
del año pasado. Éste ha sido el mayor crecimiento
del PIB nacional de China desde que el país puso en vigor
su política proactiva en 1998. En ese período, la
inversión real en activos fijos creció en 30,1 por
ciento, la tasa más alta desde que en 1978 China iniciara
su política de apertura.
Fan
Gang, director del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas,
estima que los altibajos en el desarrollo económico de China
han coincidido siempre con las fluctuaciones en la inversión.
Un mayor flujo inversionista es positivo para un país en
vías de desarrollo como China, pero la inversión excesiva
puede conducir a una capacidad excesiva de producción. Esto
está sucediendo en toda la nación, incluso a la par
de la escasez y consecuentes alzas de precios en medios de producción
como la electricidad. Una de las principales preocupaciones del
país debe ser la posibilidad de la deflación si la
economía se recalienta, más que la posibilidad de
la inflación.
Según un informe publicado por la oficina representativa
en China del Banco Asiático de Desarrollo, el crecimiento
real de la inversión en la parte continental – deducido
el factor del precio -- ha sobrepasado la cifra alcanzada de 1992
a 1993, cuando la economía se recalentó. Esto también
demuestra que el desarrollo económico de China se hace cada
vez más dependiente de la inversión.
A la vez, se ha informado de una notable cantidad de construcciones
superfluas en los sectores del acero y la tecnología de punta,
las cuales consumen ingentes fondos estatales. Por tanto se han
producido enormes pérdidas en capital del gobierno, mientras
que los préstamos bancarios han subido hasta volúmenes
incontrolables. Esta situación podría desatar una
crisis financiera.
En la CCTE anual de China, sostenida en Beijing, los días
27 al 29 de noviembre, los diseñadores de políticas
dejaron en claro que China continuaría con su política
fiscal proactiva en 2004. Pero dicha política aún
requiere de un ajuste oportuno y apropiado, particularmente con
respecto a los bonos y al énfasis que en la actualidad se
pone sobre la inversión. Tal decisión ayudará
al constante crecimiento de la economía. No sorprende por
tanto que tras la reunión, la atención nacional se
haya concentrado en qué dirección tomará la
política proactiva, así como los posibles ajustes
que la misma puede sufrir.
No podemos desecharla sin más ni más
“Tan difícil es seguir adelante con la política
proactiva como ponerla a un lado,” indica Gao Peiyong, subdirector
del Instituto de Estudios Fiscales de la Academia de Ciencias Sociales
de China. En los últimos cinco años, China ha acumulado
bonos de Hacienda (Bonos T) por valor de más de 2 billones
de yuanes ($242.000 millones); y existe gran preocupación
vinculada a la posibilidad de que dichos títulos provoquen
un riesgo financiero importante, añade Gao. Un apego a la
política proactiva implicará un desarrollo económico
cada vez más dependiente de los gastos fiscales, situación
que no podría durar mucho tiempo. Pero, por otra parte, si
China desiste de la política, es probable que se produzcan
otros problemas. Primero que todo, hay una gran cantidad de importantes
proyectos respaldados por bonos del Tesoro en construcción;
y estos proyectos requieren de un abundante y constante suministro
de dinero. Según estimados de la Comisión Estatal
de Desarrollo y la Reforma (CEDR), la cantidad necesaria es de cerca
de 600.000 millones de yuanes ($7.300 millones). Si se abandona
la política, ¿de dónde saldrá el dinero
para concluir estos proyectos?
En segundo lugar, la política proactiva ha estimulado el
rápido desarrollo económico de China de los últimos
cinco años, y nadie puede apostar a que la nación
mantendrá su crecimiento si el país retira la política.
Gao afirma que China necesita con urgencia de un alto desarrollo
económico para evitar el deterioro de sus problemas sociales,
incluyendo el desempleo y la brecha existente en la distribución
de riquezas.
Sin embargo, Chen Mingxing, principal investigador del Centro Estatal
de Información, no coincide a pies juntillas con Gao. A su
juicio, muchas de estas aprensiones carecen de base en momentos
en que aumenta el flujo inversionista en el continente, y agrega
que el exceso en la inversión del gobierno suele propiciar
pobres resultados económicos. Por otra parte, dice Chen,
una excesiva inversión del gobierno dejará sin lugar
en el mercado a los actores privados. Así las cosas, y con
una retirada gradual de su política proactiva, China asegurará
un mejor desarrollo económico y contará con bases
sólidas para su próxima fase de ampliación.
Cambio cauteloso
Bajo estas circunstancias, el gobierno se ha decantado por una
solución intermedia, que le permita continuar sus políticas
mientras permanece abierto a los ajustes.
En
noviembre pasado, el Ministro de Hacienda, Jin Renqing, dijo que
China ajustaría la dirección y estructura de la inversión
del gobierno, a la vez que mantenía la consistencia y estabilidad
de su política fiscal. Sus comentarios, hechos en un foro
fiscal de alto perfil, fueron tomados como señal de que China
ajustará su política fiscal proactiva el año
próximo.
Wang Bao'an, funcionario del Ministerio de Hacienda, aseveró
poco después que la proporción de inversiones en bonos
de Hacienda en proyectos de construcción se contraería
el año próximo, y que se destinarían más
fondos para la educación rural, la salud pública,
la reestructuración de viviendas y la seguridad social.
Según la publicación China Business Times,
50 por ciento de la inversión en bonos del Tesoro se utilizó
en proyectos comerciales y rentables de 1998 a 2003; algunos de
éstos eran proyectos que no necesitaban subsidios, o no carecían
de dinero. Jia Kang, director del Instituto de Ciencias Fiscales
(ICF), subordinado al Ministerio de Hacienda, sugiere que las inversiones
en bonos del Tesoro se retiren de los campos competitivos y lucrativos,
permitiendo que el mercado asuma el control en la asignación
de recursos.
“El gobierno debe dar más sitio a los inversionistas
privados, en vez de participar tanto en la inversión directa,”
considera Jia. En cuanto a la dirección de la política
para el año próximo, Gao dice que China debe reducir
la emisión de bonos. China emitió bonos de Hacienda
por valor de 140.000 millones de yuanes ($16.900 millones) en 2003,
10.000 millones de yuanes ($1.200 millones) menos que el año
pasado. Al decir de un investigador asociado de la CEDR, China debe
considerar la posibilidad de reducir aún más la emisión
de bonos de construcción a largo plazo entre 2004 y 2005,
y detener la emisión de manera total antes de 2006. En ese
sentido, Chen recuerda que el Centro Estatal de Información
ha sometido una propuesta al Gobierno Central para que los bonos
se reduzcan a 110.000 millones de yuanes ($13.200 millones) en los
próximos años.
China ha comenzado a hacer ajustes a su política fiscal
desde que la nueva dirección política del país
asumió el poder en marzo. Para los nuevos dirigentes constituye
una prioridad construir una sociedad xiaokang (acomodada) y mejorar
los niveles de vida, a la vez que mantiene el desarrollo económico.
La proporción de inversión en la salud pública
y las medidas de ayuda en casos de desastres naturales han aumentado
este año. Como bien señala Chen, la política
proactiva china fue el resultado de un período especial en
el proceso de desarrollo chino. Ha llegado la hora de ajustarla.
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