¿Qué hacemos con nuestras tradiciones literarias?
 

Alabadas y vituperadas por turnos, según soplaran los vientos socio-políticos de la historia de China, las tradiciones literarias del país son objeto de debate hoy, cuando algunos se preguntan qué valor puede tener para un estudiante del siglo XXI aprender de memoria la prosa clásica de los añejos Cuatro Libros y los Cinco Clásicos.

La validez de estos vetustos volúmenes cayó en desgracia por vez primera en el pasado siglo, en 1912, cuando el 19 de enero de ese año el primer ministro de Educación del Gobierno Nacional se pronunció contra la divulgación en la escuela primaria de obras como la Alta Instrucción, La Doctrina del Justo Medio, Las Analectas y Mencio (es decir, Los Cuatro Libros), y El Libro de Los Cambios, El Libro de la Historia, El Libro de los Cantos, El Libro de los Ritos y El Libro de los Importantes Acontecimientos Ocurridos en el Período de la Primavera y el Otoño (Los Cinco Clásicos).

Tal aversión por las letras de antaño se vio reforzada en 1919, año en que el Movimiento del 4 de Mayo enarboló aun más alto la bandera de la reforma literaria, pidiendo un sitio más prominente para la ciencia y la democracia y oponiéndose a los viejos valores confucianos. Este proceso fue llevando paulatinamente al divorcio entre los mencionados títulos y la vida del chino promedio.

Hoy, cuando Internet, los videojuegos y la informática son una presencia constante en la vida de millones de chinos, hay voces que reclaman un retorno a las viejas enseñanzas, quejándose de la creciente ignorancia respecto a las tradiciones literarias del país. De ahí que las mismas se hayan incluido ya en los programas lectivos de 25 escuelas beijinesas. A escala nacional, un millón de infantes aprende prosa clásica, lo que si bien complace a los defensores de los viejos literatos, parece molestar por igual a quienes consideran inútil tal práctica. Los jóvenes, argumentan éstos, no harán más que confundirse, pues no sabrán distinguir la paja del oro en los clásicos.

A favor

Entre aquellos que avizoran un filón positivo en el estudio de la prosa clásica se cuenta Feng Zhe, redactor del Centro para la Guía de la Enseñanza de los Clásicos Chinos a la Infancia. A su juicio, incluso si los pequeños no son capaces de captar a fondo las esencias del contenido literario, sí serán capaces de hacerlo con el paso del tiempo, lo que redundará en una formación más integral de sus virtudes. En este punto coincide Wang Guicai, estudioso taiwanés, quien estima que más que restaurar viajas costumbres, la lectura de los clásicos permite llegar a la esencia de la cultura tradicional, capaz de jugar el mismo papel que desempeñó el Renacimiento en la vieja Europa.

Al decir de Yang Xingyong, director de la Escuela Primaria Daminghulu de Jinan, en la oriental provincia de Shandong, en una época en la cual la tecnología apabulla la mente humana, se debe ofrecer a los niños chinos la alternativa y el beneficio de una tradición cultural que ha sobrevivido por 5.000 años. Yang, cuya escuela se incluye en sus programas de estudios relacionados con los Cuatro Libros y Cinco Clásicos, considera que a la par de los programas obligatorios que impone el Estado en las escuelas, éstas deben gozar de la libertad de incluir cursos complementarios como en su caso. En la Daminglu se recitan cánones y se alienta al estudiantado a crear un vínculo entre lo leído en los libros clásicos y la vida diaria.

Huang Dechang, profesor del departamento de filosofía de la Universidad de Sichuan, opina que los repetidos descuidos en la educación primaria en la parte continental de China, han dejado a ésta a la zaga de Hong Kong, Macao y Taiwan, donde sí se continuó estudiando de forma obligatoria los clásicos literarios.

A pesar de las exhortaciones a retomar estos aspectos algunos años atrás, recuerda Huang, nada ocurrió. La educación no debe ser sólo conocimiento puro, sino también enseñanza para la vida en sociedad. Y eso lo cumplía la cultura tradicional.

Haciéndose eco de este postulado, Yuang Zhongyue, profesor del departamento de chino de la Universidad Pedagógica de Shandong, afirma que tras capear miles de años atrás, la cultura tradicional china tiene mucho que ofrecer a nuestra actual existencia, como se percibe en las referencias a la sinceridad y el auto-perfeccionamiento. De los antiguos, indica, no sólo se aprende su lengua; también se absorbe su sabiduría.

Los clásicos tienen un encanto muy propio, estima Zhou Shunpei, jefe de la Editora Infantil de Shanghai. A su entender, la cultura tradicional es un factor en el crecimiento del individuo y su desconocimiento se traducirá en obstáculos para el desarrollo de la persona, mientras que el escritor Wu Ming considera que la misma marcha a la par de la cultura contemporánea. Mediante su aprendizaje, enfatiza, los jóvenes obtienen una visión integral de nuestra cultura.

Para Zhao Yuzhu, una madre, resulta imposible que el maestro se dedique a influir de manera individual sobre cada estudiante. Es más práctico ponerles en contacto con libros valiosos como Los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos cuando estudian en la primaria, época en que los mismos están más abiertos al conocimiento. Esto influirá sobre toda su vida.

La oposición

Pero en contraste, hay quienes ven en la lectura de tantos volúmenes un ejercicio inútil. Entre ellos se cuenta Lu Yanping, cátedra jefe de chino en la Escuela Primaria Donglu de Beijing. Al respecto dice: Nuestros niños no deben aprender a ciegas de esos libros, que contienen tanta información sin valor. Por mi parte, sugiero que se hagan ediciones extractadas y anotadas de los mismos, adaptándolos al nivel infantil.

Un lector, Wang Xueyou, apunta que algunas escuelas buscan mejorar la capacidad integral de sus educandos poniéndoles en contacto con los clásicos. Sin embargo, considera Wang --cuestionándose lo procedente de aprender de estos volúmenes--, el uso del chino vernáculo debe tener ciertas ventajas sobre el de la prosa clásica, pues de lo contrario no hubiera habido necesidad del movimiento del 4 de mayo de 1919. Si bien Los Cuatro Libros y Los Cinco Clásicos enseñan sobre la autoformación, el comportamiento, la oratoria y la trascendencia, lo hacen con gran profusión de términos feudales prescindibles. Por tanto, los estudiantes absorberán por igual lo bueno y lo malo. Más importante como ejemplo para los chicos será el comportamiento de sus mayores, y quienes ven en las nuevas generaciones una forma de insuflar vida a un agonizante mercado de cultura tradicional, deberían pensar en las limitaciones de la mente infantil para asimilarla.

Otro lector, Li Lun, la emprende contra los métodos escolásticos aplicados durante épocas pasadas. Argumenta: Si los estudiantes no lograban captar los contenidos de los clásicos, sus maestros le hacían repetir los mismos hasta la saciedad. Para los educadores de entonces, la letra sólo entraba con la repetición. Pero en una sociedad como la nuestra, que marcha a pasos agigantados hacia delante, sería poco sabio (con la excepción de los especialistas) dedicarse a estudiar los desfasados términos de esos libros, por no hablar ya de clavarlos mecánicamente en la memoria de los niños.