¿Qué hacer cuando el que pone las reglas también hace las trampas?

 

Por Wang Yusheng

(El autor fue alto funcionario chino ante la CEAP)

Los aranceles que EE.UU. impuso en marzo pasado a las importaciones de acero contravienen las reglas del comercio internacional, según fallo del 10 de noviembre de la entidad de apelaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La OMC ordenó a EE.UU. cancelar las medidas de salvaguarda en un mes; de lo contrario, los demandantes - incluyendo la Unión Europea – estarán en pleno derecho de adoptar medidas de represalia contra las importaciones estadounidenses.

Las medidas de EE.UU. para salvaguardar su producción de acero han afectado la exportación de productos de acero de muchos otros países. XINHUA

La reciente decisión de la OMC no hizo más que confirmar los resultados de investigaciones publicadas en julio, según las cuales EE.UU. viola las regulaciones de la OMC.

La decisión de EE.UU. de poner en vigor por espacio de tres años aranceles de hasta un 30 por ciento sobre las compras de acero generó amplias protestas en la comunidad internacional. Muchos países, entre ellos las naciones de la UE, Japón, la República de Corea, Australia, Rusia y China, acusaron a EE.UU. de violar las reglas de la OMC. Incluso el primer ministro británico, Tony Blair, calificó la decisión de irrazonable e incorrecta.

Pero EE.UU. se mantuvo en sus trece, desoyendo las críticas de la comunidad internacional. El representante comercial estadounidense Robert Zoelick arguyó que los aranceles para las importaciones de acero son legales y razonables, y están refrendadas por varias razones.

Por lo tanto, la UE, Japón, la República de Corea, Brasil, Suiza, Noruega, Nueva Zelanda y China presentaron un pleito conjunto ante la OMC.

En ese momento, las medidas proteccionistas de EE.UU. devinieron preocupación de primer orden para muchos diplomáticos de naciones en desarrollo miembros de la CEAP. Un diplomático preguntó: “no es acaso EE.UU. el abanderado del libre comercio mundial?” “Siempre ha predicado que la libertad comercial es el único camino lógico para el desarrollo económico, y que el proteccionismo comercial no tiene ningún futuro. Ahora resulta que pone las trampas a sus propias reglas”, dijo el diplomático.

Washington perdió la querella y su posición de superpotencia defensora del libre comercio. Sin embargo, todavía mantiene resistencia a acatar la decisión ante la entidad competente de la OMC, argumentando que se dedicará a estudiar cuidadosamente el asunto.

Apenas ocho días después, Washington anunció un plan para imponer cuotas a tres tipos de productos textiles importados desde China. Casi a la par, el Secretario de Comercio de EE.UU. Don Evans, dijo en un artículo que su país siempre ha promovido el libre comercio y la competencia leal, y exhortó a China a levantar sus barreras comerciales. A su juicio, EE.UU. tiene una causa justa para presentar violaciones por parte de sus socios comerciales de las reglas actuales de la OMC.

Esto es ridículo, algo así como el caco que grita, “atajen al ladrón.”

El artículo de Evans y la retórica al uso hoy en EE.UU. sobre los conflictos comerciales con China pueden atribuirse parcialmente a la necesidad de la administración de Bush de ganar a los votantes implicados en la industria del acero de la nación, durante la etapa preelectoral, según algunos informes de la prensa estadounidense. Ciertos medios informativos critican estas acciones, tildándolas de funesto precedente.

EE.UU. está en un dilema. Si acepta la decisión de la OMC, perderá su posición de abanderado del libre comercio. Por otra parte, el aceptarla también podría afectar la popularidad de George W. Bush en los tres estados grandes productores de acero. Si rechaza aceptar la decisión, otras naciones miembros de la OMC pueden tomar represalias, lo que podría dar lugar a una guerra comercial a través del Atlántico. Y los estados que sufran sanciones de represalia no se quedarán de brazos cruzados.

La cooperación económica internacional descansa en principios fundamentales comunes – competencia y toma de decisiones justas. EE.UU. debe acatar la justa decisión de la OMC, una organización que Washington ha elegido para regular un comercio mundial libre y justo.