Prisiones, no beneficios
 

Por WANG JUN

Preocupada por las nefastas consecuencias que puede ocasionar la mezcla de la reeducación de los presos con la actividad de negocios, China pretende reformar su sistema penitenciario de modo que la policía se concentre en la rehabilitación de los internos más que en la obtención de beneficios económicos para las cárceles.

Internos leyendo en la Biblioteca de la Prisión de Fuqing, provincia de Fujian ZHANG SHENGGUI

El 8 de agosto, el Ministro de Justicia Zhan Fusen afirmó que la reforma del sistema penitenciario se pondría en marcha en seis provincias y municipios a partir del 1 de septiembre. El principal objetivo de la misma es desligar a las prisiones de las empresas a través de las cuales se financian.

El trabajo realizado para estas empresas por los internos no sólo les mantiene ocupados en la producción sino que al mismo tiempo también reduce el peligro de disturbios, catalizados muchas veces por la falta de actividades constructivas. Mientras llevan a cabo las tareas que les son asignadas, se mejora la eficiencia operativa y se contribuye a que adquieran buenos hábitos de trabajo, el sentido de la responsabilidad y el espíritu de equipo. Además, adquieren las habilidades básicas de determinados oficios, lo cual les ayudará durante y después de su rehabilitación. La Ley de Prisiones china estipula que todo interno en buen estado de salud debe realizar algún trabajo físico. Pero debido a que bajo el actual sistema de prisiones, tanto las cárceles como las empresas que se benefician del trabajo de los internos están bajo la dirección de los funcionarios de prisiones y es difícil lograr una adecuada rehabilitación de los presos, dicho sistema necesita reformarse.

En una economía de mercado, el funcionamiento de empresas asociadas a prisiones, implica muchos desafíos. Los internos necesitan una motivación continua para trabajar, así como una intensa capacitación que les permita aprender las técnicas necesarias. Además, las limitaciones de seguridad y actividad restringen las opciones de las empresas que operan en las cárceles. Por razones de seguridad, la mayoría de las prisiones se localizan en zonas aisladas de las ciudades, por lo que muchas han tenido que construir cerca hospitales, escuelas, guarderías infantiles, fábricas y granjas.

Por otro lado, los funcionarios de prisiones no prestan suficiente atención a la labor de rehabilitación de los presos porque están ocupados de las empresas y negocios asociados. Los oficiales de policía, encargados realmente de la reeducación de los internos, no llegan al 8% de la fuerza total de policía que labora en las prisiones, lo que dista mucho de la proporción del 30% en Europa o Estados Unidos. En muchas prisiones, los funcionarios se seleccionan más por su experiencia y habilidad en el desarrollo y la dirección de negocios que por sus conocimientos en materia de rehabilitación y disciplina. Además, si los internos contribuyen a que las prisiones obtengan beneficios, pueden conseguir reducciones en sus condenas, la libertad bajo fianza o cualquier otro trato preferencial. Pero obviamente, esto no necesariamente significa que estén rehabilitados.

“En un sistema como éste, el tiempo asignado para la reeducación del comportamiento de los internos es bastante escaso debido a la insuficiencia de la fuerza policíaca y de la financiación gubernamental”, dijo Peng Yulong, director del Departamento de Administración de Cárceles de Beijing.

Un preso habla con su madre en la Penitenciaría de Yinchuan, región autónoma de la etnia hui de Ningxia LIU QUANLONG

El presupuesto asignado por el gobierno para el funcionamiento de las prisiones cubre ahora sólo cubre una parte de los gastos de éstas; el resto lo financian las empresas comerciales asociadas. Si dichas empresas generan beneficios, entonces las prisiones están sólidas en lo financiero. Si por el contrario los negocios asociados no funcionan bien, los gastos no pueden cubrirse, lo que hundirá al sistema en una situación caótica.

Al mismo tiempo, el sistema actual también bloquea el crecimiento de las compañías que llevan a cabo su producción en las prisiones. Al igual que las instituciones administrativas, las cárceles tienen un mecanismo de funcionamiento distinto al del mercado. En la economía de mercado, la información y el conocimiento sobre las necesidades de los consumidores y la rápida respuesta a sus demandas son de vital importancia. Pero para las empresas ligadas a las penitenciarías, el flujo de información es muy limitado, lo cual afecta a la rapidez con la que deben tomar decisiones con respecto a las demandas del mercado. Teniendo en cuenta cómo se gestionan la mayoría de estas empresas, no es extraño que estén fuertemente endeudadas.

Lo que es más, como las prisiones son las que gestionan estos negocios, también tienen control sobre el movimiento de ingresos y gastos. La supervisión exterior es muy escasa y la corrupción un hecho habitual, lo que supone una razón más para el apoyo a la reforma.

Con la puesta en marcha de la reforma se crearán dos sistemas independientes. Uno es el de administración de la prisión, cuya misión consiste en velar por el cumplimiento de penas, castigos y rehabilitación de los internos. Este sistema se regulará por la Ley de Prisiones china. El otro sistema el de gestión de empresas, que se centrará exclusivamente en las empresas ligadas a las instituciones penitenciarias. Estas empresas serán reguladas de acuerdo a la Ley de Corporaciones china y deberán proporcionar trabajo a los presos, con el objetivo. Una vez que las prisiones y las empresas estén separadas, serán instituciones independientes, pero subordinadas a las autoridades penitenciarias provinciales y a las compañías de propiedad estatal relacionadas. A partir de ese momento, las prisiones dejarán de recibir ingresos de las empresas ligadas a ellas y el coste de su funcionamiento correrá exclusivamente a cargo de los gobiernos provincial y central.

A la mayoría de los oficiales de policía que trabajen en las empresas asociadas a las prisiones, les serán encomendados el control y la reeducación de los internos, en tanto los funcionarios de prisiones no tendrán que preocuparse más por la financiación suficiente o por cuestiones de personal. El Estado y los gobiernos provinciales controlarán los ingresos y gastos de las prisiones, con el fin de contener la corrupción ocurrida en el sistema de prisiones.

Peng Yulong expresó que debido a que el plan de reforma afecta a muchas personas y activos, “debemos proceder de forma discreta y asegurar una transición segura tanto de las empresas ligadas a las instituciones penitenciarias como de su personal”. El Ministerio de Justicia comenzará a experimentar con la reforma en Heilongjiang, Shanghai, Jiangxi, Hubei, Chongqing y Shaanxi.

Para apoyar los programas piloto, el Estado y los gobiernos provinciales invertirá en las prisiones del país más de 1.000 millones de yuanes (US$121 millones) este año, y 4.000 millones de yuanes (US$483 millones) cada año siguiente en caso de que la reforma se extienda a todo el país. El plan de reforma también prevé que los beneficios generados por el trabajo en la prisión sean utilizados para mejorar las condiciones laborales y de vida de los internos, así como para hacer más competitivas a las empresas susodichas.