Impacto de la guerra de EE.UU. contra Irak sobre el conflicto palestino-israelí
 
--Las influencias negativas de la guerra representarán nuevos obstáculos para la solución del conflicto palestino-israelí.

por Li Guofu (Investigador del Instituto de Estudios Internacionales de China)

La guerra de EE.UU. para derrocar al régimen de Sadam Husein ejercerá una influencia significativa en la región del Medio Oriente, particularmente entre los palestinos e Israel, lo que redundará en grandes cambios para la situación regional. 

El gobierno de Sadam ha sido un apoyo importante en la resistencia de los palestinos contra Israel. El pueblo iraquí efectuó en varias ocasiones manifestaciones en apoyo a los palestinos, y proporcionó tratamiento médico a los palestinos heridos. Pese a las sanciones de la ONU en su contra, Irak ofreció 10.000 dólares a los palestinos heridos y 20.000 dólares a los familiares de los palestinos muertos en el conflicto palestino-israelí. Después de la guerra lanzada por EE.UU., si toma posesión un régimen pro-estadounidense en Bagdad, los palestinos habrán perdido un importante sostén.

Para Washington, el derrocamiento del régimen de Sadam constituye una segunda etapa de la lucha antiterrorista, tras lo cual proseguirá dicha campaña en la zona. Se estima que EE.UU. recurrirá, en un corto plazo, a medios políticos, económicos y diplomáticos, más que a la fuerza, para ejercer presión sobre naciones como Irán y Siria, consideradas

promotoras del terrorismo. Se les exigirá dejar de apoyar a las "organizaciones terroristas" en el Medio Oriente, incluyendo a Hizbolá, Hamas y Yijad. Una reacción negativa podría convertirlas en blanco del poderío castrense de EE.UU.

Irak, primera trinchera anti-EE.UU. y anti-Israel en el Medio Oriente, se convertirá en una nación favorable a los intereses de la Casa Blanca. Como resultado, se estima que disminuya la creciente fuerza de los radicales involucrados  en el conflicto palestino-israelí. Al mismo tiempo, los cambios en Irak permitirán el aumento de la fuerza de los moderadores y de su influencia en los asuntos regionales.

La guerra profundizará las discrepancias entre los países árabes, debilitando su fuerza integral. Al mismo tiempo, el balance estratégico entre los palestinos e Israel se inclinará a favor de esta última, que pasará a llevar la voz cantante en eventuales negociaciones.

Mayor presión sobre los palestinos

La guerra en Irak ha desviado la atención internacional del conflicto palestino-israelí. Debido a la demora en la formulación de una denominada “hoja de ruta” para el diferendo palestino-israelí, como forma de ayudar a que las partes reanuden las negociaciones, dicho conflicto tendrá que esperar a que concluya la invasión a Irak para recuperar la atención que merece. Con el fin de apaciguar el resentimiento de los árabes hacia la guerra contra Irak, la Administración Bush podría entonces dedicarse a llevar a los palestinos y a Israel de vuelta a la mesa de negociaciones, forzando a Israel a hacer mayores concesiones. 

Sin embargo, no hay que olvidar que la posición pro-Israel de EE.UU. no ha cambiado en lo fundamental, por lo que cabe deducir que toda presión de Washington sobre Tel Aviv será limitada. Ya lo dejó bien en claro el Presidente Bush durante la cena anual del Instituto de Empresas Estadounidenses, el 26 de febrero. Dijo en la ocasión que EE.UU. espera que Israel haga mayores esfuerzos en pro del establecimiento de un Estado palestino, mediante negociaciones con los palestinos "cuando la amenaza del terror se haya eliminado y se haya fortalecido la seguridad" y "cuando se consiga progresar hacia la paz y se congelen los asentamientos judíos en los territorios ocupados". De todo esto se deduce que mayores presiones recaerán sobre los palestinos.    

Desde que comenzó su guerra antiterrorista en la región del Medio Oriente, la Administración Bush incluyó la lucha palestina contra los ataques "terroristas" israelíes en su lista de objetivos. El 24 de junio de 2002 Bush, en sus nuevas sugerencias para solucionar el conflicto palestino-israelí, criticó el apoyo de Arafat al terrorismo. Bush se pronunció por cambios radicales en la dirección palestina, a la cual presionó para efectuar reformas políticas y detener los ataques terroristas contra Israel. Esta es una premisa para que el Estado palestino obtenga el apoyo estadounidense. En un discurso reciente, Bush demandó que los palestinos escogieran un nuevo líder y abandonaran el terrorismo. Obviamente, Arafat es el segundo líder árabe al que EE.UU. espera derrocar después de Sadam. Por consiguiente, EE.UU. puede forzar a los palestinos a llevar a cabo reformas políticas para convertir a Arafat en un mero testaferro y tomar medidas para luchar contra los extremistas palestinos.    

En una reunión reciente celebrada en El Cairo, capital de Egipto, la principal formación política palestina y otras organizaciones exhortaron a detener los ataques suicidas terroristas contra Israel. En respuesta a las demandas de EE.UU., la Unión Europea y Rusia, Arafat aprobó la creación del puesto de primer ministro y nombró a Mahomet Abbas, conocido como Abu Mazen, para esta posición. Los palestinos podrían eventualmente detener los ataques terroristas de los extremistas contra Israel. De tal forma se podrían suavizar las tensiones, pero es poco probable que se ponga un punto final al prolongado conflicto.