Guerra contra Irak acarreará desgracias infinitas
 
La aspiración de los pueblos del mundo a la paz ha sido defraudada otra vez por el fuego de los combates del Golfo. La tierra de Irak está ardiendo, la región del Golfo, conocida como "depósito petrolero mundial", está temblando y la guerra continúa en medio de enérgicas oposiciones. Se puede afirmar que la actual guerra de Irak ocasionará catástrofes humanitarias mucho peores que la anterior.

Irak, un país de peso en la región del Golfo, desempeña un papel trascendental en la estabilización de la situación en esta región e incluso en todo Oriente Medio. Según ha declarado EE.UU., la actual guerra persigue el objetivo de derribar el régimen de Sadam y desarmarlo por completo para quitar su apoyo brindado a las actividades terroristas al mismo tiempo de conjurar la amenaza de sus armas de destrucción masiva para EE.UU. El empleo estadounidense de la fuerza para cambiar a Irak significa, desde el punto de vista del derecho internacional, un serio acto de dañar la soberanía, independencia e integridad territorial iraquíes, desequilibrará gravemente la situación de la región del Golfo, un punto clave estratégico y económico en el mundo, originará múltiples factores de inestabilidad y, como consecuencia, engendrará nuevos peligros y riesgos latentes.

El insolente ataque de tropas estadounidenses contra Irak y el reforzamiento de la presencia militar de EE.UU. en la región del Golfo producirán una serie de variables inciertas en las relaciones internacionales de la región de Medio Oriente, en el proceso de paz de esta región y en la lucha antiterrorista mundial. Tras la guerra del Golfo de 1991, EE.UU. ha consolidado y expandido en toda regla su esfera de influencia en dicha región y ha construido un pasillo estratégico del Golfo al mar Caspio, en el intento de poner bajo su control el Medio Oriente y Asia Central, los dos grandes "depósitos petroleros" del mundo, lo que recrudecerá inevitablemente la disputa y rivalidad entre las partes interesadas. Por otro lado, el ataque armado de EE.UU. a Irak y el acantonamiento de tropas estadounidenses en la región del Golfo, así como el imprevisible futuro del proceso de paz en Medio Oriente y la prolongada demora en la recuperación de los derechos legítimos del pueblo palestino, darán por resultado inevitable una continua alza de la disposición de ánimo antinorteamericana de los países árabes y de todo el mundo islámico, una difícil reparación de las fisuras internas de los países árabes, una resistencia y desafío para la estrategia de EE.UU. de restablecer el orden político en Medio Oriente y un ambiente favorable a la proliferación del terrorismo.

La actual guerra surtirá también efectos negativos sobre la economía del propio EE.UU. y del mundo entero. Costará caro a EE.UU. y a sus aliados. Según ha estimado la Casa Blanca, los gastos en los preparativos para el ataque armado a Irak fueron de 6.000 a 13.000 millones de dólares mensuales. Si la guerra marcha sin tropiezos, los gastos rondarán los 200.000 millones de dólares, o sobrepasarán los 1.900.000 millones si la guerra tarda mucho tiempo, sin contar las pérdidas indirectas, que son difíciles de calcular. Un experto prevé que, si la guerra dura seis semanas, la economía mundial será menos afectada. Si dura tres meses, la economía estadounidense se verá "estancada" y el crecimiento económico de Asia Oriental y eurozona se reducirá en la mitad. Si dura de tres a seis meses, la depresión de la economía global se prolongará hasta fines de 2004. El ataque y la ocupación de Irak por EE.UU. para cierto tiempo conducirán al "derrumbe en toda la línea" de la industria turística de la región de Medio Oriente, pondrán en desórdenes para un corto plazo el suministro de petróleo a escala global y ocasionarán a la economía mundial pérdidas de unos 2.000.000 millones de dólares.

Aunque la guerra de Irak se ha desencadenado, no van a cesar las pugnas entre la fuerza defensora de la paz y la fuerza bélica. La paz beneficia a todas las partes mientras que la guerra acarrea desgracias infinitas. A medida que se propaga la guerra del Golfo, se elevará más alto la voz de la comunidad internacional que clama por la suspensión de las hostilidades y se opone a la guerra. (Diario del Pueblo)