Un soplo de aire fresco para las negociaciones israelo-palestinas

 

Después de otro período de violencia, ¿logrará el acuerdo no vinculante sentar las bases para la paz duradera entre israelíes y palestinos?

El acuerdo de Ginebra propone soluciones para todos los problemas, incluida la obtención del apoyo de Washington.

Por LI GUOFU

(El autor es investigador del Instituto de Estudios Internacionales de China)

1 de diciembre, el líder de la delegación palestina, Yasser Abbed Rabbo (izquierda) y su contraparte israelí, Yossi Beillin, celebran la firma del acuerdo de Ginebra en esa ciudad suiza. XINHUA/REUTERS

En un intento por terminar con la más reciente ronda de muertes, políticos israelíes y representantes palestinos se dieron cita el 1 de diciembre de 2003, en Ginebra, Suiza, para conformar un documento no gubernamental llamado acuerdo de Ginebra.

El acuerdo es el resultado de dos años de esfuerzos por parte de los palestinos e israelíes que respaldan la paz. Desde el fracaso de los acuerdos de paz de Oslo, ambas partes han estado sujetas a frecuentes conflictos sangrientos; por ello, los partidarios de la paz de ambas partes comenzaron a proponer acuerdos capaces de conducir a la región hacia una paz duradera. Sus deseos de crear un acuerdo aceptable para ambos bandos ganó el apoyo del gobierno suizo, que facilitó las reuniones secretas en Ginebra.

Después de varias discusiones, los representantes de los dos lados finalmente alcanzaron un acuerdo de paz en Jordania, el 12 de octubre, el cual fue firmado formalmente en Ginebra el 1 de diciembre. El protocolo fue denominado acuerdo de Ginebra en reconocimiento a la ayuda y apoyo de Suiza.

El interés internacional

La rúbrica del documento mencionado originó gran interés en la comunidad internacional. El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, aplaudió los resultados, diciendo que se trataba de una decisión valiente tomada para romper el impasse y ganar apoyo para el proceso de paz. Agregó que es necesario acoger y alentar el acuerdo, aunque no tenga el poder de un documento oficial.

Líderes de 50 países -- incluyendo a Francia, Alemania, Gran Bretaña y Rusia-- expresaron su beneplácito hacia el acuerdo. En su carta al ex Fiscal General israelí, el Secretario de Estado de EE.UU. Colin Powell dijo que el acuerdo es importante con vistas a mantener el diálogo y una atmósfera más productiva entre las partes.

China saluda la firma del acuerdo como paso significativo hacia la paz en el Medio Oriente. El mismo tendrá una influencia positiva en la región y promoverá el proceso de paz.

Los términos del acuerdo

El acuerdo estipula un alto al fuego basado en la resolución 142 de la ONU, el principio de “tierra por paz” y los resultados de las conversaciones de paz de Oslo. El mismo propone soluciones para los problemas más sobresalientes, tales como el control sobre la ciudad santa de Jerusalén.

Según el acuerdo, las partes pueden establecer una frontera que responda a la línea real de control -- la línea verde – creada de la tercera guerra Árabe-Israelí en 1967. Las tropas israelíes se retirarían de territorio palestino e Israel intercambiaría áreas iguales de tierra con los palestinos por asentamientos judíos populosos. Si el acuerdo entre en vigor, la parte palestina recuperaría 98 por ciento de las tierras en Gaza y Cisjordania.

En términos de seguridad, el acuerdo estipula que Palestina será un país desmilitarizado y que no podrá organizar un ejército formal. Puede tener una fuerza de seguridad reducida con armas ligeras y, a excepción de las tropas de seguridad, ningún otro cuerpo o personal debe poseer, portar o utilizar las armas.

Con respecto a Jerusalén, cada parte gobernará la mitad de la ciudad. La mitad del este pertenecerá a Palestina y la parte occidental a Israel. La parte vieja de Jerusalén también estará dividida en dos, que se distinguirán por diversos colores. En cuanto al sitio más sensible, el templo del Monte, el acuerdo dice que el “Muro de las Lamentaciones” pertenece a Israel y la Mezquita del al-Aqsa a Palestina.

Oposición israelí

Aunque el Partido Laborista Israelí dio la bienvenida al documento, el primer ministro Ariel Sharon rechazó dar el visto bueno, alegando que contaría su posición respecto a Palestina. Sharon ha reafirmado en muchas ocasiones que Jerusalén es la capital de Israel y sólo está de acuerdo en devolver 65 por ciento del área en Cisjordania a los palestinos. Su idea es alcanzar primero un acuerdo provisional con los palestinos, y entonces solucionar los temas individuales paso a paso. Y lo más importante, Sharon insiste en que Israel no participará en ninguna negociación política con los palestinos hasta que éstos depongan por completo las acciones violentas contra los israelíes.

Un guardia israelí protege un asentamiento judío en la Franja de Gaza. XINHUA/REUTERS

En opinión de Sharon, en momentos en que Israel intenta neutralizar las acciones terroristas palestinas, el acuerdo de Ginebra no hará más que acentuar las presiones de la comunidad internacional para que Israel deponga sus ataques contra los palestinos. Sharon condenó el protocolo en público, y culpó a los izquierdistas israelíes que lo defienden, tildándoles de traidores. Dijo incluso que para Israel, aceptar el acuerdo equivale a cometer suicidio.

Israel tampoco está satisfecha con el papel que Suiza y EE.UU han desempeñado en el acuerdo. El vice primer ministro de Israel Ehud Olmert criticó a Powell el 2 de diciembre. Afirmó que el gobierno estadounidense ha tomado una medida incorrecta en el plan de la paz, y que Powell no ayuda al proceso de paz.

Para mostrar el descontento y el desprecio hacia el acuerdo, las tropas israelíes atacaron la de Ramala en Cisjordania el mismo día que se firmó el acuerdo. En la incursión mataron a tres miembros de Hamas (el movimiento de resistencia islámico) e hirieron a numerosos civiles palestinos. Se especula que Sharon eligió ese día para la incursión con el fin de crear tensiones entre las partes, provocar una reacción de los extremistas palestinos y finalmente socavar el documento.

Reservas palestinas

Las reacciones palestinas ante el protocolo parecen más complejas y sutiles. Una gran proporción del público palestino está insatisfecha con varias cláusulas del documento. En particular, hay quejas sobre el tema de los refugiados palestinos, en el cual muchos creen que el pliego ginebrino se queda corto.

El día que se firmó el acuerdo, centenares de refugiados salieron a las calles de Cisjordania para protestar. Rafik al Natsha, presidente del Consejo Legislativo Palestino, precisó en una asamblea contra el plan de Ginebra que las contradicciones entre palestinos e israelíes se desprenden de los desacuerdos sobre el tema de los refugiados, y que si el derecho de los refugiados palestinos a volver a su antigua tierra, que ahora es parte de Israel, no se reconoce, nunca habrá paz.

Algunos palestinos radicales y personalidades famosas marcharon en protesta por las ciudades cisjordanas el día en que se firmó el acuerdo. Cuando los representantes palestinos que firmaron el acuerdo regresaron de Suiza, se vieron rodeados de compatriotas insatisfechos. Y atendiendo a la reacción pública hacia el documento, el presidente palestino Yaser Arafat y el primer ministro Ahmed Qurei, rechazaron apoyarlo, aunque expresaron su satisfacción en público al respecto.

Importante a pesar de los pesares

El acuerdo de Ginebra sigue teniendo un gran significado para las futuras negociaciones de paz entre palestinos e israelíes, aunque es un documento solamente oficioso.

El acuerdo recoge los frutos de las Propuestas de Paz de Camp David de julio de 2000, y las pláticas de Taba en enero de 2001. El mismo recoge las demandas de ambas partes en cuanto es posible, y complementa el plan de Hoja de Ruta, propuesto por EE.UU., Rusia, la Unión Europea y las Naciones Unidas. La Hoja de Ruta apenas delineó el principio básico de que Palestina debe ser un estado. De manera vaga describe las perspectivas de las relaciones entre Palestina e Israel, aunque deja fuera problemas sensibles como la propiedad de Jerusalén, las fronteras y el tema de los refugiados. El acuerdo de Ginebra propone soluciones a todos estos dolores de cabeza, incluso la búsqueda del apoyo de Washington. A pesar de la enérgica oposición de Israel, Powell se reunió con los negociadores principales de ambos bandos, según lo programado.

La situación actual entre los palestinos e Israel demuestra que aún deberá pasar un buen tiempo antes de que el acuerdo de Ginebra se materialice. Esto no solamente se debe a la oposición del gobierno de Sharon, sino también porque las concesiones hechas a Palestina en el acuerdo rebasan con creces las propuestas de paz del ex primer ministro israelí Ehud Barak, en la cumbre de Camp David de 2000. Es por ello que muchos israelíes encuentran inaceptables las cláusulas de la nueva propuesta. Según una encuesta de un periódico israelí el 30 de noviembre, 38 por ciento de los israelíes se opuso al acuerdo, mientras que solamente 31 por ciento de ello lo apoyó. Los palestinos también necesitan pensar con cabeza fría y reconsiderar las realidades que encaran, y que son legado de la historia y la guerra.

Sin embargo, después de tres años de sangriento conflicto, cada vez más israelíes se percatan de que la paz y la seguridad de Israel no se deben construir aplastando los intereses básicos de los palestinos. A la vez, los palestinos también han reconocido que solamente con negociaciones pragmáticas y flexibles con Israel podrán alcanzar el sueño duradero de tener su propio país. El acuerdo de Ginebra suministra a ambos lados un modelo mutuamente aceptable para la paz. En este sentido, el mismo adquiere una especial trascendencia histórica, a la vez que alimenta las esperanzas de que se logre una paz final y duradera para palestinos e israelíes.