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Agitada crónica de un turista involuntario en Hangzhou
Por Isidro Estrada
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| Las motos son populares en Hangzhou. |
Apenas puse pie en Hangzhou, la nostalgia me atenazó con
fuerza por la garganta: un toque de mi lejano Caribe me daba la
bienvenida. En los platanales ralos y los mechones de caña
de azúcar que pespuntean la carretera desde el aeropuerto
Xiaoshan hasta el centro de la ciudad, se anunciaba un conato de
trópico. Aunque ya mediaba octubre al momento de nuestra
llegada, la temperatura meridional me sorprendió con un leve
frescor en la mejilla. Mientras la gelidez otoñal y la grisura
de un cielo encapotado por el tráfico y la lluvia se apoderaban
de Beijing, Hangzhou nos recibía con su límpida atmósfera
subtropical. Si todo lo que bien empieza, según reza el dicho,
debe acabar igual, no cabía más que esperar que nuestros
cinco días por el sur de China compensaran con creces cualquier
contrariedad.
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| Arquitectura de Hangzhou: singular combinación
de la tradición arquitectónica china y la influencia
occidental. |
Debo confesar ante todo que no tengo madera de turista. Me dan
urticaria los viajes organizados, en los cuales todo se ofrece desmenuzado,
pret-a-porter, listo para consumo de los entendimientos
más aletargados. Nada me seduce más que salirme siquiera
un tanto del sendero trillado, ¡y bienvenido sea cualquier
extravío por desconocimiento del lugar! No encuentro mejor
aliciente que conocer gente nueva y preguntar - aun desconociendo
el idioma -, indagar con los funcionarios cuando es pertinente,
pero también averiguar con y sobre el ciudadano de a pie.
Creo que es la mejor manera de ubicar el alma de una nación,
o de una ciudad, como era el caso. En Hangzhou nuestra visita estaba
planificada por los anfitriones de la Oficina de Información
local, sólo para el disfrute visual continuado, sin sobresaltos
ni desvíos y, sobre todo, sin pausas para la necesaria investigación.
Cuando estaba a punto de comenzar a rascarme, sin embargo, debo
admitir que el espectáculo que se ofreció imponente
ante mí surtió el efecto del mejor bálsamo
para la irritación epidérmica.
Un derroche de naturaleza sin mataduras, sumado a una primorosa
obra humana, más la amabilidad de nuestros anfitriones, terminaron
por vencerme. Con la bandera blanca en la mano depuse mis prejuicios
por un tiempo y me entregué al turismo. Hoy deseo tentar
a otros que piensan como yo, para que si se aventuran hasta Hangzhou
no se avergüencen de sumarse por un rato a las filas de los
vencidos.
Un salto hasta el Edén chino
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| Pagoda Leifeng cerca de las orillas del Lago
del Oeste. |
Dicen los chinos- y no se cansan de repetirlo - que en el Cielo
está el Paraíso y en la Tierra Suzhou y Hangzhou.
La comparación resulta válida con creces en el segundo
caso, que es el que conozco. Esta ciudad de poco más de seis
millones de habitantes (1,6 millones en el área metropolitana)
sirve de cabecera a la meridional provincia de Zhejiang, en la cual
funge asimismo como centro político, cultural y económico.
Asentada a apenas 180 kilómetros de la populosa Shanghai,
Hangzhou es una piedra de altos quilates engastada en el curso inferior
del río Qiantang, famoso por las gigantescas olas que cada
agosto atraen a miles de turistas de todas partes, deseosos de contemplar,
e incluso empaparse - aun a riesgo de sus vidas -, con el ocasional
chaparrón que produce esta vía fluvial.
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| Vistas del Lago del Oeste. |
Al clamor popular respecto a las bondades de este simulacro de
paraíso terrenal, cabe agregarse la opinión que en
el siglo XIII vertió el incansable explorador Marco Polo,
quien a pesar de ser uno de los primeros grandes turistas de la
historia, no tenía que ceñirse a programa turístico
alguno: “Esta es la ciudad más hermosa que he visto,”
afirman que dijo a su paso por Hangzhou. Tanto gustó el sitio
al italiano que decidió sentar fueros allí por un
tiempo, desempeñándose como su gobernador, en representación
de la dinastía Song meridional.
Por aquel entonces la mayor importancia de la ciudad estaba dada
por su puerto de mar, a través del cual se comercializaba
una de las mejores sedas que haya dado China. Por tanto, al quedar
obstaculizado el paso en la vía portuaria por la acumulación
del lodo, comenzó a declinar la atracción de la urbe.
Desde la estancia de Polo en Hangzhou ha llovido mucho, y a pesar
de los altibajos, la ciudad ha mantenido un curso de relativa prosperidad.
Hoy sigue siendo un emporio de la buena seda, a lo que se suman
renglones más actuales como productos químicos, confecciones
de algodón, acero y una efervescente industria alimenticia.
Añádase a sus atractivos la disponibilidad de múltiples
reliquias históricas y, como ya señalé, algunas
de las vistas más subyugantes del entorno natural chino.
En chalupa por el Lago Oeste
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| Vistas del Lago del Oeste. |
Privilegiado en el panorama visual de Hangzhou, el Lago Oeste justifica
por sí solo el viaje hasta esos confines. Amén del
disfrute estético, el lago y sus alrededores constituyen
un entretenido, aunque no menos didáctico, recorrido por
la historia china. Quienquiera que se interese por las particularidades
de las pasadas dinastías, lléguese por allí.
Sugiero primero explorar sus orillas en transporte terrestre, para
después lanzarse en un bote a navegar sus apacibles aguas.
Son 60 kilómetros cuadrados en total, de los cuales 5,68
corresponden al área acuática propiamente. Enmarcados
en este espacio se encuentran 40 puntos pintorescos y 30 sitios
históricos. El lago queda partido en tres sectores por los
pasos Su y Bai: el lago exterior, el interior y el trasero. Dentro
del embalse hay cuatro islotes: la Colina Solitaria, la Pequeña
Yingzhou, el Pabellón Central del Lago y el Montículo
Ruangong. Entre las colinas frondosas y edificios jardineros que
rodean al lago, se pueden contemplar los denominados Diez Puntos
Famosos de Interés, a saber, el Manantial en el Paso Su,
la Luna de Otoño sobre el Lago en Calma, el Observatorio
de los Peces en el Parque Huanggang, el Sitio para Escuchar el Canto
de las Oropéndolas entre los Sauces, los Dos Picos que Alcanzan
las Nubes, los Tres Estanques que Reflejan la Luna, el Sol Poniente
sobre la Pagoda Leifeng, la Vista de la Campana Crepuscular desde
el Templo Jingci, el Loto Danzante en el Patio Profundo y la Nieve
que se Derrite sobre el Puente Roto. Por fortuna, la lista de nombres
tan peculiarmente chinos ha quedado reducida a una decena. Imaginen
cómo sería cuando la relación se extendía
a 18, y hasta 24 sitios. Un verdadero desafío a la memoria
y la capacidad de traducción de los guías locales.
Menos presionantes para el oficio de estos últimos son las
leyendas que con los años se han ido tejiendo al conjuro
de los encantos y misterios lacustres. La simpática hangzhounense
Guo Liaoning, Jessica, según su sobrenombre en inglés,
me contó algunas de estas historias milenarias, que parecen
surgidas de la imaginación de los hermanos Grimm, o del nórdico
Hans Christian Andersen. Vayan aquí un par de ellas, para
quienes gustan de algún estímulo al cacumen antes
de irse a la cama.
Margarita Gautier, Romeo y Julieta y mucha magia china
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| Vistas del Lago del Oeste. |
Su Xiaoxiao era una cortesana china que, a sus 19 años y
en tiempos que nadie se atreve ya a determinar, destacaba por una
belleza desconcertante y alta capacidad intelectual. En cierta ocasión,
mientras paseaba sin rumbo fijo, conoció a un joven de familia
noble. Hubo un intercambio de miradas y entre ellos se desató
imponderable el amor a primera vista. El ingrediente trágico
se incluyó en la historia cuando, apenas unos días
más tarde, el mozo de marras se marchaba de regreso a su
lugar de origen, y Su Xiaoxiao, tras languidecer de pena, moría
de una enfermedad fatal. Desde entonces llovieron los poemas dedicados
a la fallecida. Hoy un monumento a orillas del paso Bai evoca su
frustrada pasión. Una Dama de las Camelias en el Lago Oeste.
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| Sitio de pesca de Yan Ziling. A ambas orillas
del río Fuchun se levantan dos promontorios. Uno de ellos,
de 70 metros de altura, acoge el templo erigido en memoria de
Yan Ziling, importante personaje de la dinastía Song
del Norte. |
El amor imposible, en una línea que denuncia cierto parentesco
con la tragedia de Romeo y Julieta, también habita en la
leyenda de Xu Xian. Este jovenzuelo se enamoró de un ser
inmortal que cuando bajaba a la Tierra adoptaba la forma de una
hermosa mujer, pero que al beber vino se convertía en una
serpiente blanca. No se sabe si por rechazo a un primitivo travestismo,
lo cierto es que la sociedad de la época condenó el
romance, y encerró en el sótano de la Pagoda Leifeng
a la serpiente-mujer-inmortal. Posteriormente, la familia de Xu
Xian, quien también fue a parar a prisión, quedó
fragmentada.
Pero aun hay más. Ahora sobre el origen del lago: el Dragón
de Jade y el Ave Fénix de Oro andaban en disputa por una
perla. Pero la reina Madre del Cielo se encaprichó del mismo
objeto y envió a sus emisarios a Tierra para conseguírsela.
Cuando la tuvo, recibió la visita del Dragón y el
Fénix, quienes no estaban dispuestos a ceder un ápice
en sus aspiraciones. A seguido debió armarse la de San Quintín,
pues el forcejeo hizo caer la perla a Tierra, donde aquella abrió
un agujero tal al caer que surgió lo que hoy se llama Lago
Oeste.
Toda esta mezcla de ardores románticos, beldades sacrificadas
y magia me hicieron reparar en otra de las características
más conspicuas de los hangzhounenses: la belleza de sus mujeres
y el apego de los lugareños a los escarceos amorosos. Los
amantes andan de mano, ocultándose de las miradas indiscretas
a la caída del sol, para robarse besos a la orilla del lago;
a su vera, además, suele celebrarse buena parte de las bodas
locales. En Hangzhou el romance se respira en el aire.
Afirman los conocedores que este talante exaltador del viejo vicio
del amor ha sido el principal sostén de la creatividad artística
de Hangzhou. Se percibe así en la excelencia tradicional
de sus poetas, en la profusión de obras plásticas
que copan el entorno urbano y en la especie de regusto, entre romántico
y nostálgico, que permea su arquitectura, tanto la tradicional
como la moderna. Y está presente en la estructura del exquisito
boulevard que sirve de cinturón al Lago del Oeste, a la vez
que sigue alimentando los talentos de la revolucionaria academia
de artes plásticas de la Avenida Nanshan, la primera en usar
técnicas pictóricas occidentales en China, y también
en valerse de una modelo desnuda, allá por los años
30.
(Continuará) |