| El incentivo que acicatea a la mayoría
de los países a conseguir armas de destrucción masiva
(ADM) reside en su preocupación por las amenazas externas
contra su seguridad nacional. Disipar tales temores mediante negociaciones
pacíficas es el único camino efectivo que lleva a
detener la proliferación de ADM.
Por Gu Guoliang
El autor es director del Centro de Estudios del Control y la No
Proliferación de Armas subordinado al Instituto de Estudios
de EE.UU., Academia de Ciencias Sociales de China.
El
18 de diciembre de 2003, Ali Akbar Salehi, Embajador de Irán
en la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA)
de las Naciones Unidas, firmó un protocolo adicional del
Tratado de la No Proliferación (TNP), pavimentando el camino
para que las inspecciones de las instalaciones nucleares iraníes
por parte de la AIEA puedan ser más estrictas. El día
siguiente, el Gobierno de Libia anunció formalmente su voluntariedad
de abandonar el esfuerzo por las armas de destrucción masiva
y de permitir hacer inspecciones en su país.
La comunidad internacional acogió con beneplácito
estos gestos significativos tomados por los Gobiernos de Irán
y Libia. Es de opinión general que ello ayudará a
promover en mayor medida la lucha contra el terrorismo y la no proliferación
de ADM.
Después de la Guerra Fría, la situación de
la seguridad internacional ha tenido cambios profundos. Con la desaparición
de la confrontación entre los dos bloques militares grandes,
el peligro de conflictos militares entre los países a escala
mundial ha disminuido; sin embargo, han aumentado los conflictos
regionales y las actividades terroristas internacionales. La proliferación
de armas de las ADM, incluyendo las nucleares, biológicas
y químicas y sus vehículos portadores, se han convertido
en un foco de atención de la comunidad internacional.
En los últimos años, los conflictos en el Medio Oriente
se han incrementado, y la carrera armamentista en el subcontinente
de Asia Meridional ha empeorado. Los ataques terroristas del 11
de septiembre contra EE.UU. despertaron al mundo para encarar las
amenazas terroristas a la seguridad internacional y regional. Los
esfuerzos encauzados a controlar la proliferación de las
ADM favorecen la paz y la seguridad en el mundo y las regiones,
y por lo tanto la comunidad internacional ha llegado a un consenso
al respecto.
Bajo este telón de fondo, Irán y Siria, signatarios
del TNP, se enfrentan con la presión política de la
comunidad internacional. Se les ha exigido cumplir compromisos de
no desarrollar u obtener ADM. En caso de incumplimiento, los dos
países, que han venido sufriendo del aislamiento político
y las sanciones económicas, se hallarán a sí
mismos en una situación aún más miserable.
Además, las ADM no necesariamente salvaguardan la seguridad
de un país. Al contrario, los esfuerzos por conseguirlos
se convertirán sólo en un pretexto con que algunas
potencias hagan uso de la fuerza, mientras que los países
atacados encontrarán difícil ganar simpatía
o apoyo de la comunidad internacional. Los Gobiernos de Irán
y Siria parecen estar bien conscientes de las serias consecuencias
que podrían traer una actitud inflexible hacia los requerimientos
de las inspecciones de armas de la AIEA, y por lo tanto hicieron
una elección sensata.
Las
iniciativas de los Gobiernos de Irán y Siria comprueban otra
vez que los problemas relacionados con la proliferación de
ADM se pueden resolver mediante negociaciones pacíficas.
La decisión del líder libio Muammar Qaddafi, de poner
fin al programa de armas de su país, fue resultado de nueve
meses de negociaciones entre Washington, Londres y Trípoli.
La firma del protocolo adicional del TNP por el Gobierno iraní
se logró también después de varios meses de
duras negociaciones que él sostuvo con la Unión Europea.
En los 1960 y 1970, Brasil, Argentina, Sudáfrica y otros
países suspendieron sus planes de ADM también por
medio de negociaciones. A principios de 1992, las ex repúblicas
soviéticas, incluyendo Ucrania, Kazajstán y Bielorrusia,
que se hicieron independientes en ese tiempo, suscribieron acuerdos
para desmantelar armas nucleares en sus territorios.
Si la seguridad de un país puede ser garantizada por los
mecanismos internacionales de autoridad, le será innecesario
obtener ADM. Qaddafi dijo que el mundo ha experimentado grandes
cambios y él está consciente de que Libia puede tener
un ambiente externo seguro incluso sin contar con la fuerza disuasiva
de las ADM.
El mundo árabe aclama universalmente las decisiones de Libia
e Irán de renunciar a las ADM, y señala que esto contribuirá
al relajamiento de las tensiones en el Medio Oriente y la realización
de la meta de hacer la región libre de las armas nucleares.
Al mismo tiempo, Egipto, Bahrein y Qatar dicen que Israel es el
único país fuera del TNP en la región y éste
debe tomar medidas para desistir de su programa de ADM.
Desde que EE.UU. y la EU lograron persuadir a Irán y Libia
a abandonar sus programas de ADM, la gente habrá de preguntar
por qué no se puede solucionar de la misma forma el problema
nuclear de la República Popular Democrática de Corea
(RPDC). En realidad, EE.UU. y la RPDC firmaron un acuerdo de marco
nuclear en 1994, el cual incluía un acuerdo apuntado a congelar
el plan nuclear de la RPDC. Sin embargo, después de ocupar
el poder, la Administración Bush ha adoptado una política
dura con la RPDC. Las dos partes se criticaron una a la otra por
la violación del acuerdo de 1994, y la crisis ha resurgido
en la península, amenazando la estabilidad de Asia nororiental.
La secunda ronda de negociaciones de seis partes, que era programada
para fines de 2003, se ha postergado. Esto no es un buen indicio.
Pero Irán y Libia han sentado buenos ejemplos que podrían
ayudar a Washington y Pyongyang a reconsiderar los pasos que deberían
dar.
No obstante, ¿cómo Irán y Libia cumplirán
sus promesas? Para ellos el problema más crítico es
aceptar cabalmente las inspecciones de la AIEA, lo que tocará
inevitablemente el asunto de la soberanía nacional. Tomará
algún tiempo disipar sus recelos y bajar su guardia sobre
los motivos de la comunidad internacional. Aunque acogieron la decisión
de Irán y Libia de aceptar las inspecciones de la AIEA, funcionarios
de Estados Unidos insisten en que se trata de sólo un “inicio”.
Ken Brill, representante de EE.UU. en la AIEA, enfatizó que
se necesitará un largo tiempo para confirmar si Irán
ha dejado de desarrollar armas nucleares. Debido a la falta de confianza
mutua, será muy posibles que ocurran fricciones durante las
inspecciones. Así la solución final de los problemas
de ADM de Irán y Libia pasará por un proceso prolongado
y complicado.
Al mismo tiempo, Israel persiste en la posición de rehusar
destruir sus ADM. Shaul Mofaz, ministro de Defensa israelí,
amenazó hace poco con que su país destruiría
las instalaciones nucleares de Irán si considerara que tales
acciones son necesarias, aunque Teherán ha firmado formalmente
el protocolo adicional del TNP.
Los hechos indican que el móvil por detrás de la
consecución de ADM no desaparecería hasta que se establecieran
unas relaciones internacionales sanas. La paz y la estabilidad global
se lograrían más tarde, a la vez que se garantizaría
la seguridad de las naciones. Etiquetar a algunos países
de “rufianes” y recurrir a la “estrategia de acciones
con anterioridad” contra ellos sólo provocará
que desarrollen ADM. Unicamente a través de diálogos
pacíficos se podrán resolver los problemas de ADM
en el verdadero sentido. El terrorismo internacional y la proliferación
de ADM constituyen una amenaza a la comunidad internacional. El
mundo debe responder a esta amenaza con una mayor cooperación
y el fortalecimiento de los acuerdos de no proliferación
y los mecanismos de inspección.
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