Equilibrando las relaciones
 

Pese a sus diferencias, China y Francia han forjado relaciones estratégicas estrechas que las capacitan para desafiar el unilateralismo y fomentar la cooperación.

Por Wang Yi

(El autor es director del Departamento de Estudios de Europa Occidental, Instituto de Estudios Internacionales de China).

Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas hace 40 años, las relaciones entre China y Francia se han desarrollado de forma estable a despecho de sus diferencias en la cultura, el sistema social y la religión. Ello se debe, probablemente, a que las dos naciones comparten muchas similitudes que promueven los lazos bilaterales, pero se debe más a su consenso político.

Terreno común: El Presidente chino Hu Jintao se entrevista con el Primer Ministro francés Jean-Pierre Raffarin el 25 de abril de 2003 en Beijing Li Xueren

La posición común en la arena política internacional ha hecho a China y Francia socios capaces de influir grandemente en las relaciones internacionales, porque ambas apoyan la independencia, la moderación y el equilibrio.

La cooperación estratégica chino-francesa en los asuntos políticos es mucho más notable que su cooperación en otros campos. En 2001, cuando describía los lazos bilaterales, el entonces Vicepresidente chino Hu Jintao recordó a la gente que Francia es un miembro importante de la Unión Europea (UE), y que tanto China como Francia son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Hu enfatizó que los dos países asumen enormes responsabilidades en los asuntos internacionales. Por consiguiente, las relaciones bilaterales siempre han estado cimentadas en la cooperación estratégica, más que en los lazos económicos e intercambios culturales.

En 1997, cuando los dos países establecieron una asociación integral, ésta se manifestó de por sí en una cooperación política y estratégica más que en los intercambios económicos y comerciales. Por otro lado, Francia es hoy el quinto socio comercial más grande de China dentro de la UE después de Alemania, Inglaterra, Holanda e Italia, tras retroceder del tercer lugar que ocupaba en 1997. El crecimiento del volumen comercial anual entre China y Francia ha permanecido en alrededor de 8,4 por ciento desde 1997, nivel más bajo que el 15,1 por ciento del crecimiento promedio anual en el comercio entre la UE y China.

Aunque el volumen comercial ha disminuido en cierto modo, la cooperación política y estratégica se está tornando más estrecha, evidencia de que sus intereses estratégicas son mucho más apremiantes que los económicos.

No es realista esperar que el desarrollo de los vínculos económicos chino-franceses se integren con sus lazos políticos. Pues, esto sólo politizará los asuntos económicos y dañará las relaciones estratégicas bilaterales.

En el mundo son pocos los países con sistemas políticos e ideologías muy diferentes que pueden compartir un lenguaje común en asuntos vitales tales como la estrategia política, la política diplomática y la búsqueda de un mundo multilateral. Sin embargo, China y Francia sí han alcanzado consensos en estos campos.

Como dijo el ex Presidente francés Valery Giscard D’Estaing, los puntos básicos de Francia y China son comunes. En muchas ocasiones, los dos países han reaccionado igual, buscando la misma solución y llegando a las mismas conclusiones desde ópticas diferentes. La cooperación estratégica entre los dos países reviste gran significado porque es del tipo de cooperación dedicada a promover un mundo multipolar. Así, ayuda a crear un multilateralismo que ponga a raya al unilateralismo.

Encanto oriental: Una francesa en traje tradicional chino participa en la Semana China celebrada en su ciudad en el norte de Francia Chen Liqun

Después de establecidas las relaciones diplomáticas con China en 1964, el general Charles De Gaulle señaló en una conferencia de prensa que Francia reconoció un mundo verdadero cuando reconoció China. Predijo que otros gobiernos seguirían a Francia tarde o temprano, y él fue correcto.

Siguiendo el ejemplo de Francia, otros aliados de EE.UU. empezaron a desafiar la política china de Washington. El 20 de enero de 1964, aduciendo el reconocimiento de China por parte de Francia, el Primer Ministro canadiense Lester B. Pearson propuso que el Gobierno estadounidense adoptara una actitud pragmática hacia China y abandonara su posición dura en cuanto al ingreso de China en la ONU. Cuatro días después, el Gobierno japonés anunció que su país y China habían convenido en instalar agencias comerciales permanentes en sus respectivas capitales.

Las acciones de Francia, Canadá y Japón provocaron una polémica en EE.UU. sobre cómo tratar con China, en la cual algunos estadistas importantes criticaron la política de Washington. Debido a la presión externa e interna, el Gobierno de EE.UU. se vio obligado a reconsiderar su actitud hacia China, y en julio de 1966 el Presidente Lyndon Johnson anunció una política china nueva: contención sin aislamiento.

En 1969, en su visita de Francia, el Presidente estadounidense Richard Nixon enfatizó que el General De Gaulle había jugado un papel clave influyendo en la estrategia de Washington con China.

Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, EE.UU. se encaminó al unilateralismo, lanzando teorías como el “eje de los viles” y la “estrategia de acciones con anterioridad”. En respuesta, China y Francia fortalecieron la cooperación para defender el multipolarismo y robustecer el papel de la ONU, mantener el equilibrio estratégico, combatir el terrorismo y abordar otros asuntos internacionales. Su estrecha cooperación favoreció la aprobación de la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el problema de Irak, la cual llamaba a una solución pacífica.

La oposición de Francia a la conducta unilateral de EE.UU. enfureció a Washington, desatando fricciones entre las dos partes en muchos terrenos. Fue entonces que el Presidente chino Hu Jintao aceptó la invitación de su homólogo francés Jacques Chirac para participar en la reunión del diálogo de los líderes Norte-Sur, al margen de la Cumbre del Grupo de 8, celebrada en Evian, Francia, en junio del año pasado. Además, mientras China pasaba por el peor momento de la lucha contra la epidemia del síndrome respiratorio agudo y grave, el Primer Ministro francés Jean-Pierre Raffarin visitó China en abril de 2003 según lo programado, prestando apoyo a China a derrotar la enfermedad homicida.

China y Francia son los principales promotores de un mundo multipolar; y gracias a sus esfuerzos, se ha incrementado el apoyo al multipolarismo. Por ejemplo, en la Declaración de Laeken aprobada por los dirigentes de la UE en 2001, esta organización anunció que se esforzaría por ser un estabilizador y prototipo en un mundo nuevo y multipolar.

La integración acelerada de la UE está marchando a la altura del desarrollo del multilateralismo. En su discurso pronunciado en el Instituto de Relaciones Internacionales de Francia en noviembre de 2001, Hu Jintao dijo que el principio de que los asuntos mundiales no deben ser manipulados por una sola superpotencia sino contar con la participación de todos los países, había ganado apoyo de más y más miembros de la comunidad internacional. Añadió que China y Europa son dos fuerzas políticas y económicas emergentes y jugarán un papel más importante en el proceso de la multipolarización.

El intenso debate en la comunidad internacional sobre si EE.UU. debía lanzar la guerra en Irak fue en realidad una confrontación entre el multilateralismo y el unilateralismo, en la cual el campo anti-guerra defendió firmemente el papel de la ONU en el mantenimiento de la paz mundial. La guerra de Irak ha desembocado ya en un atolladero, forzando Washington a pedir ayuda finalmente a la ONU. El constante apoyo de China, Francia, Rusia y otros países al multilateralimo ha ayudado a prevenir que el unilateralismo de EE.UU. se vuelva más agresivo.

Al abogar enérgicamente por el multilateralismo, China y Francia se han dedicado también a la solución de puntos candentes del mundo mediante la diplomacia multilateral. Gracias a la mediación china se convocó la primera ronda de conversaciones de seis partes sobre el problema nuclear de la República Popular Democrática de Corea, dando esperanzas a un arreglo pacífico. Al mismo tiempo, tras varios meses de negociaciones difíciles, la triga de la UE, compuesta de Francia, Inglaterra y Alemania, persuadió finalmente a Irán a firmar un protocolo de seguridad nuclear y someter su programa nuclear a la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica. El progreso en el arreglo de los dos problemas demuestra de nuevo que el tratamiento unilateral de los asuntos mundiales es una mejor alternativa de prevención que la decisión unilateral y el uso de la fuerza.