Por Sun Zhuangzhi
(El autor es director del Departamento de Asia Central, la
Academia de Ciencias Sociales de China).
Después de una crisis política que llevó
a una transición del poder, Georgia celebró la elección
presidencial el 4 de enero. El líder del Movimiento Nacional
Mikhail Saakashvili la ganó por una abrumadora mayoría
de votos y sustituyó al ex Presidente Eduard Shevardnadze,
poniendo fin a la lucha por el poder que había durado años.
Sin embargo, hay una gran presión sobre el nuevo presidente
de 37 años de edad en cuanto a cómo llevar este país
caucásico, azotado por la pobreza y las guerras, a una nueva
era de paz y prosperidad. Aunque Saakashvili ha ideado una serie
de programas administrativas ambiciosos para tratar los problemas
actuales, no tiene un camino llano por delante.
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Líderes del nuevo gobierno: Mikhail
Saakashivili (centro), Nino Burdzhanadze (izquierda)
y Zurab Zhvaniya (derecha) celebran la Navidad
Wu Xiaoling
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Saakashvili ganó amplio apoyo del público, pero el
cual no se sabe cuánto durará en su favor. Su popularidad
demuestra que los georgianos no están contentos con la situación
del país y desean tener un nuevo dirigente capaz de resolver
la crisis actual. Pero el público no estará al de
lado Saakashvili si éste no puede cambiar este estado de
cosas. Saakashvili no es una figura política veterana ni
ha tenido éxitos políticos notables. Fue elegido principalmente
debido a su valentía de protestar contra el gobierno anterior,
y no por su capacidad de dirección. Por consiguiente, no
le basta sólo con el encanto personal para solucionar los
problemas intrincados de la nación.
Con el fin de asegurar la estabilidad del país, es necesario
haber un nuevo parlamento dispuesto a cooperar con el Presidente.
Georgia tiene cerca de 100 grupos políticos en representación
de los intereses de las diversas partes, incluyendo algunos muy
radicales. El Partido Laboral y otros partidos influentes no tienen
deseos de cooperar con la administración de Saakashvili,
lo cual complica más la elección inminente del parlamento.
Por supuesto, la prevención de agitaciones políticas
es una de las grandes pruebas con que se enfrenta el nuevo Presidente.
Para Saakashvili y sus aliados, es importante celebrar una elección
parlamentaria lo más pronto posible. Ellos planeaban tenerla
en marzo, pero los partidos de oposición piden posponer la
votación, amenazando con que si la coalición dominante
no está de acuerdo, boicotearán la elección.
Saakashvili también necesita organizar un gobierno competente.
Aunque ha propuesto nombrar un primer ministro y reorganizar las
fuerzas gobernantes del país, los cambios en los departamentos
de poder pueden provocar caos.
Además, el problema de la unidad nacional constituye otro
reto del que Saakashvili no puede prescindir. En la actualidad,
Abjasia y Osetia del Sur se han separado del gobierno central de
Georgia. Abjasia incluso declaró su soberanía, clamando
que la elección presidencial de Georgia fue un “asunto
interno” de otro Estado. Las autoridades desobedientes de
esa república autónoma también dijeron que
recurrirían a la fuerza contra los “invasores”.
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Mikhail Saakashvili
gana la elección presidencial de Georgia Zhang
Weige
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Ajaria, otra república autónoma, goza de plena autonomía
en sus asuntos políticos y económicos. Su Presidente,
Aslan Abashidze, se afierra a una actitud de no cooperación
con el nuevo gobierno de Tbilisi, alejando aún más
a Ajaria de las autoridades centrales. Por ende, es muy difícil
para Saakshvili mantener la unidad del país. Sus predecesores
fracasaron en reestablecer el control del gobierno central, ya por
la fuerza o mediante negociaciones. Así que el asunto no
será menos espinoso para Saakashvili.
Saakashvili ganó prestigio y creó su imagen de reformador
al ayudar a derrotar al ex Presidente Shevardnadze, pero heredó
un aparato administrativo colosal plagado de males crónicos.
Desde la independencia de Georgia ha prevalecido la corrupción.
Para depurar el gobierno y su funcionariado, Saakshvili tendrá
que hacer frente a un mantón de problemas económicos
que parecen ser más difíciles que los políticos.
Algunas organizaciones internacionales informan que Georgia sufre
del peor ambiente de inversión y la más grave escasez
de alimentos en el mundo.
Después de largos años de guerra civil, la economía
nacional casi ha sucumbido al colapso. El país no tiene industria
pilar ni el ambiente necesario para apoyar y desarrollar la economía.
El nivel de vida continúa cayendo, y en 2001 el producto
interno bruto apenas llegó al 49,8 por ciento del de 1991,
y su producción industrial en 2001 fue de sólo el
24 por ciento de la de 1991.
Saakashvili ha culpado al anterior gobierno de haber fracasado
en el tratamiento de los problemas económicos. Dijo que está
listo para llevar a cabo una reforma sustancial en Georgia, pero
lo cierto es que algunos problemas económicos son causados
por las condiciones naturales y no pueden ser arreglados en corto
tiempo. Georgia encara una grave escasez de recursos naturales,
especialmente energéticos. Además, no es autosuficiente
en cereales. En 2001, la producción de cereales del país
estuvo por debajo de 200.000 toneladas, menos una cuarta parte de
la cantidad de 1997. Por otro lado, las instalaciones infraestructurales
están anticuadas y sus condiciones de comunicación
son pobres. Hasta fines de 2001, el país tenía una
deuda exterior superior a los 1.400 millones de dólares.
Debido a su bajo nivel de credibilidad, las instituciones financieras
internacionales no tienen ganas de concederle más préstamos.
La mayoría de los georgianos viven por debajo de la línea
de pobreza, y la situación económica de la población
jubilada es aún peor. La tasa de desempleo ha permanecido
por encima del 10 por ciento por muchos años.
Por último, el mayor problema diplomático de Saakashvili
será cómo tratar con Rusia. Para Georgia, Rusia es
un vecino muy importante. Los lazos sanos y estables con Rusia podrán
asegurar la unidad y la estabilidad de Georgia, debido a las estrechas
relaciones de Moscú con las regiones disgregadas de este
país caucásico. Rusia tiene dos bases militares en
Georgia y está ansiosa por erradicar a las fuerzas rebeldes
de Chechenia escondidas en el desfiladero Pankisi, Georgia, lo cual
le hace necesaria la cooperación del gobierno georgiano.
Sin embargo, Saakashvili ha declarado claramente que Rusia debe
tratar a Georgia como un país verdaderamente independiente,
retirar sus tropas de Georgia y dejar de apoyar a los movimientos
independistas en Abjasia y Osetia del Sur. Será difícil
para Moscú y Tbilisi alcanzar un entendimiento mutuo. Moscú
no está satisfecho con la política pro-Occidente de
la nueva dirección de Georgia. Saakashvili dijo que su primera
viaje al extranjero sería a Rusia. Pero en el resumen de
su política exterior, expresó que las relaciones con
EE.UU. serían la máxima prioridad de Tbilisi. En cuanto
a la diplomacia con los países adyacentes, Georgia pondrá
la cooperación con Ucrania y Armenia en el lugar de su agenda.
Casi un millón de georgianos trabajan en Rusia, lo cual
ha ayudado a enlentecer del ascenso de la tasa de desempleo de Georgia.
Si el nuevo gobierno no puede arreglar de forma apropiada sus relaciones
con Rusia, incluyendo encontrar una solución a las disputas
de visa existentes, se dificultará la exportación
laboral de Georgia a Rusia.
Por la reciente elección presidencial se nota claramente
que Georgia está dispuesta a apoyarse principalmente en Estados
Unidos, la Unión Europea, la OTAN y la Organización
de Seguridad Europea. Indudablemente, el ex Presidente Eduard Shevardnadze
también había intentado acceder a Occidente, pero
terminó perdiendo el poder. En términos de ubicación
geográfica y tradición cultural, para Georgia es difícil
abrazarse a Occidente, pasando Rusia por alto. Y aunque EE.UU. es
fuerte en lo económico, no cuenta con ventajas geográficas,
y lo más importante es que Georgia no está en el tope
de prioridad estratégica exterior de EE.UU.
En pocas palabras, para Saakashvili la mayor amenaza dentro de
Georgia no provendrá de una “nueva oposición”,
sino del empeoramiento de la economía exacerbada por la burocracia
ineficiente del país. La amenaza externa no es la indiferencia
burda y abierta, sino el peligro de que Georgia se convierta en
un chivo expiatoria de la competencia entre las grandes potencias.
Por lo tanto, si bien hay mucha esperanza en Saakashvili, éste
sufrirá pruebas a cada paso que dé en el camino.
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