Por Feng Jiahua
Inspirados por el sueño de ganar mucho dinero y mejorar
la vida, trabajando duro y con perspicacia empresarial, algunos
de los residentes de la Aldea Zhejiang están cosechando ya
sus recompensas.
La marca lo es todo
Hu Zhengwang, un natural de Zhajiang de 32 años de edad,
se ha dedicado al comercio de confecciones por más de cinco
años. Actualmente no sólo tiene su propia marca de
ropa, sino que también posee una compañía de
diseño de modas. “He comprado cuatro autos de alta
calidad y mis gastos anuales superan el millón de yuanes
(unos 120,75 millones de dólares). Nunca imaginé que
podría tener todo esto”, expresó Hu.
A Hu
la afición empresarial le viene desde jovencito. En 1998
llegó a la Aldea Zhejiang, y desde el primer momento percibió
el filón de riqueza potencial. Invirtió parte de sus
ahorros para registrar una fábrica de confecciones y su propia
marca en 1999. Su primera intención era vender ropa en las
afueras, para luego alcanzar los centros comerciales de Beijing.
Para Hu, la Aldea Zhejiang representó una cornucopia sacada
de la tierra. Su negocio prosperó a la par que se popularizaba
su marca. Cuando ésta se popularizó en la capital,
Hu se apresuró a registrar su segunda fábrica en Hong
Kong.
Hu señala que aunque el ambiente general de la Aldea Zhejiang
era bastante bueno, las empresas privadas como la suya tenían
dificultades para conseguir fondos.
Su hijo de ocho años asiste a la misma escuela a donde
fue su padre. Hu planea comprar un apartamento en Beijing, para
que su hijo estudie en la capital. “De esta forma, la familia
podrá estar reunida. Espero mi hijo viva una vida más
libre y que estudie en el exterior y encuentre un buen trabajo”.
Hu tiene bien planeado el futuro de su heredero. “Francamente,
no quiero que se convierta en comerciante, porque este negocio es
una trituradora”.
Siempre alerta con la moda
Wang Hong, una mujer de Harbin, provincia de Heilongjiang, se
convirtió en residente de la aldea de Zhejiang en 1998, junto
con su esposo. Comenzó su vida de comerciante como mayorista
de confecciones, mientras su esposo se dedicaba a la venta al detalle.
Hoy posee una tienda y dos puestos de venta en un centro comercial
de ropa en Dahongmen, cerca de la Aldea Zhejiang, por los cuales
paga 200.000 yuanes de alquiler (unos 24.000 dólares) al
año. Ella es una de las muchas mujeres comerciantes de la
zona.
Wang
tiene una hija de 12 años que está estudiando en Harbin.
“La razón de ser de nuestro negocio es ganar más
dinero y crear más oportunidades para ella”, expresó
Wang. “Como madre no dejo de extrañarla, pero no tengo
otra alternativa”.
Wang dijo que cuando empezó su negocio en la zona, el ambiente
del mercado no estaba tan desarrollado. Comenzó con un puestecillo
al lado de la calle de venta de ropa de baja calidad, como la de
la mayoría de sus vecinos de la Aldea Zhejiang.
“En aquel momento, vender al aire libre era muy duro porque
Beijing era azotada frecuentemente por tormentas de arena y polvo.
Por 18 meses no usé otra ropa de moda que no fueran vaqueros
todos los días, y sufría porque disfruto ir bien vestida”,
dice Wang con una sonrisa.
Abría su jornada laboral diaria a las seis y media de la
mañana, y terminaba a las cinco en la tarde. Wang también
tenía que hacer sus cuentas todos los días y contaba
con poco tiempo para la diversión. Cuando disponía
de tiempo libre, paseaba por las grandes tiendas de ropa y observaba
qué colores y estilos estaban de moda. “Esa es la mejor
preparación profesional en el negocio de las confecciones,”
afirma.
Wang también quiere ampliar su negocio en Beijing, pero
no tiene plan de comprar un apartamento en la capital. Explica que
la compra de bienes raíces en la ciudad requiere de una gran
cantidad de dinero en efectivo, y que para montar un negocio allí
se necesita una alta inversión. “No es práctico”,
concluye. En fecha reciente Wang desembolsó 400.000 yuanes
(unos 48.310 dólares) en la compra de un apartamento en Harbin,
con el fin de propiciar una mejor vida a la familia.
Tampoco tiene planes de traer a su hija a estudiar en Beijing,
porque considera que el nivel educativo de Harbin es muy alto. Su
gran preocupación es que la chica se eduque mejor que ella.
Wang se duele por haber alcanzado sólo un nivel de secundaria,
pero sabe que con su negocio no hay tiempo para otra cosa que trabajar
de la mañana a la noche.
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