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Si el libre comercio es una tendencia global, ¿por
qué EE.UU. impone cuotas a las importaciones chinas?
Por WANG HONGXIA
(El autor es director del departamento de Investigaciones sobre
EE.UU. y Oceanía, de la Academia China de Comercio Internacional
y Cooperación Económica, subordinada al Ministerio
de Comercio).
A
petición del Instituto Estadounidense de Productores Textiles
(ATMI, en inglés), el gobierno de EE.UU. anunció recientemente
que impondría cuotas a sus importaciones de confecciones
chinas de batas, tejidos de punto y sostenes. Esta decisión
se produjo casi inmediatamente después de que una misión
comercial china visitara Washington, donde firmó una serie
de contratos multimillonarios con compañías de EE.UU.
para mejorar las relaciones comerciales entre las partes.
De hecho, la decisión tomada por EE.UU. el 18 de noviembre
implica solamente unos $400 a $500 millones en importaciones de
China, lo cual no resultará en disminución importante
alguna para el déficit de EE.UU. con China, así como
para la reducción de la presión del desempleo en ese
país. Lo que sí queda es un mal precedente, que puede
dar lugar a reacciones en cadena, a causa de represalias recíprocas.
La decisión de EE.UU. no sólo se considera imprudente,
sino también contraria a los principios y regulaciones de
la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Ante todo, el libre comercio, según los principios de la
OMC, es una tendencia global. Mientras la industria textil norteamericana
fija cuotas para los productos chinos, China ha estado honrando
sus compromisos con la OMC continuamente, reduciendo los aranceles
de importación y abriendo el mercado gradualmente .
En segundo lugar, el aumento en las exportaciones de productos
textiles de China a EE.UU. resultó de la eliminación
de las restricciones de cuotas después de su entrada a la
OMC. Aunque aumente la cuota de mercado de productos chinos, las
importaciones totales textiles de EE.UU. no se incrementan, como
tampoco disminuye su producción doméstica.
Tercero, el pobre desempeño de la industria textil norteamericana
obedece en lo esencial a su ajuste de la estructura industrial e
inversión de ultramar. En 2001, el volumen de ventas de la
industria textil de EE.UU. declinó en 8 por ciento con respecto
al año anterior, hasta $47.340 millones. La cifra actual
cayó en cerca de 22 por ciento, en comparación con
la de 1996. Según las estadísticas del gobierno de
EE.UU., las batas, confecciones de punto y sostenes hechos en EE.UU.
son parte de la industria decadente, situación que ya ocurría
antes de que China entrara a la OMC.
En cuarto lugar, las restricciones sobre productos chinos también
lesionan a los fabricantes y los consumidores estadounidenses. Las
exportaciones textiles de EE.UU. a China crecieron en 23 por ciento
el año pasado, y la cifra saltó a un 45 por ciento
en el primer semestre de este año. China también importa
muchas materias primas de EE.UU. Al imponer éste cuotas a
los productos textiles chinos, los intereses de los exportadores,
importadores, distribuidores minoristas y consumidores estadounidenses
también sufrirían.
Según el informe más reciente del Departamento de
Agricultura de EE.UU., las exportaciones textiles de China también
han promovido las exportaciones del algodón de EE.UU. a China.
La alta demanda del algodón que tiene China ha convertido
en realidad el crecimiento de las exportaciones de este cultivo
desde EE.UU. El Departamento de Agricultura de EE.UU. pronosticó
que las importaciones de algodón de China alcanzarían
800.000 toneladas este año, para un aumento del 40 por ciento
sobre el año pasado. La gran demanda se tradujo asimismo
en alzas de precios en EE.UU. Por lo tanto, la entidad a cargo de
la agricultura estadounidense estima que las áreas algodoneras
en EE.UU. aumentarán este año hasta 17,5 por ciento.
Sin embargo, después que la administración de Bush
revelara la política de cuotas, el precio de los futuros
del algodón en la Bolsa de Nueva York experimentó
una aguda caída, lo que obviamente constituye una mala noticia
para los granjeros y comerciantes de algodón estadounidenses.
Quinto, la afirmación de que los productos textiles chinos
se proponen copar el mercado global es una exageración de
Washington. Si bien se sustentan en una mano de obra barata, las
exportaciones chinas son principalmente productos de bajo valor
añadido. Debido a su bajo nivel de diseño creativo,
su desarrollo sostenible es limitado.
En sexto lugar, la restricción sobre productos chinos queda
huérfana como vía para solucionar un desequilibrio
comercial bilateral, que resulta del ajuste de la estructura industrial
de la economía global. El control que ejerce EE.UU. sobre
las exportaciones también empeora el desequilibrio. Si la
parte estadounidense se concentrara en el desarrollo de las industrias
de punta y de servicios, y China pusiera en pleno funcionamiento
sus ventajas en recursos laborales, los dos países se beneficiarían
de la división razonable del trabajo.
Las Medidas Especiales de Salvaguarda son un método que
puede evitar los riesgos comerciales. Las mismas están dirigidas
además a mantener y promover el libre comercio. La OMC ha
establecido una distinción entre las medidas de protección
basadas en las transacciones justas e injustas. Con respecto a las
medidas comerciales de compensación injustas, se pueden poner
en vigor medidas antidumping y anti-subsidio. En cuanto a la remuneración
comercial justa, es posible aplicar las medidas normales de protección.
Por lo tanto, las condiciones de aplicación de las Medidas
Especiales de Salvaguarda a menudo son terminantes para evitar el
uso inadecuado de las mismas. Pero cuando dichas medidas se aplican
a los productos chinos, las condiciones no sólo conllevan
patrones inferiores a los que la OMC ha aplicado tradicionalmente,
sino que resultan incluso inferiores a las medidas de compensación
por comercio desleal. Es decir, que aplicar Medidas Especiales de
Salvaguardia a los productos chinos es más fácil que
poner en práctica decisiones antidumping y contra los subsidios.
Los cuotas de textiles han estado vigentes por 40 años y
se eliminarán en 2004. EE.UU. ha comenzado a buscar nuevas
herramientas de protección que le respalden una vez eliminada
la cuota. La ATMI afirma que la eliminación de la cuota pondría
en peligro el sistema de preferencia comercial entre EE.UU. y otros
países y regiones, a menos que EE.UU. mantenga su restricción
sobre las exportaciones chinas y mantenga sus aranceles textiles
para otros países y regiones.
Por lo tanto, el panorama de comercio textil después de
2004 podría presentarse de la siguiente manera:
· Aumentarán los casos antidumping y contra
subsidios. La industria textil estadounidense ha gozado
de protección libre de cuotas en las últimas décadas,
por lo que ha habido contados casos de antidumping o contra subsidios.
Una vez eliminada la protección de las cuotas, tales casos
podrían salir a la palestra.
· Podría suscitarse un mal uso de las Medidas
Especiales de Salvaguardia debido a sus pobres parámetros
de aplicación. Cuando un producto adopte tales medidas,
otros distribuidores y países harían lo propio, lo
que produciría una reacción en cadena.
· Incluso en caso de producirse disputas comerciales,
que no tienen nada que ver con los productos textiles, éstos
podrían devenir objetos de represalias.
· Algunos productos textiles de China podría
quedar todavía sujetos a restricciones de cuotas.
Debido a muchos factores, los conflictos comerciales entre China
y EE.UU. se han convertido en sucesos políticos. Las sanciones
no ayudarán a solucionar el problema, sino que dañan
las relaciones bilaterales y los intereses a largo plazo. Por lo
tanto, el establecimiento de mecanismos de coordinación y
cooperación regulares entre ambas partes propiciaría
soluciones y evitaría el deterioro de las disputas comerciales.
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