Pesadilla de la “Puerta Inteligencia”

 

Tanto el Primer Ministro británico Tony Blair, como el Presidente de EE.UU., George W. Bush, viven días negros ya que el fantasma de la Guerra de Irak sigue atorméntadolos.

Por Zhang Lijun

(El autor trabaja en el Instituto de Estudios Internacionales de China.)

Hasta ahora EE.UU. y Gran Bretaña han sido incapaces de proporcionar pruebas irrefutables sobre la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak, hecho que ha incrementado la presión que ya venía acumulándose sobre los hombros de los líderes de ambos gobiernos. Los dos han sido recientes blancos de una inusitada cobertura de los medios informativos, que ya hablan de crisis de credibilidad por manipulación de los informes de inteligencia.

Bush en el campo de batalla

En vísperas del año electoral, el Presidente de EE.UU. George W. Bush, debe coger con pinzas el llamado “peor fracaso de inteligencia en la historia de EE.UU.” Cualquier fallo en ese sentido podría representar su derrota en la urnas, e incluso el fin de su carrera política.

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La crisis de inteligencia podría hacer que Bush pierda la confianza y apoyo públicos en EE.UU., donde la forma más efectiva de que un presidente gane apoyo público y alcance la reelección es poner el énfasis en la corrección de sus políticas actuales, a al vez que muestra resultados tangibles alcanzados en los tres años previos. Los ex Presidentes Ronald Reagan y Bill Clinton ganaron las reelecciones en 1984 y 1996, respectivamente, por la adopción de esta estrategia.

El lanzamiento de la Guerra contra Irak, el derrocamiento de Sadam Husein y el éxito inicial en la guerra contra el terrorismo son el mayor orgullo de Bush. A tales resortes respondió positivamente y con amplitud el público estadounidense. Los sondeos de opinión pública mostraron que la tasa de aprobación a la labor de Bush en el país sobrepasó el 50 por ciento en los pasados tres años, pese a que los estadounidenses no estaban muy satisfechos con su manejo de la economía y el aumento de oportunidades de trabajo. No cabe dudas que su popularidad provino sobre todo de la campaña antiterrorista. Cuando las tropas estadounidenses derribaron el régimen de Sadam Husein, la tasa de aprobación de Bush alcanzó el 70 por ciento.

Esto constituye una baza para Bush, quien acudió al tema en su discurso del Estado de la Unión de 2004, afirmando que la guerra contra el terrorismo está en marcha y que EE.UU. sigue en pie de guerra. Los estadounidenses deben continuar apoyando su estrategia antiterrorista y no abandonarle a mitad de camino, expresó Bush, implicando que el cambio de presidente cuando se está a mitad de camino en la tarea podría ser un error.

Sin embargo, se acumulan las pruebas en el sentido que probablemente Bush no buscara realmente mantener la paz mundial, promover la democracia y servir a los intereses de la nación cuando desató la Guerra contra Irak, sino que sólo procuraba beneficiar sus propios beneficios políticos. Parece que la guerra no fue más que un montaje político, en cuyo escenario sacrificaron sus vidas iraquíes y estadounidenses por igual.

Además, Bush también enfrenta los ataques de sus adversarios. Los demócratas han criticado la política unilateral a la que Bush se adhiere aunque, de cara a la situación internacional y nacional tras el 11 de septiembre de 2001, debieron hacer de tripas corazón y autorizar el “poder diplomático ilimitado” para que Bush iniciara la campaña antiterrorista. Con los posteriores reveses encontrados por las tropas estadounidenses en Irak y el deseo de ganar la carrera presidencial, los demócratas empezaron a ser agresivos. Todos los candidatos del Partido Demócrata han puesto en tela de juicio la política iraquí de Bush, culpándole de mentir sobre el tema de las armas de destrucción masiva de Irak y engañar al público.

Créalo o no: El Primer Ministro británico Tony Blair sostuvo en un debate el 4 de febrero que no tenía idea de qué se trataban las armas de destrucción masiva antes de la Guerra contra Irak. Xinhua/Reuters

Según una encuesta conducida en enero, sólo un 37 por ciento de los encuestados apoya su reelección y un 43 por ciento de ellos prefería otro manadatario. Como resultado, John Kerry, el candidato de punta de los demócratas, que compite por la silla presidencial, fue capaz de vencer a Bush con una ventaja en la tasa de aprobación de 48 a 46 por ciento.

Algunas figuras políticas influyentes y expertos de EE.UU. también han criticado a Bush. Zbigniew Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional del ex presidente James Carter sostuvo que las acciones de Bush han socavado el crédito de EE.UU. en la comunidad internacional. Al mismo tiempo, algunos expertos liberales han empezado a examinar la base teórica de la política neoconservadora de Bush, criticando las acciones militares unilaterales de la actual administración por haber dañado la alianza establecida con Europa después de la II Guerra Mundial. En su opinión, la política de Bush provoca el descontento de otras nacionalidades y civilizaciones hacia EE.UU. y debilita el “poder blando” del país. Por otra parte, también se preocupan por los gastos masivos de las operaciones militares en Irak y la reconstrucción dirigida por EE.UU. en ese país.

Con el fin de cambiar esta situación desfavorable, Bush ha tomado algunas medidas. Por ejemplo, ha enfatizado repetidamente que gracias a la Guerra contra Irak, Libia decidió abandonar su plan de conseguir armas de destrucción masiva, en diciembre del año pasado. Recordó que EE.UU. mantuvo negociaciones diplomáticas con Irak por espacio de 12 años, para que el segundo abandonara el desarrollo de armas de destrucción masiva, pero el intento fracasó. Después de la Guerra contra Irak, sin embargo, EE.UU. sólo precisó de nueve meses para obtener la rendición libia.

Con el fin de aliviar las presiones sobre él, Bush propuso establecer una comisión de investigación independiente y con la participación de ambos partidos políticos en enero de este año, y se comprometió a cooperar con la comisión. Sin embargo, el mandatario insinuó que no declararía hasta que la comisión hubiera proporcionado un informe final. Como la comisión no quedará establecida hasta abril, y su informe final podría no producirse antes del fin de este año, Bush tiene buenas posibilidades de quedar exonerado de la acusación de haber manipulado la información de inteligencia.

El agujero negro político de Blair

--El primer ministro Británico Tony Blair no parece se tan beneficiado por la suerte como el presidente Bush, pues él atraviesa por serias complicaciones derivadas de las acusaciones de manipular los informes de inteligencia.

La desconfianza del público británico en Blair crece cada día. Una encuesta conducida por The Independent mostró que un 60 por ciento del pueblo británico sostiene que Blair ha mentido en el problema de la guerra contra Irak, y que más del 50 por ciento considera que el primer ministro no dijo la verdad en cuanto al suicidio del asesor científico sobre armas del gobierno David Kelley.

Los parlamentarios de ambas cámaras en el propio Partido Laborista han acusado a Blair, en lo que constituye el primer hecho de este tipo en la historia de un partido, por insistir en lanzar la guerra contra Irak junto con EE.UU. Los miembros del partido consideran que el líder “ignoró la realidad y al público”.

Dentro del Partido Laborista, existen actualmente marcados desacuerdos sobre problemas como la guerra de Irak y la reforma de los servicios públicos, lo que resulta en una reducción de la cohesión dentro del partido. El apoyo público de la entidad política ha caído a sus cifras más bajas desde 1987. Al mismo tiempo, los dos mayores grupos de oposición—- el Partido Conservador y el Liberal Democrático -- han intensificado en fecha reciente sus ataques contra Blair, acusándole de engañar al público para ganar su apoyo a la guerra contra Irak. El empuje de los dos partidos es especialmente fuerte en lo referente a la investigación sobre la muerte de Kelley.

Blair ha sido el primer ministro por el Partido Laborista que más tiempo ha estado en funciones. Aunque éste expresó claramente ante la Asamblea del Partido de 2003 que planeaba conducir la organización hacia una victoria en las elecciones generales por tercera vez, los analistas pronostican que sus oportunidades son pocas.

Las elecciones generales en Gran Bretaña tienen lugar cada dos años. Mientras que la coalición de EE.UU. y Gran Bretaña siga sin encontrar armas de destrucción masiva en Irak, se mantendrá el cuestionamiento a la misma y Blair será incapaz de librarse de la censura de la oposición.