El reloj echó a andar
 

Por Wang Wanzheng

(El autor es doctor del Instituto de Radiodifusión de Beijing).

Los cambios diplomáticos que han tenido lugar en tiempos recientes entre Libia y EE.UU., rivales de larga data, están llamando la atención mundial. El 26 de enero, una delegación del congreso de EE.UU. emprendió una visita a Trípoli con el fin de romper el hielo, la primera en los últimos 30 años. El 6 de febrero, funcionarios de alto rango de los dos países sostuvieron su primera reunión política en Londres. El 10 de febrero, el Departamento de Estado de EE.UU. confirmó que un diplomático estadounidense había sido asignado a la Sección de Intereses de EE.UU. de la Embajada de Bélgica en Trípoli. Esta ha sido la primera vez que EE.UU. establece una misión diplomática en Libia desde que los dos países rompieron relaciones diplomáticas en 1981. Todos estos pasos indican que las relaciones bilaterales están descongelándose, y que se aceleran los pasos hacia la normalización.

Viaje de deshielo: Gadafi se entrevista con la primera delegación del Congreso de EE.UU. que visita su país en Trípoli. Xinhua

Libia anunció el 19 de diciembre del año pasado que abandonaría sus porgramas de desarrollo de armas de destrucción masiva, y permitiría a los inspectores internacionales entrar al país incondicionalmente. Desde entonces, cada decisión libia ha devenido inmediato foco de atención internacional. Por un tiempo, Libia y EE.UU. fueron enemigos acérrimos. Después de que el coronel Moammar Gadafi tomara el poder en 1969, éste consideró a EE.UU. como enemigo público número uno del mundo árabe, por lo que adoptó una política radical antiestadounidense. Por su parte, EE.UU. le cologó a Libia la etiqueta de “país rufián” promotor del terrorismo. Gadafi no transigió ni siquiera cuando su país sufrió los ataques aéreos estadounidenses de 1986, los cuales causaron la muerte de su hija adoptada. A pesar de ello, empero, el coronel cambió su posición hacia Washington en diciembre pasado. Abandonó la política antiestadounidense y extendió un ramo de olivo a su adversario. EE.UU. le correspondió y estuvo de acuerdo a reanudar las conversaciones.

El reajuste político de Gadafi es resultado de recientes presiones internas y extrenas y de una profunda consideración de la situación mundial.

No cabe duda que Gadafi sintió el advenimiento de una amenaza de seguridad real después de la guerra contra Irak, y el fin trágico de Sadam Husein recordó a Gadafi que su país no se beneficiaría de la confrontación con EE.UU., que insiste en aplicar el unilateralismo y el militarismo.

Por consideraciones prácticas, muchos países árabes están reformando sus relaciones con EE.UU. después de la guerra de Irak, con el fin de evitar quedar en posición pasiva durante el rápido cambio de la situación.

Libia es uno de los fundadores de la Unión de Africa, además de ser un miembro fundador de la Liga Arabe. Gadafi ha sido un febril promotor de la idea de la unidad panárabe desde los años setenta del siglo pasado. Aunque fracasó en dichos esfuerzos, todavía abriga su sueño de dar a Libia una posición protagónica, lo cual se ha visto impedido enormemente por el atentado con bomba en pleno vuelo a un avión de la aerolínea Pan American en 1988, cuando el mismo sobrevolaba Lockerbie, Escocia, así como por las subsiguientes sanciones impuestas por la ONU y EE.UU. La reanudación de lazos con EE.UU. y la búsqueda de la eliminación de sanciones son favorables a la imagen internacional de Libia y permitirá al país librarse del título de “país rufián” que apoya al terrorismo. Al mismo tiempo, con la ayuda de EE.UU., Libia puede construir su status de potencia principal en Africa y el mundo Arabe.

Por otro lado, Trípoli también puede aprovechar la mejora de relaciones con Washington para conseguir un alivio a la presión económica nacional y la revitalización de su industria petrolera. Libia ha estado sometida a sanciones por muchos años. El embargo de 17 años y la prohibición de viaje de ciudadanos estadounidenses a Libia en 22 años, por ejemplo, han causado pérdidas económicas por 3.000 millones de dólares a Libia.

Sorpresiva decisión: El ajuste inesperado de la política de Gadafi hacia EE.UU. está arrojando resultados. Xinhua

Libia es uno de los principales productores de petróleo en el norte de Africa. El petróleo y los productos petrolíferos representan más del 95% de su volumen total de exportaciones. Sin embargo, el “hogar del petróleo” de Africa está lejos de poder explorar completamente sus recursos, y su industria petrolera ha quedado casi paralizada debido a las sanciones estadounidenses y el retiro de la inversión de Occidente. Libia está ansiosa por rejuvenecer su status como una potencia petrolera y vigorizar su economía. La normalización de lazos bilaterales con EE.UU. contribuirá seguramente a la realización de estas expectativas.

Durante la visita de la delegación del congreso de EE.UU. en enero, Libia mostró voluntariamente sus instalaciones nucleares en el este de Trípoli, explicando su desarrollo y aplicación nuclear. En enero, Libia entregó a EE.UU. gran cantidad de materiales sobre desarrollo de armas nucleares y misiles, incluyendo centrífugas de gas para completar la elaboración de uranio para bomba atómica y piezas de orientación de misiles. El 9 de febrero, el ministro de Relaciones Exteriores de Libia Abdel Rahman visitó Gran Bretaña, con el deseo de lograr un cambio de política por parte de EE.UU.

Richard Boucher, vocero del Departamento de Estado de EE.UU., dijo que el Gobierno de Libia había tomado, de forma sincera, importantes medidas y por lo tanto sería compensado. El 11 de febrero, el Secretario de Estado de EE.UU. Colin Powell colmó de elogios el desmantelamiento de armas de destrucción masiva de Libia, y prometió que EE.UU. correspondería con asistencia médica. Al día siguiente, John Bolton, Subsecretario de Estado para el Control de Armas y Seguridad Internacional de EE.UU. reveló que su país estaba considerando levantar las sanciones contra Libia. Estas declaraciones estadounidenses indican una respuesta positiva a las expectativas de Libia.

Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre contra EE.UU. en 2001, Washington consideró como objetivos estratégicos prioriszados el antiterrorismo y la no proliferación de armas de destrucción masiva, por lo cual emprendió dos guerras. Sin embargo, el país está en un dilema político, ya que la situación en Afganistán se mantiene inestable y siguen sin aparecer las armas de destrucción masiva de Irak. Bajo estas circunstancias, la decisión de Libia de abandonar sus armas de destrucción masiva no sólo coincide con los intereses estadounidenses, sino que también destaca al éxito de la estrategia diplomática de Bush, quien aprovechará lo ocurrido para su campaña de reelección.

Al día siguiente de la declaración de Gadafi sobre el abandono de sus programas de desarrollo de armas de destrucción masiva, el presidente Bush dijo en un discurso que Irán y Siria deberían seguir el ejemplo libio.

EE.UU. domina indudablemente el curso de normalización de las relaciones con Libia. Hasta ahora, Washington todavía duda en cierto grado de la credibilidad de Trípoli. Por ejemplo, funcionarios de la Administración de Bush expresaron que EE.UU. no puede levantar completamente las sanciones contra Libia, o retirar al país de la lista negra de países partidarios del terrorismo, porque Libia no puede verificar los compromisos por sí misma.

Nada indica que las sanciones económicas impuestas por 17 años a Libia, importante carta de EE.UU. en su diplomacia hacia Trípoli, se levantarán de la noche a la mañana. EE.UU. espera antes concesiones sustanciales. Aunque Bolton dijo que EE.UU. estaba considerando el levantamiento del castigo impuesto a Libia, también expresó claramente que no había fecha para ello

Pero lo importante ahora es que ha empezado el diálogo político entre EE.UU. y Libia. Para la decisión final que elimine los viejos resentimientos y la confianza mutua todavía falta tiempo.