Prueba a fuego

‑‑La cooperación antiterrorista entre Australia y sus vecinos del sudeste asiático va creciendo, pero su profundización es difícil

Por SHI YONGMING

(El autor trabaja en el Instituto de Estudios Internacionales de China)

Pesadilla en Bali: Un turista australiano pierde a su hija en la explosión terrorista XINHUA/AFP

Australia fue duramente golpeada por la explosión terrorista en Bali el 12 de octubre, puesto que la mayoría de las víctimas eran sus ciudadanos. No resulta extraño que el país reaccionara con vehemencia. La tragedia ha tenido una profunda incidencia en su política interior y exterior, especialmente en su política de defensa.

Se informa que Australia enmendará su Revisión de la Defensa Estratégica y está considerando el establecimiento de un departamento de seguridad doméstica, similar al recién instalado en Estados Unidos. Como se sospecha que el antiterrorismo será la tarea más importante de Australia en cuestión de su seguridad interna y externa, a los países asiáticos les preocupa cómo ello impactará en sus relaciones con Australia.

Australia, mirada a veces como una extensión del sudeste asiático, es en realidad un país occidental geográficamente próximo a Asia, particularmente a Indonesia, la nación islámica más grande del mundo. El conflicto entre la ubicación geográfica de Australia en Oriente y su cultura e ideología occidentales siempre ha influido en su política doméstica y exterior.

Evidentemente, la masacre en Bali proporcionó una oportunidad a Australia y los países del sudeste asiático para mejorar sus relaciones y fortalecer la cooperación. Por ejemplo, Australia ha reforzado su cooperación antiterrorista con Indonesia, está considerando levantar la prohibición para la cooperación con las Fuerzas Especiales de Indonesia, y tener contacto para la colaboración antiterrorista. La cooperación entre los dos países jugó un papel importante y activo en el aplastamiento del caso de Bali, así como en la reanudación de los lazos bilaterales, enfriados ya durante dos años. Es razonable esperar que se incrementen las oportunidades de cooperación entre Australia y las naciones del sudeste asiático, como resultado de la infiltración del terrorismo internacional en la región. Sin embargo, algunos elementos de conflicto legados del pasado y la existencia de sentimientos exclusionistas en Australia siguen estorbando la cooperación.

La Presidente de Indonesia, Megawati, condena el terrorismo en una conferencia de prensa después de la explosión en Bali XINHUA/AP

Primero, los australianos tienen el fuerte sentido de ser un país occidental. Durante muchos años, Australia ha adoptado una política exterior de seguir a Estados Unidos y de tener una clara alianza con los americanos. Dadas las consideraciones de sus intereses de seguridad, el miedo a las amenazas del norte ha dominado la estrategia de defensa de Australia. Por lo tanto, el país siempre ha enfatizado la importancia de su alianza militar con Estados Unidos.

Debido a que va mejorando la situación de seguridad en la región de Asia y el Pacífico y progresa la cooperación de seguridad multilateral en la región, Australia ha comprendido además que las amenazas externas directas a la seguridad de su propio territorio son limitadas, y que sus principales intereses de seguridad residen en sus intereses comerciales que están relacionados con la estabilidad en diversas regiones del mundo, especialmente la región de Asia y el Pacífico donde está localizada. Por tal razón, el ex gobierno del Partido Laborista puso más énfasis en la ampliación del terreno común con los países asiáticos.

En años recientes, sin embargo, en Australia ha tenido lugar una creciente tendencia de seguir los pasos de Estados Unidos. Australia hasta se proclamó una ayuda para este país en la región del Pacífico Sur. En su visita de Estados Unidos en junio, el Primer Ministro John Howard dijo que el anfitrión no podría encontrar mejor amigo que Australia en ninguna parte del mundo.

Mientras la comunidad internacional cuestiona el unilateralismo de EE.UU. y su estrategia de golpe de antemano, Australia expresó que compartía la misma posición que Estados Unidos. Después que los australianos habían combatido durante generaciones y hombro a hombro con los americanos en todas y cada una de las guerras importantes en el siglo XX, tal como dijo Howard, Australia está más dispuesta a incrementar su asociación con EE.UU. en el nuevo siglo para participar en la estrategia de seguridad global de éste. El compromiso de Australia con aquel país proviene de su fuerte sentido de ser una nación occidental, debido a lo cual parece estar poniendo énfasis en su política exterior y estrategia nacional.

Momento de condolencias: El Primer Ministro australiano John Howard asiste a la ceremonia en memoria de las víctimas de la tragedia de Bali XINHUA/AFP

El impacto de la explosión de bombas letales contra la comunidad australiana en Bali tiene una larga trascendencia. Algunos australianos piensan que el ataque terrorista fue apuntado a ellos, como consecuencia de la larga política del país de adhesión a Estados Unidos. El Primer Ministro Howard, sin embargo, estuvo en desacuerdo, pero recalcó que el atentado terrorista apuntó al mundo occidental en su totalidad. Aunque no sin razón, el énfasis que Australia pone en su status de ser parte del mundo occidental, y lo que los países asiáticos sufrieron de la misma tragedia, han ensanchado la brecha de los sentimientos entre Australia y sus vecinos asiáticos. Hablando con franqueza, el marcado sentido de Australia de ser país occidental dañará su cooperación con las naciones asiáticas musulmanas vecinas.

El segundo factor que estorba la cooperación consiste en el exclusionismo de Australia. Esta, un país principalmente de inmigrados europeos, ha visto una creciente entrada de inmigrantes asiáticos en los últimos años. La coexistencia y la convergencia de culturas diferentes se han convertido en un fenómeno social clave, y algunas veces en un gran problema social para Australia.

Aunque ahora se habla menos del tema de raza después del fin oficial del apartheid en Sudáfrica en 1994, el racismo de viejo cuño sigue existiendo en Australia, país de inmigrantes, al menos en la ideología social. Muchos australianos son renuentes a admitir la existencia de este fenómeno social, o a escuchar críticas de este asunto. No obstante, la existencia del racismo en el país encuentra plena expresión en la fundación del Partido Una Nación de Pauline Hanson y en su amplio apoyo. Lo que es más lamentable, probablemente el racismo ganará un reconocimiento incluso aún mayor. Este fenómenos social se ha reflejado plenamente en una serie de incidentes con personas de barco, inclusive el caso del barco Tampa. En agosto, el Gobierno australiano, que siempre hace eco a Estados Unidos para criticar la situación de los derechos humanos en algunos países asiáticos, mantuvo sin piedad a los afganos buscadores de refugio en el Tampa fuera de las aguas australianas, desatendiendo las críticas de la comunidad internacional, y lo hizo bajo la presión del exclusionismo del propio país.

Las actividades extremistas, debido a la ideología exclusionista en la sociedad australiana, serán posibles. Tal vez el Gobierno australiano podría encontrar excusas que sonaran razonables para forzar las casas de las familias musulmanas que habían inmigrado de los países del sudeste asiático. Empero, la gente permanece alerta ante las posibles actividades extremistas sociales, al tiempo que leen y escuchan reportajes sobre la supersensibilidad y superreacción de los australianos frente al terrorismo.

Tercero, la falta de confianza de los países asiáticos en Australia también perjudica la cooperación. Por supuesto, el Gobierno australiano ha hecho esfuerzos para incrementar la cooperación multilateral en la región de Asia y el Pacífico y desarrolla lazos multilaterales con los países asiáticos, pero a veces simplemente no muestra suficiente respeto y comprensión con los países vecinos.

Se considera que lo que hicieron los australianos después de la explosión en Bali es, más o menos, una reacción excesiva. Cuando los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSEA) decidieron celebrar la reunión de 2003 de la organización en Bali para mostrar su desafío al terrorismo y su apoyo recíproco, el Gobierno australiano advirtió a sus ciudadanos de mantenerse lejos de Indonesia. Algunas acciones impropias de Australia llevaron al país a rehusar solicitar la participación en el diálogo "10+1" de la ANSEA en la cumbre de la organización para este año. Recientemente, Australia, junto con otros países occidentales, cerró sus embajadas en Indonesia y Malaysia, actos demasiado chocantes e insoportables para estos países. Como Australia está considerando enviar tropas a combatir el terrorismo en los países del sudeste asiático, Malaysia fue al grano señalando que cualquier país de la región que permita la presencia de tropas australianas en su suelo aumentaría la exposición de dicho país al terrorismo.

Australia, sin embargo, parece no cuidar mucho de la reacción de sus vecinos. El 1 de diciembre, el Primer Ministro Howard apeló públicamente a enmendar la Carta de la ONU para apoyar su golpe de antemano contra los terroristas en el sudeste asiático, cosa que indignó mucho a los países asiáticos.

La explosión terrorista en Bali acicateó a Australia a reforzar su cooperación con los países del sudeste asiático, pero los elementos que impiden la profundización de su cooperación son visibles. El terrorismo internacional se está expandiendo en escala y viene enfocando sus objetivos políticos, pero algunos países tienden a aumentar su fuerza armada contra el terrorismo, lo que por cierto hace más complicada la campaña antiterrorista. Con el correr del tiempo, emergerá la diferencia entre Australia y los países del sudeste asiático sobre las medidas antiterroristas y cómo eliminar la raíz del terrorismo. Australia se enfrenta a la tarea de reajustar su política exterior y estrategia de seguridad nacional para la campaña antiterrorista.