¿Podrá EE.UU. corregir su rumbo conservador?

--La Administración Bush continuará reduciendo los gastos en bienestar, mantendrá una posición agresiva en la defensa nacional y se empeñará más a fondo en la lucha contra el terrorismo y en el problema de Irak.

por Yu Fei

Con su gran victoria en las elecciones parciales del 5 de noviembre, los republicanos de EE.UU. mantuvieron e incluso ampliaron su predominio en la Cámara de Representantes y adquirieron mayoría en el Senado. Actualmente, ellos controlan, o al menos tienen la mayoría, en los órganos administrativo, legislativo y judicial (la Corte Suprema está compuesta por cinco republicanos y cuatro demócratas). El predominio político de un solo partido es algo inusual en la historia moderna estadounidense y ello  afectará inevitablemente los patrones políticos del país en los próximos dos años, e incluso más allá.

Desde que George W. Bush entró en la Casa Blanca, ha invitado a un considerable número de funcionarios conservadores a participar en su gobierno, lo que ha conducido al país por un sendero más conservador. La Administración Bush redujo los impuestos y las medidas de protección ambiental, incrementó los gastos de defensa y adoptó una estrategia exterior más dura, en claro contraste con la precedente Administración Clinton. La política derechista de Bush fue lanzada bajo el dominio de los republicanos de la Cámara de Representantes y de los demócratas en el Senado. Actualmente, los republicanos han logrado la mayoría en el Senado. ¿Significa ello que el público estadounidense ha aceptado ampliamente las políticas conservadoras?

La consigna del "conservadurismo compasivo" de Bush atrajo a muchos votantes moderados. La compasión referida significa prestar mayor atención a los intereses de la clase media e inferior en campos como la educación pública, los servicios médicos, la seguridad social y el sueldo mínimo. Sin embargo, en los años transcurridos desde la elección presidencial de 2000, muchos estadounidenses han dejado de creer que la política de Bush refleje el "conservadurismo compasivo". Un caricaturista dibujó a Bush con un "corazón conservador y compasivo," que aquel se quitó como una chaqueta usada en las elecciones y que luego tiró.

El apoyo del público al Partido Republicano en las elecciones parciales fue, en cierto modo, una reacción a las políticas domésticas y extranjeras de la Administración Bush. Se esperaba que los votantes expresaran su descontento vetando a los candidatos republicanos. Sin embargo, tal reacción fue muy limitada. La elección o no de los candidatos quedó determinada por la propuesta política y la atracción personal de cada uno. Los representantes o senadores son responsables ante sus votantes. Es por ello que la tasa de reelección de los representantes resultó tan alta, por encima del 90%, y la de  los senadores superó el 75%. En este sentido, y exceptuando los  períodos en que el público está muy descontento con el presidente, éste no ejerce gran influencia en las elecciones del congreso.  Un representante afirmó que si de la ayuda del mandatario dependiera, ellos no habían llegado al gobierno. 

En las elecciones congresionales de este año, los republicanos ganaron una pequeña victoria, aumentando sólo dos asientos en el Senado (con un total de 34 asientos en la elección) y seis escaños en la Cámara de Representantes (un total de 435 curules en la elección). Pero, como los dos partidos habían ocupado casi el mismo número de puestos en la Cámara de Representantes y el Senado, el escaso margen fue decisivo. Sin embargo, la pequeña victoria de los republicanos en el Congreso no es un signo que las políticas conservadoras de Bush hayan ganado más apoyo del público.

¿Continuará la Administración Bush su marcha derechista? Parece que no por el momento. Las actuales políticas internas y exteriores estadounidenses ya son lo bastante conservadoras. Algunos republicanos están incluso preocupados de que el Presidente Bush caiga por completo  en manos de la derecha. Bush se enfrenta ahora a la creciente presión de los republicanos moderados, hecho que quedó claramente manifestado por la deserción del senador republicano Jim Jeffords el año pasado. El reajuste de Bush de su política de reducción de impuestos y de gastos de bienestar demuestra que no irá demasiado lejos en su derechización.  En resumen, una tendencia demasiado derechista hará que Bush probablemente pierda el apoyo de los votantes moderados, pues ya está pensando en un segundo período de mandato.

¿Podrá Bush hacer lo que se le antoja ahora que el Partido Republicano controla los departamentos administrativo, legislativo y judicial? La respuesta es negativa. En el Congreso, sólo un puñado de votos de  republicanos a favor de los demócratas puede cambiar los resultados de cualquier moción o proyecto. El panorama es todavía incierto en el Senado, porque hay sólo dos asientos de diferencia entre los dos partidos. Por otra parte, los reglamentos de procedimiento del Senado permiten a los demócratas obstruir la aprobación de importantes proyectos. Los senadores y representantes se preocupan de sus reelecciones aunque siempre actúan según las indicaciones del presidente y sus partidos. En primer lugar,  son responsables ante sus votantes. En cuanto a la Corte Suprema, ésta no interviene generalmente en ninguna decisión, con la excepción de los pleitos entre el presidente y el congreso.

Desde luego, ello no significa que la victoria del Partido Republicano en las elecciones parciales sea insignificante. La lucha contra el terrorismo compensa el descontento del público estadounidense con la depresión económica, aumentado el apoyo a Bush. El control republicano de la Cámara de Representantes y el Senado incrementa el capital político de Bush y consolida su posición política. Antes de las elecciones parciales de este año, Bush corría por todas partes haciendo campañas para los candidatos republicanos y ayudándoles a reunir fondos. Ello contribuyó en gran medida al triunfo de los republicanos y elevó la influencia de Bush en el Congreso. Se puede prever que la Administración Bush continuará reduciendo los gastos de bienestar, mantendrá una posición agresiva en la defensa nacional, y se empeñará más a fondo en la lucha contra el terrorismo y en el problema de Irak.