¿Qué hace al mundo inestable?

-- La hegemonía y el terrorismo constituyen los principales factores que afectan la paz mundial.

por Wang Yusheng

Hace más de una década que concluyó la Guerra Fría y, sin embargo, el mundo sigue siendo inestable. Los cambios en la situación internacional después de los atentados terroristas del 11 de septiembre demuestran que la hegemonía y el terrorismo se han convertido en los principales elementos que afectan la paz mundial. En diferentes aspectos y por distintos medios, perturban, cambian e incluso afectan la paz, dando lugar a una especie de círculo vicioso.

El impacto del terrorismo sobre la paz mundial es directo y tangible, además de ser causa del odio en la sociedad. Ha pasado más de un año desde que EE.UU. lanzó su guerra antiterrorista sin que hasta ahora Osama Bin Laden, el sospechoso número uno haya aparecido ni vivo ni muerto. La estabilidad no  reina todavía en Afganistán, y los disturbios en Indonesia y Filipinas preocupan al mundo. Todo indica las actividades terroristas son cada vez más frecuentes, expandiéndose de forma desenfrenada por aire y mar, para no hablar ya de la tierra.

No obstante, la intensificación no significa  poderío y fuerza; más bien se trata de una lucha o venganza desesperada. Los ataques terroristas han dañado a inocentes y puesto en peligro la paz y el desarrollo mundial, convirtiéndose en importante factor de inestabilidad mundial. En la actualidad, todos los países están conscientes del peligro del terrorismo y hacen esfuerzos mancomunados para combatirlo.

Pero aun cuando la cooperación internacional contiene de cierta manera el embate terrorista siguen suscitándose problemas. Por una parte, la campaña antiterrorista se ha concentrado en la lucha contra el ataque de las organizaciones terroristas, así como su destrucción y eliminación, en lugar de  estudiar y procurar eliminar las raíces del terror. Por la otra, algunos países demuestran una tendencia ad adoptar dobles raseros en la lucha antiterrorista. Si estos problemas se resolvieran mediante consultas y sobre la base del respecto mutuo, la guerra antiterrorista seguramente sería más  efectiva y fructífera. De otra forma, su futuro será incierto.  

La hegemonía estadounidense se ha convertido en realidad después del fin de la Guerra Fría, aunque  ha sido tema de discusión en las dos últimas décadas.

Después de la toma de poder de George W Bush, los halcones del Gobierno estadounidenses endurecieron sus posturas. Los ataques del 11 de septiembre fueron destructivos, pero proporcionaron una oportunidad inesperada a EE.UU. El país agitó la bandera antiterrorista y se puso al frente del mundo bajo este pretexto, intentando poner  cuanto foco de conflicto hubiera sobre el planeta bajo su égida, con la manifiesta intención de hacer soplar el viento en su favor.  

En 2002, la hegemonía estadounidense tuvo nuevas representaciones, caracterizadas por su estrategia de seguridad, la teoría agresiva y la política unilateral.

Después del 11 de septiembre de 2001, EE.UU. prestó más atención a su seguridad territorial, creando el departamento para atender este frente, un paso comprensible para otros países. Sin embargo, mientras fortalece su seguridad absoluta, EE.UU. parece haber olvidado la paz y el desarrollo general mundial como un conjunto, construyendo incluso su propia seguridad sobre la inseguridad de otros países. Adoptando el doble rasero se retiró unilateralmente del Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972 y tuvo una actitud pasiva o incluso opuesta hacia otros tratados internacionales importantes, afectando la seguridad internacional y la estabilidad estratégica y conduciendo al mundo al peligro y al caos.    

La teoría agresiva remedó de algún modo la doctrina de Brezhnev en el período de la Unión Soviética y el intervencionismo de la Administración Clinton, que abogaban la “teoría de soberanía limitada”. Pero la teoría agresiva va más lejos, desafiando directamente los principios básicos de la Carta de la ONU y la ley internacional. En otras palabras, EE.UU. quiere ser policía y juez del mundo. Si te dice que estás en el “eje del mal”, pues estás. Si considera que eres una amenaza, entonces se arroga el derecho a eliminarte. 

Actualmente, Israel y Australia le siguen la corriente a EE.UU.. John Howard, Primer Ministro australiano, dijo hace poco que Australia tomaría acciones para atacar a las fuerzas terroristas en sus países vecinos cuando fuera necesario. También propuso revisar la Carta de la ONU en ese sentido, hecho que provocó fuerte oposición de sus vecinos asiáticos. Si todos los países actúan en esta forma, ¿Qué sería de la situación mundial? ¿Cómo podría existir la paz en el mundo?

El unilateralismo es el producto de la posición de EE.UU. como única superpotencia en el mundo después del fin de la Guerra Fría. A tal tenor desafía directamente el multilateralismo que promueve el Consejo de Seguridad de la ONU. EE.UU. espera ponerse por encima de la organización mundial y de las otras instituciones multinacionales, dominar el mundo y restringir el desarrollo multipolar. Esto afecta al actual orden político y de seguridad internacional, causando sólo desorden e inestabilidad.

Ningún país puede igualar el poderío de EE.UU., ni en lo económico ni en lo militar. Hablar de un “Imperio estadounidense” y un “nuevo Imperialismo” es totalmente razonable. Sin embargo, el mundo es un planeta multicolor con gran diversidad, que se resiste a aceptar la imposición de un sistema monárquico. Como dijo un veterano diplomático  estadounidense, el planeta no puede ser dominado por un único centro político, no importa cuán poderoso sea en lo militar.    

Pese a su soberbia y aparente invulnerabilidad, la hegemonía estadounidense tiene sus debilidades y debe detenerse ante varios factores. Después de incluir a algunas naciones en el “eje del mal”, Bush calculó que dichos países quedarían aislados. Para su sorpresa, la Unión Europea no sólo mantiene relaciones normales con las llamadas naciones del “eje del mal”, sino que también ha fortalecido su relación y cooperación con ellas. Los lazos entre Rusia y los países del llamado “eje del mal” son más calurosos que nunca, incluso más cercanos en cierto sentido. Hamid Karzai, Presidente de Afganistán, quien cuenta con el apoyo de EE.UU., visitó a Irán poco después de tomar el poder, pese a la presión estadounidense, e invitó a los dirigentes de Irán a visitar a Afganistán, considerando que afganos e iraníes son vecinos amistosos. De manera similar, cuando EE.UU. declaró unilateralmente la guerra contra Sadam Husein, se dio de bruces con la oposición del resto del mundo, lo que le obligó a recurrir a la ONU.    

EE.UU. está descubriendo escollos en su intento por  controlar el mundo. No todos los países pequeños le seguirán la rima;  ni siguiera las grandes potencias. Aunque están cooperando con EE.UU. en la campaña antiterrorista en cierto sentido, no siempre marchan en la dirección dictada desde Washington,  como bien reflejan los pronunciamientos de la ONU, que no es tribuna privada de EE.UU.