Una mirada a los polos de poder de la actualidad
-- EE.UU., Rusia y la Unión Europea se han comportado de manera distinta en el tratamiento de los asuntos internacionales. A continuación se analizan las razones detrás de estas actitudes.
Por Liu Hongchao
(El autor trabaja en el Centro de Estudios Internacionales subordinado al Instituto de Radio de Beijing)
El comportamiento individual de los tres polos protagonistas de primera línea en la arena internacional: EE.UU., Rusia y la Unión Europea (UE), varía notablemente. EE.UU. impresiona al mundo con su arbitrariedad, y considerándose el gran vencedor de la Guerra Fría, da órdenes a diestra y siniestra e interviene en los asuntos internos de otros, sin respetar las reglas internacionales. Rusia, por su parte, siempre ha mantenido un perfil bajo cuando trata los asuntos internacionales, o sea, totalmente distinto de su predecesor, la Unión Soviética. Y la UE, aunque ha ganado cada vez más ascendencia en el ámbito internacional con su ampliación, suele dar la impresión de que nunca habla con una sola voz sobre los asuntos importantes.
¿Por qué EE.UU. es tan arbitrario?
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El vicepresidente estadounidense
Cheney adopta una actitud enérgica en relación con el terrorismo. XINHUA/AFP
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Se puede encontrar la respuesta en la comparación de las fuerzas internacionales después del término de la Guerra Fría. Con la desintegración de la Unión Soviética en 1991, se destruyó la estructura mundial bipolar. EE.UU. se ha convertido en la única superpotencia mundial, causando un serio desequilibrio entre las fuerzas internacionales. Posee un poderío nacional que los otros países distan mucho de alcanzar. Su economía experimentó un crecimiento decenal en la década de los 90. Su PIB se incrementó de 25,6% del total global a principios de la misma década a 31,54% en la actualidad. Japón, la segunda mayor economía del mundo, sólo posee la mitad del poderío económico estadounidense. Los otros países, incluidos Francia y Gran Bretaña, se quedan muy por detrás de EE.UU. Sólo la economía del Estado de California sobrepasa a la de toda Francia, y está próxima a la de Gran Bretaña. En el informe sobre el presupuesto fiscal para el año 2003 presentado al Congreso estadounidense por el Presidente Geroge W. Bush, se incluyó un presupuesto dedicado a la defensa nacional de 379.000 millones de dólares, o sea, 48.000 millones de dólares más que el año fiscal anterior, para un aumento del 14,5%. Los gastos militares de EE.UU. representan el 36,3% del total mundial, excediendo la suma total de los gastos militares de 15 países poderosos de segunda categoría, incluyendo a Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia, Japón, China y la India. En fin, el fuerte poderío nacional es el capital de la hegemonía, y la razón por la que EE.UU. puede actuar de modo tan arbitrario.
Por otro lado, Rusia, la UE y China poseen condiciones y potencial para convertirse en un polo en el mundo. Están por un mundo multipolar y se oponen a las intenciones unilateralistas estadounidenses. Sin embargo, ninguno de ellos puede ser rival o carece de interés o intención de desafiar a EE.UU. por sí mismos. Debido a los supremos poderíos económico y militar estadounidenses, los tres consideran sus relaciones con EE.UU. más importantes que con otros países. Por tanto, no desafiarán a ese país en un futuro inmediato.
EE.UU., por tanto, aprovecha esta oportunidad histórica para mostrar su arrogancia. El vicepresidente estadounidense, Richard B. Cheney, y el secretario de Defensa, Ronald H. Rumsfeld, entre otros altos funcionarios gubernamentales, reiteraron que el derecho internacional sólo se aplica para los países débiles, y que su país puede administrar los asuntos internacionales según sus propios intereses y no tiene que considerar a otros. El vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, lo expresó una vez de manera más directa, diciendo que el Presidente estadounidense promovería la diplomacia ateniéndose a su propio criterio de qué resulta más correcto y adecuado para EE.UU. Guiado por esta mentalidad, EE.UU. renunció decididamente al Protocolo de Kioto de 1997, otorgando carácter divino al estilo de vida de los estadounidenses, basado en el consumo desmedido de energía. Para buscar la supremacía militar, EE.UU. se retiró unilateralmente del Tratado de Misiles Antibalísticos (TMA) de 1972, e insistió en desplegar el sistema de defensa antimisiles, haciendo caso omiso de las preocupaciones y la oposición de la comunidad internacional. Washington también reitera su determinación de derribar el régimen de Sadam en Irak, con o sin la participación de sus aliados y el acuerdo de la comunidad internacional. Para los norteamericanos, el mundo está bajo su dominio.
¿Por qué Rusia mantiene un perfil bajo?
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El ministro de Relaciones
Exteriores ruso, Igor Ivanov, reitera en una conferencia de prensa en
octubre de 2002 que el problema de Irak debe ser resuelto por medios pacíficos.
ZHANG WEIGE |
Rusia no se opone ya a la expansión de la OTAN con el ahínco que solía hacerlo, y no enfatiza más que la Comunidad de Estados Independientes es su territorio especial. Tolera la influencia militar estadounidense en su patio trasero de Asia Central, y se mantiene con calma después de la retirada estadounidense del TMA. E incluso permite que EE.UU. le incluya entre los blancos nucleares potenciales.
Todo ello se debe al reajuste de su política exterior, y la razón fundamental del cambio es la debilidad de su poderío nacional. Después del término de la Guerra Fría, la brecha entre Rusia y EE.UU. se ha incrementado. Aprovechando la oportunidad de la globalización y la nueva economía, EE.UU. registró el crecimiento económico en 10 años consecutivos. Sin embargo, durante la misma década, Rusia experimentó un crecimiento negativo en los primeros siete años y una lenta recuperación en los últimos tres. Según la tasa de cambio actual del dólar, el PIB de EE.UU. representa el 30% del total mundial, mientras que el de Rusia sólo ocupa el 0,7%. En 1991, el PIB ruso fue una novena parte del de EE.UU., y el mismo se redujo a una trigésima parte en 2001, ocupando el puesto número 44 entre los 200 países que conforman el mundo. En la actualidad, Rusia tiene una deuda de más de 120.000 millones de dólares con los países occidentales, superior a un tercio de su PIB estimado de 2002. Sus gastos militares representan sólo una cuadragésima parte de los de EE.UU. También constituye un contraste violento las victorias rápidas de EE.UU. en Kosovo y Afganistán y la década de conflictos ruso en Chechenia. El Presidente ruso, Vladimir Putin, es pragmático. Después de una estimación y valoración sensata, consideró que Rusia debe dejar su asimétrica política de confrontación y, en su lugar, tiene que buscar la cooperación con EE.UU. para emprender un desarrollo económico rápido y restablecer su posición de potencia. También está convencido de que el poderío nacional es fundamental, por tanto ha escogido una estrategia diplomática de cooperación en vez de confrontación con EE.UU.
Últimamente Rusia dio la impresión al mundo de haber endurecido otra vez su posición hacia Washington. Después de que EE.UU. clasificó a la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Irán e Irak como el eje del Mal y los acusó de apoyar el terrorismo y de representar serias amenazas para el país, Rusia ha seguido manteniendo buenas relaciones con ellos. Lo que más ha molestado a EE.UU. es el contrato por valor de 40.000 millones de dólares que debía firmarse entre Rusia e Irak justo cuando EE.UU. estaba preparándose para la guerra contra Sadam Husein.
De cara a la presión de la guerra, Irak trató de utilizar un gran negocio para atraer el apoyo de Rusia. Un contrato por valor de 40.000 millones de dólares es atractivo, pero ¿tiene Rusia el suficiente apetito o valor para cumplirlo? La fecha de firma, establecida para finales de agosto o a principios de septiembre de 2002, ha pasado, y no se ha realizado ninguna ceremonia, ni en Moscú ni en Bagdad. Parece que el plan ha abortado, o por lo menos se ha aplazado bajo presión estadounidense.
EE.UU. ha prometido derrocar al régimen de Sadam, pero Rusia no está de acuerdo. Tanto Putin como el ministro de Relaciones Exteriores Igor Ivanov han dicho repetidamente a Bush de que no acuda a la fuerza, reiterando que el problema de Irak sólo se puede resolver por medios políticos. Pero EE.UU. hace oídos sordos. Si se lleva a cabo la segunda Guerra del Golfo, ¿ayudará Rusia a Irak? La respuesta es negativa.
En realidad, el hecho de que Rusia mantenga y desarrolle relaciones con esos países del eje del Mal no tiene por propósito oponerse a EE.UU., o formar una alianza antiestadounidense, sino que simplemente considera sus propios intereses económicos, y para mantener su imagen diplomática de continuidad, equilibrio e independencia.
¿Por qué es floja la UE?
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La Presidenta de Finlandia,
Tarja Halonen, (derecha), el canciller alemán, Gerhard Schroeder, y el
Presidente francés, Jacques Chirac, se reúnen en la Cumbre de la UE celebrada
en Copenhague, el 13 de diciembre de 2002. XINHUA/AFP
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En la actualidad, la UE cuenta con 15 países miembros, y una población total de 380 millones de habitantes, lo que significa 1,5 veces la de EE.UU. Su PIB en 2001 fue de más de 9 billones de dólares, similar al de EE.UU. Con su ampliación, la UE se convertirá definitivamente en un polo importante en el futuro mundo multipolar.
El objetivo original del establecimiento y la ampliación de la UE ha sido aparentemente el de desplegar un papel importante que corresponda a su poderío y posición en la arena internacional. Sin embargo, se ha comportado desunida en los principales asuntos internacionales, tales como en el problema de Irak.
Este fenómeno, sin embargo, no es extraño. La UE está compuesta por numerosos miembros, y cada cual tiene sus propias condiciones complicadas. La diferencia de sus políticas domésticas y exteriores, sus relaciones con EE.UU. y sus intereses nacionales determinan lo difícil de hablar al unísono.
Por ejemplo, Gran Bretaña comparte una amistad tradicional con EE.UU. La misma cultura, origen y relación sanguínea ayuda a fortalecer la amistad especial entre ellos. La reciprocidad ha sido una larga tradición. Cuando estalló la Guerra de Malvinas entre Gran Bretaña y Argentina, en 1982, EE.UU. fue mediador al principio, pero más tarde apoyó obviamente a la parte británica. El respaldo británico a EE.UU. es frecuente. El primer ministro británico, Tony Blair, no pareció ofendido cuando le preguntaron si era primer ministro de Gran Bretaña o sirviente de EE.UU. Confirmó que la relación amistosa entre los dos países no cambiaría mientras él sea primer ministro. En realidad, los sucesivos premieres británicos han considerado las relaciones británico-estadounidenses como una prioridad de sus relaciones exteriores en las últimas décadas, quizás como reflejo de aquella máxima que exaltaba las viejas glorias de Albión, como el imperio donde nunca se pone el sol y que ya no existe. Gran Bretaña tiene que depender de EE.UU. para mantener su posición como potencia política.
El Gobierno francés ha sido independiente de EE.UU. desde la época en que Charles de Gaulle estaba en el poder. Francia entiende que no puede estar en bases de igualdad con EE.UU. debido a su limitado poderío nacional. Pero si sigue todos los pasos de EE.UU., perderá su voz en la comunidad internacional, así como su posición e influencia de gran potencia. Sólo con el mantenimiento de la independencia, Francia puede salvaguardar sus intereses nacionales. A este tenor, siempre ha tenido una opinión diferente de EE.UU sobre algunos problemas primordiales internacionales. El caso de Irak es un ejemplo. Francia siempre ha mantenido buenas relaciones con el Gobierno iraquí, y fue uno de sus principales suministradores de armas. Las empresas galas tienen muchos intereses comerciales en ese país, lo que explica la prudencia de París en el problema de Irak.
En cuanto a Alemania, sí se trata de un caso inusual. Tras mantener en cierta forma al margen de los dictados de EE.UU, finalmente un no en voz alta. Pero ello no es sorprendente, pues el unilateralismo estadounidense causa la intranquilidad de todo el mundo. Según una encuesta, el 80% de los ciudadanos alemanes se oponen al ataque militar estadounidense contra Irak. El canciller alemán, Gerhard Schroeder, está convencido de la importancia de la opinión pública para su posición. Desde la reunificación de Alemania en 1990, su sentido de potencia política se ha fortalecido continuamente. El hecho de que Alemania haya dicho no a EE.UU. refleja la intensificación de esta conciencia.
El hecho de que la UE aún sea incapaz de pronunciarse como una sola entidad sobre los principales problemas internacionales indica que todavía requiere tiempo para que la misma se convierta en un verdadero polo mundial.
Los diferentes comportamientos de EE.UU., Rusia y la UE reflejan la aguda naturaleza de los conflictos de intereses en los tiempos actuales, y demuestran que existe un largo camino por recorrer para formar un mundo multipolar.
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