¿Cuál es la solución?
--La coordinación y la flexibilidad resultan vitales al tratar los problemas internacionales. Con el fin de disminuir las tensiones nucleares entre EE.UU. y la RPDC, Washington debe dar el primer paso.
por Gao Haikuai
(El autor es investigador de la Asociación de Relaciones Internacionales de Amistad de China)
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La posición de EE.UU.: Estados Unidos no tiene intenciones de atacar a la RPDC, pero tampoco firmará acuerdo mutuo de no agresión con ella, dice Powell (derecha). |
Las negociaciones sobre el tema de seguridad que sostuvo en Pyongyang a principios de octubre de 2002 James Kelly, subsecretario de Estado estadounidense para Asuntos del Este de Asia y el Pacífico, con funcionarios de alto rango de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), no tuvieron resultados positivos. De ellas emergió una confrontación inesperada entre las dos partes. La RPDC admitió que está desarrollando su programa nuclear y demandó la anulación del Acuerdo Marco firmado por ambos países en 1994.
Desde entonces, la confrontación ha escalado. En diciembre, la RPDC rompió los sellos de los equipos de control de la ONU en su complejo nuclear, y pidió la salida del país del personal de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Estas acciones preocuparon a la comunidad internacional, especialmente a los países de la región. La actual crisis nuclear entre EE.UU. y la RPDC es resultado inevitable de las relaciones entre ambos.
En 2001, la Administración de Bush cambió su actitud hacia la RPDC, con el deseo de sostener conversaciones incondicionales con la RPDC en cualquier lugar y momento, y apoyar la política del sol del mandatario de la RC Kim Dae Jung. Sin embargo, debido a su campaña antiterrorista en Afganistán y la preparación para una guerra con Irak, EE.UU. tuvo menos tiempo para tratar con la RPDC y el noreste de Asia.
Todavía no existen bases para una reconciliación total o una mejora de relaciones entre los dos países. La política estadounidense hacia la RPDC se ha mantenido inalterable. Después de los atentos terroristas del 11 de septiembre, EE.UU. incluso colocó a la RPDC entre los países del eje del mal. Con apego a su política antiterrorista, EE.UU. ha adecuado su tratamiento de la RPDC centrándose principalmente en el problema de las armas de destrucción masiva. Un informe sobre estrategia de seguridad nacional emitido por EE.UU. en septiembre de 2002 indicó que las armas de destrucción masiva constituyen una de las mayores amenazas para EE.UU. Tras sospechar por largo tiempo que la RPDC ha estado desarrollando armas nucleares, EE.UU. se dispuso a iniciar una inspección nuclear integral de ese país y añadirlo a la lista de siete países posibles blancos de ataques nucleares estadounidenses. EE.UU. considera a la RPDC y a Irak como principales teatros de guerra en la lucha contra el terror, pese que su política hacia ambos varía hasta cierto punto.
La RPDC atribuye la separación de la Península coreana y sus propios problemas de la actualidad a la hostilidad estadounidense. Resentido por haber sido incluido en el eje del mal, el país se mantiene alerta contra cualquier estrategia agresiva de EE.UU. Incapaz de confrontar en lo militar a EE.UU., la RPDC considera que su única oportunidad de negociar con éste es usar su programa de armas nucleares. El país reinició este programa en respuesta a la desatención estadounidense con respecto a la implementación del Acuerdo Marco y sus continuadas presiones contra la RPDC. En este sentido, las estrategias básicas, las medidas y las políticas de los dos países contrastan severamente.
Sin consenso entre ellas y aferrándose a expectativas excesivamente altas e injustificadas, las dos partes contemplaron con perplejidad el enfrentamiento en Pyongyang entre Kelly y los funcionarios de la RPDC. Cada parte se niega a aceptar las demandas de la otra. EE.UU. esperaba que la RPDC congelara sus programas de armas nucleares antes de pasar a negociar otros temas. A principios de junio de 2002, el Secretario de Estado estadounidense Colin Powell expresó claramente que las negociaciones entre EE.UU. y la RPDC deben partir de la aceptación plena por parte de la RPDC de las condiciones estadounidenses. Sin embargo, la RPDC no se apresuró a asumir compromiso inmediato alguno. En 1999, cuando el ex Secretario de Defensa de EE.UU. William Perry visitó a la RPDC, impulsó una política flexible, levantando parcialmente las sanciones estadounidenses. Kelly no siguió este ejemplo; al contrario, dio un ultimátum a la RPDC.
La RPDC, por su parte, demandó a EE.UU. a poner fin a su hostilidad, eliminar completamente las sanciones, excluirle de los países del eje del mal y firmar un tratado de no-agresión mutua y de paz. Esta demanda no puede ser aceptada por EE.UU. que se considera líder del mundo. EE.UU. no cederá ante la RPDC, especialmente mientras dure la tozuda Administración de Bush, que se decanta por endurecer la política hacia ese país. Como resultado, el conflicto es inevitable. El desafío de la RPDC es una reacción a la contención y disuasión estadounidenses, un cáncer heredado de la Guerra Fría.
Impacto a la región y los países involucrados
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Seguimiento atento: ciudadanos surcoreanos leen las informaciones de prensa sobre la retirada de la RPDC del Tratado de No-proliferación Nuclear (TNPN) |
Aunque también afectada por los embates del terrorismo después de los atentados del 11 de septiembre, Asia Oriental se mantiene estable, con un crecimiento económico firme. El empeoramiento de las relaciones RPDC-EE.UU. dio al traste con esta estabilidad y complicó la situación de seguridad regional. La crisis nuclear entre EE.UU. y la RPDC afecta directamente el proceso de paz de la Península de Corea, y amortigua los esfuerzos de las diversas fuerzas a favor de la reconciliación Norte-Sur.
La actual tensión entre EE.UU. y la RPDC es un verdadero dolor de cabeza de la República de Corea (RC), que queda sumida en un dilema. No solamente se empantana la política de sol de Kim Dae Jung, sino que se afectan las perspectivas de que el presidente electo Roh Moo Hyun se acoja a políticas de distensión. Pese de estar en el poder, el Partido Democrático del Milenio de Roh no domina el Parlamento. Sigue siendo motivo de especulación la posibilidad de implementar la política de reconciliación de Roh, al igual que la materialización de la cooperación económica y los intercambios de personal entre el Sur y el Norte.
El embrollo obligó a Japón a retrasar la puesta en práctica de políticas moderadas hacia la RPDC. Después de la histórica visita a Pyongyang, el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi intentó añadir este logro diplomático a sus éxitos políticos. El problema de los rehenes nipones retenidos en la RPDC constituyó el punto muerto para las negociaciones entre Tokio y Pyongyang para el establecimiento de relaciones diplomáticas y un notable impedimento para las aspiraciones del primer ministro. Para colmo, ahora llega la crisis nuclear entre EE.UU. y la RPDC. Si desea consolidar sus logros diplomáticos y allanar el camino hacia el establecimiento de lazos diplomáticos con su vecino, Japón debe evitar cualquier medida extrema hacia la RPDC en relación con el programa nuclear de aquélla, al que Japón siempre se ha opuesto. Con todo al gobierno nipón no le queda otra alternativa que seguir los pasos de EE.UU. En este plano EE.UU., Japón y la RC comparten ciertos intereses comunes, pero también tienen diferencias.
El conflicto con la RPDC es sin duda otro escollo para EE.UU. justo cuando este último se prepara para una guerra con Irak. El diferendo con Pyongyang perturba su desplazamiento estratégico y añade dificultades a su campaña antiterrorista. EE.UU. no ha logrado más apoyo de los países del nordeste de Asia debido a su reacción al programa nuclear de la RPDC y por su incapacidad para cambiar su imagen hegemónica militar. En Japón y la RC, sus países aliados, tuvieron lugar manifestaciones y protestas de gran escala para demandar la revisión del injusto Acuerdo sobre el Estado de las Fuerzas (SOFA, en inglés). En medio de un creciente sentimiento antiestadounidense, palidece la percepción de amenaza que podría derivarse de la RPDC.
La intensificación de la crisis entre EE.UU. y la RPDC puso a la RPDC en una posición desventajosa. Con el desarrollo de la confrontación, se vislumbra la posibilidad de guerra. La imagen de la RPDC ante la comunidad internacional se ha visto afectada por su reinicio del programa nuclear. El país está cada día más aislado del resto del mundo. Mientras confronta a EE.UU., la economía de la RPDC y sus reformas económicas enfrentan dificultades y desafíos. EE.UU. planea fomentar sanciones económicas y algunos países podrían cancelar su ayuda económica. Por el momento, EE.UU. ha suspendido el suministro anual de 500.000 toneladas de petróleo pesado, lo que dificulta la ya complicada situación de la RPDC.
Salida
La paz y la estabilidad de la Península de Corea responden a los intereses inmediatos de todos los países de la región, así como de EE.UU. Una península desnuclearizada es de importancia estratégica para el Norte y el Sur. EE.UU. debe resolver la crisis sobre la base de sus propios intereses, pero tomando en cuenta además las necesidades de otros. Es urgente que la RPDC y EE.UU. se serenen y disminuyan las tensiones. Los países implicados deben jugar un papel positivo en el tratamiento del problema.
EE.UU., involucrado por mucho tiempo en los asuntos de seguridad de la península, debe dar el primer paso para conducir las relaciones bilaterales hacia una dirección positiva. Es necesario propiciar un enfoque factible que ayude a la solución de la presente crisis. A pese de las aseveraciones de Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa estadounidense, de que EE.UU. puede librar simultáneamente dos guerras, lo cierto es que tal posibilidad no es aplicable, pues implicaría la movilización de casi 500.000 soldados y un costo de más de 100.000 millones de dólares. La situación podría ser dura para EE.UU., incluso si la guerra de Corea se produce después de la de Irak. Además, EE.UU. tiene que considerar los efectos para Japón, la RC y otros países del nordeste de Asia, y el precio político de un ataque militar a la RPDC. La combinación de la presión política, la disuasión militar y las sanciones económicas de las organizaciones internacionales y los aliados estadounidenses parecen ser una opción alternativa factible.
Si la RPDC continua jugando la arriesgada carta nuclear, el país enfrentará creciente presión de la comunidad internacional y es probable que su imagen se transforme de la de luchador contra la hegemonía a la de violador de la ley internacional. Ambas partes deben adoptar medidas racionales y discretas. La coordinación y el compromiso son vitales en el tratamiento de los problemas internacionales. EE.UU. debe pronunciarse por la disminución de las actuales tensiones.
Junto a los peligros conviven factores favorables. Al pronunciarse sobre una Península de Corea desnuclearizada, los países de la región han llegado a un consenso para la solución del problema mediante el diálogo y medios pacíficos. Incluso EE.UU. y la RPDC no han cerrado todas las puertas a las conversaciones. El Presidente Bush expresó que EE.UU. no tenía intención de atacar a la RPDC. Powell dijo en un reciente discurso que la Península de Corea no estaba al borde de guerra. El 27 de diciembre, el Departamento de Estado de EE.UU. exhortó a la RPDC a abstenerse de cualquier acción desfavorable a las conversaciones. La RPDC expresó que si EE.UU. pone fin a su política de hostilidad hacia la RPDC, el país está dispuesto a sostener conversaciones, demostrando la flexibilidad en su parte. Más tarde, la RPDC dio conocer su deseo de resolver la crisis en forma pacífica.
Cuando reprodujo una situación similar entre EE.UU. y la RPDC apareció durante la crisis nuclear de 1994, EE.UU. amenazó con una acción militar. Finalmente, las dos partes se apaciguaron, alcanzaron el Acuerdo Marco y mantuvieron la estabilidad de los lazos bilaterales. Actualmente, ambos necesitan la misma calma y sabiduría para tratar apropiadamente el problema. La mejor solución es volver al Acuerdo Marco de 1994, o alcanzar un acuerdo similar.
Acontecimientos recientes
El Gobierno de la RPDC declaró el 10 de enero su retirada del Tratado de No-proliferación Nuclear (NPT en inglés), una acción que inflamó aún más la crisis nuclear de la Península de Corea.
A la vez que enfatizaba su rechazo a producir armas nucleares, Pyongyang afirmó que si EE.UU. abandonaba su política anti-RPDC, el país permitiría a EE.UU. verificar de manera conjunta que no se había desarrollado ningún arma nuclear. La política anti-RPDC de EE.UU. y la resolución de la Agencia Internacional de Energía Atómica, que urgen a la RPDC a implementar el acuerdo de garantía nuclear, obligaron a esta última, según sus propias declaraciones, a retirarse del NPT.
El 11 de enero, Bill Richardson, ex embajador estadounidense ante la ONU, y Han Song Ryol, embajador de la RPDC en dicho organismo y el Primer Secretario de este país Jong Chol concluyeron una reunión de tres días en Nuevo México, con el fin de solucionar la crisis.
Al hablar a los reporteros después de las conversaciones con los enviados de la RPDC, Richardson dijo que las consultas fueron positivas y constructivas para mitigar la tensión sobre el programa nuclear de la RPDC.
Según Richardson, especie de apagafuegos para el problema nuclear de la RPDC, los enviados de la RPDC le dijeron que la RPDC estaba dispuesta a resolver sus diferencias con EE.UU. sobre el problema nuclear, pero sólo después de negociaciones.
Sin embargo, la Administración de Bush dijo el 8 de enero que desea sostener conversaciones con la RPDC sobre cómo este país asiático puede cumplir con sus obligaciones, pero insistió en que no habrá negociaciones.
Richardson urgió a la Administración de Bush el 12 de enero a iniciar conversaciones directas con la RPDC para resolver sus diferencias sobre el problema nuclear. A mi entender, lo que la administración debe hacer, con todo respeto, es coger el teléfono, empezar las conversaciones preliminares en la ONU en la Nueva York a un nivel bajo para llegar a conversaciones más abarcadoras, dijo el funcionario en una entrevista con el programa informativo de la cadena televisiva estadounidense ABC, This Week.
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