EE.UU. y Europa: Contigo en la distancia

--A pesar del creciente distanciamiento de Europa con respecto a EE.UU., la naturaleza de los lazos EE.UU.-Europa se mantienen sin cambios, y su relación de socios globales se reconstruirá mediante el diálogo

por Zhao Junjie

(El autor es investigador asociado del Instituto de Estudios Europeos de la Academia de Ciencias Sociales de China)

La expansión que la OTAN inició hace diez años parecía acercar ambas orillas del Océano Atlántico. Cuando ocurrió la tragedia del 11 de septiembre en EE.UU., un año atrás, el embajador estadounidense ante la Unión Europea (UE) predijo sin reparo que los ataques conducirían a una nueva aproximación de las dos partes. Sin embargo, esto no ocurrió. Aunque los ataques terroristas provocaron una profunda simpatía europea hacia EE.UU., no cambió el creciente resentimiento anti-estadounidense en Europa. Las recientes y masivas protestas contra la posibilidad de un ataque de EE.UU. contra Irak refleja las desavenencias bilaterales.  

Las contradicciones entre EE.UU. y Europa aparecieron después del fin de la Guerra Fría, al desaparecer la previa presión de una posible guerra. Con la consolidación de la posición de superpotencia de EE.UU. y la búsqueda de la estrategia de revivir a Europa, ha crecido la distancia entre las dos partes, lo cual se refleja en los campos político, económico, cultural, de seguridad, y otros.

Resulta innegable el impacto negativo de la hegemonía y la política de fuerza sobre las relaciones entre los países. EE.UU. es sin dudas el líder mundial en términos del poderío nacional general. Su producto interno bruto, casi la tercera parte del total mundial, equivale a la suma total del de los 15 países miembros de la Unión Europea, o al total del de Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña. En cuanto al poderío militar, EE.UU. semeja una grulla entre gallinas. Sus gastos militares equivalen al total de varios países pequeños. Con arreglo a su descomunal poderío nacional, EE.UU. implementó el unilateralismo. De allí surge la antipatía entre los europeos. Europa no quiere un mundo unipolar que impida reflejar diversos intereses y puntos de vista. Ningún país europeo desea delegar sus decisiones diplomáticas a EE.UU. y jugar un papel secundario en los asuntos internacionales. De ahí el porqué la UE acelera su expansión hacia el este y busca una unión más estrecha entre sus países miembros.

EE.UU. y Europa sostienen diferentes opiniones sobre muchos problemas, como la teoría del “eje del mal”, la posible guerra en Irak, el proceso de paz del Medio Oriente, el establecimiento de la corte criminal internacional, la prohibición de minas antipersonales, el Protocolo de Kyoto y la abolición de la pena de muerte. EE.UU. etiquetó a Irak, Irán y la República Popular Democrática de Corea como países del “eje del mal”, y procura ataques militares. Muchos países europeos consideran que Irán no debe ser incluido  y se oponen a cualquier decisión estadounidense contra Irak. Europa suele  recurrir al imperio de la ley y apoya la consulta multilateral y la compresión y concesión mutuas.

Iniciada ya la cuenta atrás para el plan estadounidense de derrocar a Sadam Husein, las contradicciones entre Europa y EE.UU. vuelven a aflorar. Alemania y Francia, dos países claves de la UE, se oponen abiertamente a EE.UU. mediante la elaboración de una solución pacífica al problema de Irak. Ambos declaran que no detectan evidencias irrefutables sobre la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak, y que no existe razón suficiente para lanzar una guerra. Los dos países desaprueban asimismo la cooperación de la OTAN con EE.UU. en la próxima guerra contra Irak, lo que ha insertado elementos de polémica en el seno de la OTAN, causando dolores de cabeza a Washington. Además, el creciente sentimiento antibélico mundial desde mediados de febrero en Europa molesta a EE.UU.    

Debido al estancamiento de la economía mundial, la competencia por los intereses económicos es también violenta entre los dos lados del Atlántico. Las fricciones comerciales han sido frecuentes. Hace diez años, la UE empezó la construcción del mercado unificado europeo y alcanzó gradualmente la libre circulación de capital, personal y mercancías entre los países miembros. El euro, la moneda de Europa, fue formalmente introducida en doce países en 2002. Estos esfuerzos importantes hacia la unidad y la integración europea son un desafío al dólar estadounidense y su posición dirigente de la economía global. Además, las frecuentes disputas comerciales entre Europa y EE.UU. desde los años noventa constituyen un desafío a la autoridad de la Organización Mundial del Comercio (OMC).        

Aparte de la crisis de Irak y las disputas comerciales, EE.UU. y Europa se diferencian en muchos problemas de seguridad. Después de la Guerra Fría, EE.UU. intentó usar a la OTAN como un as de triunfo para controlar Europa. Washington apoya el cambio de función de la OTAN y su expansión hacia el centro y el este de Europa. La UE, por su parte, se preocupó por el incremento del control estadounidense en Europa mediante la expansión de la OTAN y el efecto que ello tendría para sus propios intereses en el centro y el este europeos. Mientras apoyaba la expansión de la OTAN hacia el este, la UE decidió construir una tropa de reacción rápida y encargarse en forma independiente la defensa de Europa. Al tiempo que ocurría la expansión hacia el este de la OTAN, la UE también estuvo ocupada en el reclutamiento de nuevos miembros en el centro y el este de la región. Cuando la OTAN decidió construir una tropa de rápida reacción de 21.000 soldados, la UE también organizó una tropa del mismo tipo de 60.000 soldados. La cumbre de la OTAN, celebrada en noviembre de 2002 en Praga, fue considerada una cumbre de reforma, mientras que la cumbre de la UE en Copenhague, en diciembre de 2002, fue llamada una cumbre de expansión.        

Después de la toma de poder de George W. Bush, el Gobierno estadounidense aceleró el desplazamiento del sistema nacional de defensa de misiles, reiteró  el rechazo al Protocolo de Kyoto, se retiró del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares, el Tratado Internacional del Convenio Internacional para la Prohibición de Minas Antipersonales, el Pacto de Armas Biológicas, etc. En la lucha contra el terrorismo, EE.UU. fue incluso más voluntarioso. La arrogancia y la hegemonía demostrados por EE.UU., su acción y su teoría de acción preventiva han molestado sobremanera a sus aliados europeos. Muchos países europeos sienten que el programa del sistema de defensa de misiles no resuelve el problema de la proliferación de armas de destrucción masiva. El Presidente Jacques Chirac dijo que la teoría del “derecho a la acción preventiva” es ilegal porque no se corresponde con los principios de la Carta de la ONU. Al discutir el tema del “eje del mal”, Christopher Patten, comisionado encargado de las relaciones exteriores de la Comisión Europea, expresó que para él era difícil creer que se trata de una política hecha después de una minuciosa consideración.      

Como reacción adversa en Washington, el ex secretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger, expresó su descontento con las críticas provenientes desde Europa, diciendo que la expresión del “eje del mal” no significó la imposición a la fuerza de un orden internacional sobre otros, sino que cada país de la alianza EE.UU.-Europa tenía el derecho de definir su compresión sobre la seguridad. Lo que un país considera unilateralismo puede que no lo sea para otro, expresó. Joshua Muravchik, investigador del Instituto de Empresas de EE.UU., escribió un artículo publicado en The American Enterprise en diciembre de 2002. En el artículo, expresó que las políticas antiterroristas de Europa eran muy vacías y contradictorias, y que parecía que su objetivo real era sujetar a los estadounidenses. Parece que los europeos piensan que la amenaza de su aliado es mayor que la de los terroristas, indicó.

La tensión entre EE.UU. y Europa obedece a motivos de honda raíz.  Primero, los puntos de vista básicos sobre el mundo y los valores tradicionalmente identificados por ambas partes empezaron a diferenciarse después de la Guerra Fría. Esta diferencia resultó en disputas entre ambos sobre muchos problemas internacionales importantes, dejando apenas espacio para el entendimiento. 

En segundo lugar, EE.UU. y Europa tienen diferentes intereses estratégicos y formas de lograrlos. El objetivo de EE.UU. es dominar unilateralmente el mundo y obtener sus mayores intereses. Europa trata de ser un simple polo en un mundo multipolar. Con este objetivo, Europa aceleró la integración. A EE.UU. no le interesa ver una Europa unificada y fuerte. En este sentido, los conflictos entre ambas partes son inevitables.

Tercero, para asegurar su posición de única superpotencia mundial, EE.UU. considera a Europa su mayor competidor potencial, y siempre intenta ampliar la brecha entre él y los aliados de Europa en lo económico, militar, cultural y muchos otros campos, especialmente en el presupuesto de defensa, las tecnologías militares y la investigación y el desarrollo.

De hecho, Europa tiene muy clara la intención de EE.UU. Después de cada guerra lanzada por EE.UU., ha sido Europa la que ha enfrentado los problemas de postguerra. La región del Golfo es una línea de suministro de petróleo importante para los europeos, a quienes resulta muy difícil cambiar la situación. A pesar de ello, la UE ha tratado de debilitar el control estadounidense sobre la defensa y la tecnología militar, mediante el establecimiento de una tropa de reacción rápida y el plan de construcción de un sistema de orientación global.

Pero no obstante las diferencias, la naturaleza de las relaciones EE.UU.-Europa se mantiene inalterable, y su relación de asociación global se reconstruirá mediante la continuación del diálogo. Además, las dos partes comparten todavía algunos intereses, valores y sistemas fundamentales, y un mecanismo efectivo para coordinar la relación y minimizar los desacuerdos. Una vez que su conflicto llegue a un punto muerto, el sistema les proporcionará la posibilidad de adoptar medidas de moderación. En la esfera de fricciones comerciales, las dos partes también demostraron su deseo de buscar compromisos y evitar conflictos prolongados. Las futuras relaciones EE.UU.-Europa dependen hasta qué punto considerará EE.UU. a Europa como su más importante socio global y si considera que una Europa poderosa sirve a sus intereses básicos. En este sentido, Washington bien podría echar a mano a la sugerencia de Joseph Nye, famoso político estadounidense, quien advierte que EE.UU. no puede lograr todos sus objetivos con la acción unilateral; el multilateralismo puede ser el punto de partida de sus políticas.