No culpen a China por los problemas económicos globales

-- Enfrentados a una economía mundial enfermiza y una deflación global, los círculos económicos occidentales andan a la caza de un chivo expiatorio;  el informe de Stephen Roach sobre China parece proporcionárselo

por Li Bian

Las discusiones sobre si China es la fuente de la deflación global han sido la comidilla mundial de los últimos meses, merced a un informe titulado “el factor China”, escrito por Stephen Roach, principal economista de la entidad financiera con sede en EE.UU. Morgan Stanley, y publicado el 14 de octubre de 2002.

Roach afirma que la economía china es causa principal de la deflación en los Estados Unidos y a escala mundial, y que la única solución para el problema es un reequilibrio global. El informe precisa que China debe modificar su política  macroeconómica y, en el contexto global cada vez más adverso, desarrollar "una mayor conciencia respecto a las consecuencias globales de sus acciones".

"Sigo siendo optimista sobre la perspectiva del crecimiento de China. Pero al hacerlo, también reconozco que la dinámica del crecimiento sustentado por las exportaciones de China tiene ahora implicaciones deflacionistas cada vez más importantes para la economía global en su conjunto”, dice Roach en su informe.

La teoría de que China está exportando la deflación causó una gran polémica en la comunidad económica mundial, y el informe de Roach ha tenido serias repercusiones en círculos industriales y en los medios informativos.

Japón ha llevado la voz cantante en la campaña contra China. Durante los últimos años, Japón ha atestiguado la aparición de un coro cada vez más numeroso de voces que claman contra la “tarea de zapa” que busca destruir su industria. Algunos mantienen que éste es el resultado de la frecuente reubicación de empresas niponas en territorio chino en busca de instalaciones baratas. Recientemente, los japoneses han llevado sus quejas a otro nivel, usando a China como chivo expiatorio que pague por sus problemas deflacionarios.

Un estado de opinión similar ha comenzado a emerger en Estados Unidos, donde se afirma que los peligros deflacionistas locales están cada vez más “hechos en China”.

Los medios informativos en muchos de los países asiáticos surorientales han reimpreso estas discusiones y publicado sus propios comentarios, afirmando que China es una de las fuentes principales de la deflación global actual. Parecería que China comenzó todos los problemas de la economía mundial.

Después de iniciado el debate, Roach publicó otro informe con el título de “Dejen de criticar a China”. Indicó entonces: “La economía mundial está contrahecha. Desgraciadamente, es ahí cuando se empieza a echar culpas en busca de chivos expiatorios que respondan por la culpa de otros. China ha emergido como el chivo expiatorio de moda, al cual se responsabiliza por una gama de problemas que afectan al mundo de hoy. Ya sea en el papel de origen de la deflación global, o como imán que atrae la creación de empleos, se percibe de manera creciente a China como una fuerza negativa de la economía mundial. Y nada más alejado de la verdad. A mi entender, la transición y desarrollo de la economía china sigue representando una enorme ventaja para el mundo”. Entonces se pronunció por dejar de criticar a China “a toda costa”, en momentos en que “el mundo precisa de una China estable como nunca antes”.

No hay que culpar a China de la deflación global

China no se encamina a la deflación, aunque sus niveles de precios se mantienen en el extremo bajo, precisa Yao Jingyuan, principal economista de la Administración Estatal de Estadística (AEE).

Las observaciones de Yao son respuesta al “Factor China” de Roach, que sugiere tal posibilidad. Aunque reconoció que un índice de crecimiento del 8% hace de China la economía más dinámica del mundo, Roach argumentó que el colosal éxito del país propiciará consecuencias involuntarias a las cuales el mundo no resultará inmune.  "Los crecientes riesgos deflacionistas son un ejemplo importante", añade el informe.

Roach observa que el índice de precios de consumo de China bajaron sobre bases anuales en un promedio del 0.7% en agosto de 2002, y que después que China acaparara el 50% del crecimiento de exportaciones asiáticas a EE.UU. entre 1996 y 2001, la economía china había emergido como ingrediente importante en la deflación de EE.UU. Sugiere que Asia ha desempeñado un papel como exportador de deflación al resto del mundo y que "China marca la pauta".

Una declinación en precios no significa deflación por sí misma, dice Yao. La deflación ocurre cuando las disminuciones de precios conducen a una recesión económica o se juntan con un descenso económico. China, sin embargo, ha mantenido un acelerado desarrollo económico en medio de una caída en los niveles de precios. Por otra parte, el índice de precios de consumo de China, con un margen de descenso de alrededor del 1%, atestiguó una subida sobre bases trimestrales o mensuales en 2002. Por lo tanto, no hay bases para decir que la economía de China está experimentando deflación, o decir que China está exportando la deflación a otras economías, concluye Yao.

"El factor China" demuestra que el dinámico crecimiento de China parte de tres fuentes: las exportaciones, los gastos en infraestructura y la inversión extranjera directa (IED). Según Yao, el consumo doméstico es también un factor crucial. El cociente de contribución de la inversión, del consumo y de la exportación al crecimiento del 8% del país es de 4:3:1. De enero a septiembre de 2002, las ventas detallistas al consumidor llegaron a 2.911 billones de yuanes, para un alza del 8,7% sobre bases anuales, lo cual contradice el informe de Roach, quien afirma que “el consumo doméstico de China es aún decepcionante”.

 Hay varias razones para la persistencia de los precios planos en China. La primera, la innovación tecnológica y la productividad mejorada ayudan a reducir los costos de producción, conduciendo naturalmente a una declinación en los precios. En segundo lugar, la tecnología y la gerencia mejoradas, la creciente inversión, la ampliación de la escala empresarial y el aumento de la capacidad de producción se combinan para asegurar una oferta amplia; la producción de excedentes y la demanda también emergen de la construcción redundante. Tercero, la incertidumbre de los consumidores sobre las reformas estructurales y los bajos ingresos de los granjeros amenazan la demanda del consumidor.

Yao cree que Roach está en lo cierto cuando afirma que China es cada vez más una fuerza de gran alcance en el establecimiento de precios globales. Esto indica una mejoría en el poderío nacional de China y que ha crecido la capacidad competitiva de sus productos. Con el desarrollo de la globalización económica,  se dan cambios en el sistema de  precios. Los precios de las mercancías se fijan de acuerdo al contexto del sistema económico global. Terminará de manera gradual el dominio ejercido por un reducido número de países desarrollados, y se harán más evidentes las fuerzas y  papel de los países en vías de desarrollo. Es incorrecto concluir que la entrada de productos chinos a bajos precios en EE.UU. ha conducido a la deflación de ese país. Ello sólo demuestra el aumento de la productividad de China, así como la caída en sus  costes y el mejoramiento de su competitividad internacional. Por otra parte, el desarrollo económico sostenido, sano y rápido de China y el fomento del comercio chino-estadounidense han inyectado nueva vitalidad en la economía norteamericana.

Sólo detectando las causas internas podrá un país resolver sus problemas económicos, afirma Yao.

El economista Hu Angang apunta que las acusaciones de Roach de que China alimenta la deflación carecen de fundamento y que ha exagerado inadecuadamente algunos hechos. En opinión de Roach, la economía constituye un ingrediente importante en la situación deflacionaria estadounidense, ya para demostrarlo se refiere a los estimados de que China acaparó el 50% por ciento del crecimiento de exportaciones de Asia a EE.UU. entre 1996 y 2001. De  hecho, según las propias estadísticas aduaneras norteamericanas, las exportaciones chinas a su país apenas cubren el 1.1% del Producto Interno Bruto (PIB) de EE.UU., por lo que están muy lejos de constituir una fuente de deflación para él.

Si se mira el hecho objetivamente, prosigue Hu, la creciente capacidad productiva de China y sus exportaciones ampliadas han contribuido en menos del 4% a la deflación global. Hu admite que el acelerado crecimiento de la economía china podría incrementar el nivel mundial de excedente, un factor que puede dar lugar a la deflación. "pero el mismo no debe tomarse como evidencia para concluir que China es la fuente de la deflación global", insiste. "China misma es una víctima de la deflación global".

Hu mantiene que las tres economías principales -- Europa, Estados Unidos y Japón -- que han sufrido un descenso o se mantienen en la depresión, son más responsables de la deflación global. La capacidad global de excedente ha resultado principalmente de las excesivas capacidades de los países desarrollados, mientras que la demanda escasa mundial obedece principalmente a la carencia de demanda en países de bajos ingresos. Aunque estos países constituyen el 40% de  la población global, su volumen de importación apenas llega al 3% del total del mundo. Por lo tanto, la brecha cada vez más amplia entre el Norte y el Sur es una razón profundamente arraigada de la deflación global.

China no es responsable de la deflación en EE.UU. y Japón

Hu atribuye la deflación estadounidense y japonesa a los factores siguientes:

-- Descenso agudo en la bolsa en EE.UU. Desde julio de 2002, las acciones han caído en $2,8 billones. A la par, hubo bajas en las tres bolsas principales de Europa occidental; lo mismo en la bolsa japonesa.

-- Disminución en la IED. Se estima que el deterioro del ambiente de inversión en EE.UU. ha producido una reducción aguda en la IED, de  $124.000 millones en 2001 a $44.000 millones en 2002, así como fuga de capital por más de $100.000 millones.

-- Depreciación del dólar de EE.UU. De abril a julio de 2002, el dólar se depreció en más del 10% contra el euro y el Yens.

-- Bajas tasas de ahorros. En el tercer trimestre de 2002, el índice nacional neto de ahorros del empresariado, las familias y el gobierno no pasaban del 2% del PIB de EE.UU.

-- Enorme déficit. Los viejos déficits comerciales son un factor que acciona la deflación en EE.UU., mientras que la deflación de Japón ha sido resultado de sus factores económicos y políticos internos.

Roach revisó sus puntos de vista en su informe "Dejen de criticar a China”. En el mismo observa que los japoneses se han valido en fecha reciente de China como chivo expiatorio para explicar sus problemas deflacionarios. En un artículo titulado "Es hora de acudir a la  deflación global", el vice ministro japonés de finanzas Haruhiko Kuroda señaló de dedo a sus vecinos asiáticos en general, y a China en particular, como la causa principal de la deflación en su país.

Roach explica que al constituir las importaciones chinas menos del 2% del PIB japonés, se hace difícil culpar a China por la deflación autogenerada de Japón. La deflación de Japón proviene principalmente del exceso de oferta doméstica y de la ayuda indulgente que el Gobierno japonés ofrece a las empresas ineficaces.

En opinión de Roach es una exageración culpar a China por la creciente deflación en EE.UU. Es verdad que las exportaciones de China al mercado estadounidense crecen rápidamente, con los aumentos anuales promedio de 16% en los últimos cinco años. "Tal arribazón da la impresión de magnificar las presiones deflacionistas del productor barato del mundo", apunta Roach. "Sin embargo, las importaciones chinas son actualmente sólo cerca del 10% de adquisiciones totales de EE.UU., un poco más del 1% del PIB estadounidense. Como en el caso de Japón, esa porción de la economía de EE.UU. tiene por necesidad que conllevar un impacto mínimo sobre el nivel de precios agregados”,  concluye.

Los déficits comerciales son producto de economías en rápido crecimiento e incapaces de ahorrar, como en el caso norteamericano. "Si no hubiera una China a mano, se agenciarían otro país cualquiera para llenar el vacío", precisa Roach. En tal contexto, cree, los costos y el diferencial de precio de las importaciones chinas no tienen porqué percibirse como una amenaza, sino más bien como una ganancia inesperada.

En su opinión, el impacto de los productos baratos de China amplía el poder adquisitivo doméstico en momentos en que el consumidor norteamericano se ve cada vez más apremiado. "En lo referente a la importación, el factor China puede tener protagonismo en amortiguar las desventajas que entraña la época de baja en las transacciones comerciales de EE.UU.", analiza Roach. "Lo mismo se puede decir de las multinacionales de EE.UU. que se benefician de la utilización de la fuerza laboral y las empresas chinas, cuya utilización les permite rebajar estructuras de coste y aumentar sus ganancias, trayendo los componentes (importaciones) desde China. Ésta es una ventaja para la competitividad de EE.UU., para la Norteamérica corporativa, y para el público inversionista".